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Oslo
Análisis

Crítica de Oslo, la pertinente y acertada película de HBO sobre el conflicto palestino-israelí

Crítica de Oslo, la película de HBO sobre el conflicto palestino-israelí protagonizada por Ruth Wilson y Andrew Scott de estreno en la plataforma el 30 de mayo de 2021.

HBO no solo se distingue por el altísimo nivel de calidad de sus series, muchas de las cuales encabezan los listados de las mejores del panorama (The Wire, Chernobyl, Hermanos de sangre, Succession...) sino también por contar con un catálogo de películas bien definido que suele profundizar en temas de rabiosa actualidad. Fue el caso de Brexit o The Tale y es el caso de la película que hoy nos ocupa: Oslo

Hay de decir que su estreno es tristemente oportuno, si tenemos en cuenta la deriva de los sucesos y la nueva escalada de violencia que ha ido agravando la situación del conflicto palestino-israelí, enquistado durante décadas. De hecho, es desoladora la sensación de que no ha pasado el tiempo o que si lo ha hecho, ha sido para empeorar las cosas.

Oslo adapta la obra de teatro del mismo título, ganadora del premio Tony que se basa a su vez en la historia real de las negociaciones que dieron lugar a los Acuerdos de Paz de Oslo de 1993.

Así, la película, rodada con una elegancia indiscutible y haciendo gala de lances dialécticos extraordinarios, intenta aproximarse a las conversaciones secretas, las amistades insólitas y el continuo reencauzamiento de las comunicaciones, tantas veces a punto de estallar por los aires, entre un pequeño grupo de palestinos, israelíes y una pareja noruega implicada hasta la médula para alcanzar cierto grado de concordia.

Enough blood and tears

Oslo va de lo íntimo a lo grandilocuente, mostrando las distintas fases de las negociaciones, iniciadas en el terreno más íntimo e inocuo posible entre personas sin cargos oficiales y alcanzado las más altas esferas en su resolución hasta llegar a un clímax final muy emocionante (máxime a la vista de lo que estamos viviendo a día de hoy, que no es ya solo un enorme retroceso sino una verdadera barbarie).

De esta forma, se toma su tiempo para presentar a los personajes y apuntalar sus posturas y reivindicaciones, intentando mantenerse en terreno neutral y demostrando que, al menos, hubo una vez en la que la paz se rozó con la punta de los dedos. De alguna forma se convierte así en un rayo de esperanza en un momento, como decíamos en el que solo se ven nubes de tormenta en el horizonte.

Solo se puede alabar la puesta en escena de Oslo: es sobria pero está milimétricamente calculada para acoger una historia en la que las palabras, los gestos y los detalles son un todo cohesionado. Las interpretaciones, asimismo, son dignas de elogio, todo un ejercicio de contención inmenso para no caer nunca en la caricatura. Los anfitriones, esa pareja noruega formada por Ruth Wilson (La materia oscura) que da vida la Ministra de Relaciones Exteriores de Noruega y su marido, un sociólogo al que da vida Andrew Scott (Sherlock), consiguen hacernos llegar el mensaje de manera diáfana.

La teatralidad sigue presente (estamos ante una película de despachos) pero desde la realización también sabe exprimirse lo que el cine puede aportarle a la historia, incluso con algunas secuencias rodadas con drones que dan cuenta de la aparente insignificancia de un único individuo en un conflicto de esta magnitud y a la vez su inmensa importancia como única forma de romper la espiral de violencia.

Es harina de otro costal la fotografía de Janusz Kaminski (El puente de los espías): por una parte, consigue crear unas brumas en los interiores que contribuye a la creación de texturas en la imagen y a dar cuenta de los "ambientes cargados", pero también tiene cierta tendencia a abusar de la temperatura del color, tiñendo los fotogramas de amarillo. Es obvio que hay un juego entre el "terreno de guerra", sofocado y ardiente y el que podríamos llamar "terreno de las negociaciones", en el que se enfría la paleta cromática y se opta por los tonos verdes y azules, pero está llevado demasiado al extremo al punto de resultar algo molesto.

Donde Oslo brilla es con la adición de la banda sonora, obra de Zoe Keating y Jeff Russo que realizan un gran trabajo a la hora de sensibilizar al espectador respecto a lo que está viendo. De hecho, sin su esfuerzo podría ser una cinta demasiado fría.

Valoración

Elegante y cargada de sentido, esta oportuna película sobre el conflicto palestino-israelí es una gran opción de cine para ver en casa que nos llega de la mano de HBO con una factura técnica impecable y una banda sonora deliciosa.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

Las comedidas interpretaciones y la puesta en escena de una película emocionante y densa sobre unas negociaciones aparentemente imposibles.

Lo peor

La cargada fotografía y la sensación de futilidad del titánico esfuerzo de alcanzar un acuerdo a la vista del punto en que nos encontramos.

Y además