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Crítica de Kill Boy (Boy Kills World), con un Bill Skarsgard en modo destroyer

Kill Boy
Foto del redactor Raquel Hernández LujánFoto del redactor Raquel Hernández Luján

Crítica de Kill Boy (Boy Kills World), la ultraviolenta película de acción qeue supone el debut en el largo de Moritz Mohr con Bill Skarsgard y Jessica Rothe. Estreno el 3 de julio.

Moritz Mohr es un gamer consumado, no hace falta que lo jure: ha trasladado todo lo que ama de los videojuegos de acción a Kill Boy (Boy Kills World), una trepidante película de acción de 111 minutos de duración durante los cuales hay pocos respiros.

Ha metido en la coctelera un estilo visual muy jugón pero también elementos del anime japonés, la ultraviolencia coreana y salpica la trama de fantasía y aventura muy clásica. Esto se traduce en secuencias en las que Bill Skarsgard lo da todo: tras su paso por John Wick 4 demuestra tener la madera necesaria como para sostener sobre sus hombros una trama en la que no para un segundo.

¡Pero también está muy bien acompañado! Comparte planos (y con bastantes de ellos también peleas) con Famke Janssen (Venganza), Sharlto Copley (Hardcore Henry), Michelle Dockery (Downton Abbey), Brett Gellman (Stranger Things) y Jessica Rothe (Feliz día de tu muerte). 

Sin palabras

Si John Wick o Noche de paz han destacado por contar con pocos diálogos, el protagonista de Kill Boy es sordomudo, de modo que, literalmente, no dice una sola palabra. Pero eso no significa que no se comunique a las mil maravillas pero es que además está acompañado de una voz en off omnisciente y satírica que le saca punta a todo.

Estamos en una distopía salvaje y cruenta en la que el poder es detentado por familia Van Der Koy, una dinastía de asesinos irredentos que mantiene a la población sometida y periódicamente sacrifica a ciertos miembros seleccionados entre el vulgo.

 

Tras vivir una trágica infancia y ver cómo la malvada matriarca le arrebataba la vida a su familia, conoce a un enigmático chamán que lo convertirá en una máquina de matar con un único objetivo: la venganza. El problema es que también está obsesionado con su hermana, a la que idolatraba y que se le aparece en los momentos más inesperados.

El muchacho, cuando por fin se cree listo para impartir justicia, se une a un grupo de rebeldes con mejores intenciones que talento y que se disponen a dinamitar el sistema corrupto en una misión suicida. 

Skarsgard lo da todo, pero gran parte de lo que luce el intérprete es del coreógrafo Dawid Szatarski, que ha trabajado el producciones como Wonder Woman, Viuda Negra, la loquísima Guns Akimbo o la saga Kingsman.

Y también de un ambicioso Moritz, que le echa bastante audacia a la dirección, con movimientos de cámara osados y originales y un amor irrefrenable a los videojuegos que se trasluce en cada plano. ¡Sobre todo en los remates de las peleas!

El punto débil de Kill Boy es el guión en sí mismo: la trama es bastante tramposa y el humor no siempre funciona lo suficiente como para elevar las carcajadas (y no será porque no lo intente).

A pesar de todo, se agradecen los puntos de la voz en off de Henry Job Benjamin que pude traerle a la mente a los espectadores el tono de los tráilers honestos de YouTube puesto que narra lo que pasa y se mofa de ello con una vena sarcástica muy afilada.

Es una película de venganza pura y dura que está rodada con frescura y entusiasmo: se nota que Moritz llega a la profesión con ganas de comerse el mundo y ha conseguido embarcar al mismísimo Sam Raimi como productor.

De forma adicional hay que decir que la película se molesta en construir un universo propio: podría ser la versión aún más perversa de Los Juegos del Hambre, pero con una sorna y una mala baba que alcanza a ametrallar las maniobras propagandísticas de los caciques de turno y no dejar de salpicar al espectador con cubos de sangre, Huelga decir que no es apta para estómagos delicados.

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VALORACIÓN:

Bill Skarsgard se come la película: una colección de secuencias de acción inspiradas en Street Fighter que hará que los jugones y los amantes de la acción se lo pasen de maravilla.

LO MEJOR:

Bill Skarsgard se deja la piel. Las secuencias de acción y los fatalities son brutales y la voz en off es puro cachondeo.

LO PEOR:

El humor no siempre funciona al nivel necesario y el giro final es muy tramposo.
Hobby

75

Bueno