Próxima
Análisis

Crítica de Próxima, protagonizada por Eva Green

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Próxima, un drama escrito y dirigido por Alice Winocour centrado en la relación entre una mujer y su hija antes de partir en un viaje espacial. En cines a partir del 13 de diciembre de 2019.

El amor materno-filial se pone al microscopio en Próxima, un drama que explora las complicaciones derivadas de la conciliación laboral cuando los retos profesionales implican largos periodos de ausencia insalvables.

Sin estridencias ni trazos gruesos, Alice Winocour, en su tercer largometraje tras Augustine (2012) y El protector (2015), consigue poner el dedo en la llaga, señalando las dificultades a las que se enfrenta una mujer para poder hacer realidad sus sueños y abordar los retos que su preparación exige sin ser prejuzgada por su entorno inmediato y minusvalorada en según qué ambientes hasta demostrar su valía por triplicado.

La protagonista de Próxima, Sarah, es una astronauta francesa que se entrena en la Agencia Espacial Europea en Colonia explotando todo su potencial. Es reclutada para una ambiciosa misión espacial llamada Próxima y es la única mujer dentro del exigente programa que incluye exhaustivos entrenamientos, pruebas médicas y tests antes de partir hacia Marte.

Separada de su expareja, vive sola con Stella, su hija de siete años, así que cuando recibe la noticia, lo primero que hace es ponerse en contacto con él para organizar el tramo final de su preparación, que consta de un entrenamiento intensivo y un periodo de cuarentena previos al despegue común a toda la tripulación.

Así, la pequeña tendrá que mudarse con su padre y comenzar desde cero en un nuevo colegio en el que pronto aflorarán las dificultades que tiene la niña para hacer nuevos amigos o enfrentarse a las matemáticas y la comprensión lectora. A fin de cuentas, los clásicos problemas de cualquier niño o niña de su edad. En cualquier caso, esto hace que Sarah se sienta culpable por no poder pasar más tiempo con su hija y pronto el estrés de la separación empieza a pasarle factura en su desempeño y en su forma física haciendo peligrar su participación en el proyecto.

Próxima no es una película en la que haya buenos y malos, aunque haya momentos en los que la protagonista realmente parezca estar moviéndose en terreno minado o, en el mejor de los casos, bastante hostil. En entornos de altísima exigencia física, da la sensación de que una mujer siempre tiene que demostrar mucho más que cualquier hombre y cuando, además, se es la excepción, hay dificultades añadidas que parten del desconocimiento y la desconfianza.

La película, no obstante, es compleja, emocionante y tremendamente inteligente a la hora de mostrar las relaciones entre los personajes y los estados de ánimo de una persona que debe rendir al máximo pero que termina somatizando de alguna manera toda la carga que supone esa separación y la pérdida del control de algunos de los aspectos que antes dominaba.

El guión no está basado en hechos reales, pero sí que bebe de las historias de muchas mujeres que han pasado por procesos similares, como atestigua el homenaje final a las mujeres astronautas que han participado en misiones espaciales y de las que apenas conocemos sus nombres: Valentina Tereshkova es la que acapara el mayor momento de protagonismo pero también podemos ver instantáneas de otras astronautas con sus hijos. Es especialmente emocionante recordarlas este año, en el que películas como Apollo 11 nos han hecho recordar la gran gesta de la Humanidad de alcanzar la Luna en su 50 aniversario, aunque no haya sido hasta ahora que hayamos visto una caminata espacial realizada por mujeres con la reactivación de la carrera espacial

Próxima

Próxima apuesta en gran medida por reivindicar a la mujer de la manera más pura y sencilla: la protagonista se niega a dejar de experimentar sus ciclos hormonales manteniendo el periodo, no se corta el pelo y no se maquilla. Si hubiera decidido todo lo contrario, cortar químicamente su menstruación, hacerse un corte garçón y pintarse los labios, habría dado exactamente lo mismo. Lo que muestra la película es que se le da a ella la oportunidad de decidir y de hacer aquello con lo que se sienta más cómoda y ese es el verdadero empoderamiento femenino: tener libertad para poder elegir porque la feminidad no está en la forma de mostrarse, ni en el aspecto físico o en la forma de moverse, sino que no es más que una identidad de género que no te cohibe de poder hacer lo que desees.

Y aquí entran aspectos tan prácticos como la preparación del molde del cuerpo de la astronauta, la creación de trajes y cascos a su medida o el hecho de tener en cuenta las diferencias físicas diferentes respecto a sus colegas masculinos. En fin, una perspectiva de género que es siempre necesaria para acercarse a la igualdad de oportunidades.

La maternidad, por fin, deja de verse como una debilidad en esta película y se convierte en todo lo contrario: en una inmensa fortaleza porque Sarah sabe que se convertirá en el espejo en el que se mirará su hija y muchas otras niñas y porque es su amor incondicional por Stella lo que le da alas.

La película participó en el Festival de Toronto (TIFF), donde recibió la Mención Platform Prize para Alice Winocour y se alzó con el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián (SSIFF) de 2019 muy merecidamente. Por su capacidad de atrapar nuestra atención y de hacernos comprender realidades complejas, desde luego se colará en nuestro top 10 del año como una de las películas imprescindibles que ver. Como curiosidad, Matt Dillon se cuela en otro peliculón tras protagonizar La casa de Jack y qué decir de la interpretación de Eva Green (Dumbo)... Magnifique!

Valoración

Alice Winocour escribe y dirige una preciosa película intimista contando con una magnética Eva Green en el rol protagonista. Una mirada distinta y sagaz hacia una realidad que nunca nos habían contado desde esta perspectiva y un exquisito homenaje a las mujeres astronautas.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

La historia, las interpretaciones y la forma en la que el guión coge el corazón del espectador entre sus manos y lo estruja.

Lo peor

Hay un determinado momento en el que da la sensación de que la historia va a descarrilar, cerca del final. Es el punto agridulce.

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