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Ósmosis
Análisis

Crítica de Ósmosis, la serie de ciencia-ficción de Netflix

Por Raquel Hernández Luján

Ósmosis es una serie de producción francesa de Netflix que aborda un futuro próximo en el que las relaciones sentimentales serían virtuales. Esta propuesta de ciencia-ficción está disponible en la plataforma desde el 29 de marzo de 2019.

En un futuro cercano, las interacciones sociales y los encuentros sexuales transcurrirán, en la mayoría de los casos, en entornos virtuales asépticos que nos librarán de plagas y gérmenes, pero abrirán la puerta a nuevas enfermedades como la toxicomanía virtual o la dependencia tecnológica. Ésta es una de las premisas que lanza Ósmosis (Osmosis), la segunda serie de ciencia-ficción de Netflix de producción francesa (la primera fue Marsella), que cuenta con Audrey Fouché, que había trabajado previamente como guionista en series como Los Borgia o Les Revenants, como creadora.

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La serie, cuyo plantel interpretativo está encabezado por Hugo Becker, Agathe Bonitzer, Gaël Kamilindi y la debutante Yuming Hey, nos traslada en el tiempo para explorar un París en el que los atascos han desaparecido y las empresas punteras pugnan por acaparar la atención del público. Es el caso de Ósmosis, un programa ideado por los hermanos Vanhove que consiste en la utilización de un implante que se activa con nanobots capacitados para hurgar en las interioridades de los sujetos experimentales y llevarles a visualizar a su "alma gemela", un/a compañero/a sentimental perfecto con el que alcanzarán una felicidad plena.

Sin embargo, antes de poder lanzar su producto al mercado, necesitan testarlo con un grupo de voluntarios y deben hacer frente a los fallos que se derivan de su creación: desde los porcentajes de error hasta las brechas de seguridad de Martin, la inteligencia artificial encargada del seguimiento de los implantes.

A esto se unirán otros muchos problemas como el grupo de los "humanistas", que pretenden torpedear el lanzamiento alertados por sus posibles efectos secundarios, la encarnizada oposición de sus competidores de la aplicación de citas virtuales Perfect Match o incluso el grupo económico de los Mohicans, que pretende hacerse con el control de la empresa para su explotación comercial aplicando métodos como la extorsión y el secuestro.

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Pero, ¿qué es Ósmosis? El término se utiliza para hacer alusión a la influencia recíproca entre dos individuos que están en contacto. Alcanzar este estado es lo más próximo a una unión ideal, un clímax íntimo y perfecto: una comunión que va más allá de lo físico, la sintonía en la que todo concuerda y encaja.

First Dates 2.0

Lo más interesante que se puede extractar de esta serie de Netflix es esa idea de que, en efecto, no estamos tan lejos de dejar en manos de inteligencias artificiales buscar nuestra compatibilidad con otros sujetos e interaccionar con ellos en espacios virtuales ideales. Es probable que la base os recuerde mucho al episodio 4x04 de Black Mirror titulado "Hang the DJ" pero llevado a un extremo mayor, dado que los Vanhove da por hecho que existe un alma gemela... de modo que no se basan en un porcentaje de compatibilidad sino en la búsqueda de un sujeto al 100% perfecto para cada cual. 

Y esto hace que la serie deje de ser tan "modernita" como augura su maravillosa puesta en escena... Si de algo ha servido First Dates, un reality emitido en horario de máxima audiencia, es para descubrirnos un poco cómo somos nosotros mismos y cómo la sociedad poco a poco va a avanzando hacia nuevos modelos de sexualidad no basados únicamente en un código binario. Es más, ¿quién dice que para alcanzar la felicidad es preciso "completarse" y alcanzar un cénit con otra persona? ¿Está fuera de nuestro alcance la plenitud en soledad?

Las licencias narrativas del guión de Ósmosis dan cuenta de la simplificación de una cuestión muy compleja y, de paso, desaprovechan algunas otras implicaciones que serían realmente interesantes y se van quedando por el camino: el tratamiento de la adicción al sexo y las pulsiones violentas, la utilización de nanotecnología para recuperar redes neuronales apagadas o incluso la implicación en la trama de un personaje de género fluido al que no se le saca ningún partido.

Bonita carcasa para un contenido pobre

A nivel visual, estamos ante una serie de ciencia ficción muy cuidada, elegante y bien fotografiada que sabe jugar con los primerísimos primeros planos, con el foco y con la textura de la imagen para componer una elegante y sobria puesta en escena. También tiene un toque futurista jugando con las luces de neón, las gafas de RV y los entornos de perversión virtual. Pero, para nuestra desgracia como espectadores, esa calidad no se traduce en un guión tan interesante como para alargarse hasta los ocho episodios que concluyen con un anticlimático final en el que algunas escenas rozan lo ridículo. 

Que una empresa tecnológica a punto de revolucionar el mercado no tenga en sus instalaciones medidas de seguridad acordes a la magnitud de sus proyectos, que se rastree un dispositivo de última generación mediante GPS desde en interior de un edificio o que una inteligencia artificial avanzadísima se pueda hackear utilizando un virus contenido en un USB clama al cielo. ¿Ha faltado asesoramiento informático para la elaboración del guión, ha habido algo de desidia para documentar la serie o una preocupante falta de imaginación? 

Las relaciones de los personajes tampoco son nunca del todo creíbles: las desavenencias y reencuentros se suceden a la velocidad de la luz y hay serios problemas de montaje (no solo fallos de raccord, que también, sino una mala planificación).

Al final, queda la sensación de que se estira demasiado el chicle, quedan muchos flecos sueltos, se profundiza poco en lo realmente importante y el final es casi de compromiso: una bajada de telón que no le hace justicia a la despampanante carcasa de la temporada 1 de Ósmosis. Esperemos que, si hay una segunda temporada, se apunte mejor al corazón de la historia.

Valoración

Partiendo de una idea de lo más interesante y contando con una realización notable, la serie no consigue llevar a buen puerto su propuesta futurista. Una verdadera oportunidad perdida de indagar en temas trascendentes que conformarán nuestro futuro inmediato.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

La fotografía, la ambientación, la elegancia y estilización de las relaciones sexuales y el punto de partida de la serie.

Lo peor

Sería un magnífico episodio de Más allá del límite o Black Mirror restándole paja y desarrollando con más acierto su premisa. El final es absurdo.

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