Crítica de Sin oxígeno, un thriller basado en hechos reales que te deja el corazón encogido

Crítica de Sin oxígeno (Last Breath), un intenso thriller de supervivencia extrema que narra la historia real del rescate del buzo de profundidad Chris Lemons. Estreno el 29 de agosto.
Doble gol para Sin oxígeno (Last Breathe): recrea con todo lujo de detalles un accidente que puso en jaque a un equipo de buceo especializado en trabajar en las profundidades, dando cuenta de una historia real, aunque parezca increíble, y, de paso, reinvindica los trabajos de alto riesgo que asumen profesionales gracias a los cuales vivimos cómodamente.
La cinta arranca de hecho mostrando los kilómetros de tuberías que hay desplegados en el lecho marino que necesitan periódicamente someterse a labores de mantenimiento por parte de buzos que llegan a alcanzar los 300 metros de profundidad.
Trabajar en esas condiciones no solo requiere una larga preparación y un entrenamiento específico sino también someterse a un acondicionamiento de varios días en cámaras de presurización y despresurización (sí, como la de Dpto. Q) en las que se acostumbran a la presión, el nivel de oxigeno y la temperatura a la que tendrán que desarrollar las labores dentro del agua.
Obra a favor de Sin oxígeno el hecho de que su director Alex Parkinson fuera el artífice del documental del mismo título de 2019 en el que se detallaba lo sucedido en 2012 en el Mar del Norte, de modo tal que conoce a la perfección la forma en la que se desarrollaron los acontecimientos, a las personas implicadas y cada uno de los mecanismos que se puso en marcha en aquel entonces.
Y se toma el tiempo de desplegar todos los elementos para mantener enganchado al espectador: la primera media hora de metraje, sirve para reconocer a los personajes y la relación que hay entre ellos, las cadenas de mando, los detalles de la operación, las dificultades sobrevenidas y tener una idea bastante precisa de la gesta que supone regresar para tratar de recuperar el cuerpo de Chris.
Oscuridad, frío y una soledad absoluta
El veterano Duncan, muy a su pesar a punto de retirarse, lidera el equipo 1 de inmersión compuesto por Dave y Chris. Este último se despide de su prometida antes de embarcar con algo de angustia puesto que es muy consciente de lo que sufre en su ausencia, a sabiendas de los riesgos que entraña su profesión.
Tienen por delante un viaje de varios días en un enorme buque que les llevará de la costa escocesa hasta el Mar del Norte, a una plataforma petrolífera a la que deberán anclarse para poder realizar unas tareas de mantenimiento a unos 90 metros de profundidad.
Las condiciones son adversas por una inclemente tormenta que arrecia sobre el barco cuando llegan a destino, pero obtienen luz verde por parte de Craig, el supervisor de los buzos, para realizar la inmersión.
De forma repentina, el buque se desacopla y a pesar de los esfuerzos de Duncan por liberar todo el cable posible para los buzos desde la campana, se queda sin recursos. Lo peor es que Chris se queda enganchado y su cable se rompe. Dispone apenas de 10 minutos de oxigeno de emergencia mientras que sus compañeros tratan desesperadamente de coordinarse para volver a él.
Sin oxígeno es una película muy angustiante, no apta para quienes padezcan claustrofobia, pero desde luego muy recomendable para quienes quieran ver una versión muy ajustada a la realidad de un hecho que marcó un antes y un después para las inmersiones de alto riesgo.
A partir de este accidente los tanques de emergencia tienen 45 minutos de oxígeno y los cables están dotados de luces que permiten la visibilidad en la oscuridad de las aguas profundas.
De hecho una de las mayores fortalezas de la película es que te hace sentir como todos y cada uno de los personajes: la angustia y responsabilidad de quienes toman las decisiones en el puente de mando, la impotencia del jefe de equipo desde la campana, la decisión y destreza del compañero que tiene que trabajar al límite para efectuar el rescate y el propio Chris, inconsciente en la oscuridad.

Hay varios elementos fundamentales para que esto funcione de manera bien engrasada: el guión, medido al milímetro; las interpretaciones en las que ves sudar a los personajes; el montaje, que nos desplaza de un lugar a otro en un ejercicio de tensión constante y una banda sonora que te mete el nervio en el cuerpo.
A estas alturas hemos visto muchas películas de superviviencia extrema, pero no siempre de una manera tan pegada a la realidad, con una recreación exhaustiva de la línea temporal y el reconocimiento de los esfuerzos individuales que unidos forman un gran mérito colectivo.
Hay mucho que aprender de colaboración, de respeto y humanidad en esta película. Pero es que además es uno de esos raros casos que la ciencia no ha llegado a explicar del todo. Pone también de manifiesto los límites de nuestro conocimiento. Es increíble que el ser humano sea capaz de realizar oras de ingeniería a gran escala y desconozca los límites de su propio cuerpo.
Valoración
Nota 80
Trepidante y espectacular de principio a fin: una vez que arranca, la película te mantiene imantado a una historia increíbe orquestada con verdadero mimo por los destalles.
Lo mejor
El ritmo que Parkinson le imprime a la cinta, la cuidadísima puesta en escena, con todo lujo de detalles y la creación de tensión constante.
Lo peor
Funciona peor en tierra que en alta mar: la relación de pareja del protagonista con su novia es demasiado tópica y aporta poco a la aventura.

