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Los hijos de Sam
Análisis

Crítica de Los hijos de Sam: un descenso a los infiernos, nuevo true crime de Netflix

Crítica de Los hijos de Sam: un descenso a los infiernos, nuevo true crime de Netflix disponible en la plataforma desde el 5 de mayo de 2021.

Netflix ha estrenado hoy Los hijos de Sam: un descenso a los infiernosuna nueva miniserie de género true crime que analiza la figura de "el hijo de Sam" también conocido como "el asesino del calibre 44" profundizando en las teorías que señalaban que David Berkowitz, el autor confeso de ocho tiroteos que acabaron con la vida de seis personas e hirieron a otras ocho, habría formado parte de un grupo satánico mucho más amplio con el que habría perpetrado los crímenes.

Os recordamos que, de hecho, Berkowitz ya fue retratado en la segunda temporada de Mindhunter con Oliver Cooper dándole vida en un episodio que se ponía en duda su falta de cordura, que fue uno de los eximentes a los que trató de agarrarse en un primer momento. Declaró que un demonio que había poseído al perro de su vecino le ordenó cometer los asesinatos... algo que quizás os traiga a la mente el argumento de la nueva película de la saga Expediente Warren: Obligado por el demonio en la que un hombre acusado de un asesinato, se justificó en los tribunales, por primera vez, como un peón de una entidad demoniaca.

Los hijos de Sam arranca mostrando el nivel de decadencia de la ciudad de Nueva York, arrasada por la droga, la prostitución y, sobre todo, por una recesión económica brutal que elevó los niveles de delincuencia a cotas insostenibles. Una serie de asesinatos, aparentemente aleatorios, empezó a poner en guardia a la población. Al parecer, un hombre disparaba a mujeres y jóvenes parejas en el interior de sus vehículos.

En agosto de 1977, el arresto de David Berkowitz puso fin a la ola de terror de la gran urbe y la policía local se desentendió del caso tan rápido como pudo, al calor de la respuesta de la aliviada población. Sin embargo, el periodista Maury Terry creía que el caso no estaba cerrado. Mientras Berkowitz seguía ocupando todas las portadas y generando un gran interés mediático, Terry siguió decidido a demostrar su teoría sobre la implicación en los crímenes de ciertas personas relacionadas con Berkowitz como John Carr y fue descubriendo inquietantes conexiones con actividades esotéricas como el sacrificio de animales o el culto a .

Profundizando en sus indagaciones, siguió el intrincado rastro de una red de sectas mientras el “pánico satánico” se adueñaba del país. Fruto de una década de investigaciones, Maury Terry publicó su libro “The Ultimate Evil: The Search for the Sons of Sam” en 1988 aunque, para su desgracia, terminó por convertirse en una obra de referencia de lo que podía llegar a suponer una investigación especulativa y, por tanto, poco convincente.

En 1993, en un punto de inflexión de lo más relevante, el periodista consiguió entrevistar a Berkowitz, que corroboraría solo en parte sus teorías y dejaría otras en el aire. Sin embargo, su obsesión con el caso terminaría por pasarle factura tanto a nivel de credibilidad periodística como a nivel físico y mental.

La miniserie está muy bien documentada y cuenta con muchos testimonios y entrevistas a los implicados tanto en la cobertura informativa del caso como en la investigación posterior además de contar con declaraciones de supervivientes y familiares de víctimas, aunque hay que señalar que nunca se deja llevar por la emotividad. Con un montaje muy picado, sí que consigue ir enhebrando abundante material gráfico para ilustrar las tesis de Terry.

Los hijos de Sam: un descenso a los infiernos, como otras series de este estilo, no se centra tanto en la figura del asesino en serie como en lo que desencadena en quienes que se obsesionan con llegar hasta el fondo del caso para destapar las verdades más ocultas. Tiene ecos de El asesino sin rostro, aunque no consigue trasladarnos el terror de aquella miniserie de HBO, en parte porque a día de hoy no cunde el mismo miedo hacia los cultos satánicos.

Los hijos de Sam cartel

Así, se hace un retrato de Maury Terry desde la infancia como una persona implacable, ávida de información y siempre interesada en profundizar en sus áreas de interés hasta las últimas consecuencias siendo capaz de renunciar a su vida personal en aras de alcanzar el final. Para su desgracia, no lo consiguió: el caso se reabrió en 1996 y a día de hoy sigue sin darse por cerrado. Tanto las autoridades competentes como los colaboradores de Terry, siguen discutiendo acerca de la credibilidad de Berkowitz y de la implicación de otros colaboradores en los tiroteos (hasta el título en inglés juega con la idea de que tuviera compinches), por no hablar de las conexiones más turbias de estos hechos con la grabación de material pornográfico, snuff movies e incluso redes de pederastia.

Lo único que queda claro, y hay que subrayarlo mucho, es que no hay mayor demonio ni Satán más perfecto que el ser humano, sobre todo cuando permite que su ego se diluya en un grupo que quiere sembrar el caos. Si dejas que el oscurantismo entre en tu vida, puede adueñarse de ella.

Valoración

Los hijos de Sam es una miniserie documental muy pertinente que habla sobre la obsesión y la forma en la que las teorías de la conspiración se asientan, en parte, sobre verdades a medias que terminan por convertirse en pozos sin fondo para los investigadores.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

Es una miniserie compuesta por cuatro episodios de una hora que avanza a buen ritmo y se ve del tirón.

Lo peor

Se parece demasiado a otras series parecidas y recientes más cautivadoras a la hora de envolver al espectador. Queda demasiado abierta.

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