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Reyes de la noche
Análisis

Crítica de Reyes de la noche, la serie de Movistar que narra el Juego de tronos de la radio deportiva

Crítica de Reyes de la noche, la nueva serie original de Movistar+ que la plataforma estrena el 14 de mayo con Javier Gutiérrez y Miki Esparbé como protagonistas.

Veamos si la estampa os resulta reconocible: la familia reunida ante el televisor con el sonido al mínimo y la radio a tope para escuchar la retransmisión de un partido de fútbol. Si habéis crecido en los años ochenta, tendréis grabado a fuego esto en vuestro recuerdo. Era algo mágico, épico y, aunque no se estaba produciendo el apocalipsis, desde luego bien lo parecía pues cada resbalón, pase, falta o golgolgolgolgol se cantaba de forma que temblaban los cimientos de las casas. La radio erigía un mundo en el que todo era apasionante y casi una cuestión de honor.

Sin embargo, seríamos muy necios si pensáramos que Reyes de la noche es una serie (solo) sobre el fútbol o sobre periodismo deportivo. Por así decirlo, esa es la cáscara con la que se recubre el corazón de la historia que cumple una doble función: rendir homenaje al mundo de la radio y su increíble capacidad de influencia en nuestro pasado inmediato y retratar una guerra de egos que fue mucho más allá de lo profesional en la que lo que se dirimía no era solo la hegemonía de las ondas radiofónicas (que ya era mucho) sino el poder que conllevaba a todos los niveles: económico, político y social. Dominar cierta franja horaria (la de la madrugada) era tener un poder de penetración en los hogares tremendo, además de asegurar una posición privilegiada en el Estudio General de Medios y disfrutar la mayor parte posible del pastel publicitario, ergo ser un semidiós con línea directa con la élite.

Cada medianoche Paco "el Cóndor" reúne a millones de oyentes de radio. Es el locutor más relevante del panorama y por tanto es tan admirado como temido, además de que su ambición nunca se ve satisfecha. Estando en la cima, no tiene rival, al menos hasta que su pupilo, Jota Montes decide crear su propio programa deportivo y estalla entre ellos un verdadero "juego de tronos" en las ondas.

Aunque Jota pretende salir de la sombra del Cóndor, innovar no es fácil. Cuenta con pocos apoyos y un exiguo presupuesto y, a pesar de sus buenas intenciones, se desata entre ambos tal guerra personal que no dudarán en atacarse en abierto de forma implacable. Entre tanto, Marga Laforet, una brillante periodista, busca una oportunidad con un programa de confesiones relegado a las dos de la mañana. En un mundillo preeminentemente masculino, las mujeres periodistas tienen difícil despuntar, máxime cuando hay tanta testosterona en una pelea entre alfas.

Reyes de la noche arranca con un mensaje que da que pensar... Dice así: "Esta serie, aunque se inspira en algunos acontecimientos recientes de la historia de la radio en España, es una obra de ficción y, como tal, sus personajes y tramas no responden a la realidad, y tampoco persiguen identificar ninguna persona ni recrear fidedignamente hechos concretos en los que se pueda inspirar. Las historias y sus protagonistas son fruto de la invención de sus creadores".

Es la forma larga de decir que el parecido con la realidad es tan grande que la audiencia puede estar tentada a pensar que es un relato biográfico cuando estamos ante una narración que ficciona en base a personajes reales. ¿Resulta ambiguo verdad? Pero resulta que ese es precisamente su gran atractivo, estar retando el límite de las marcas del campo de juego. Y puede haber quien se ofenda, así que no está de más dejar claro que "han venido a coquetear con qué entra y que no en la portería de lo verosímil pero incierto y qué puntúa en la de tan increíble que parece mentira que pasara tal cual.

Para quienes hemos pasado por redacciones periodísticas (aunque haya sido con décadas de diferencia) Reyes de la noche es bastante descarnada abordando las luchas cainitas y la, por decirlo suavemente, competitividad malsana que puede llegar a generarse cuando alguien es consciente de que concita interés y tiene capacidad de influencia. 

Decir que el elenco de la serie es sobresaliente es poco: ¡menudo dream team interpretativo! Cuenta con delanteros como Javier Gutiérrez (Bajocero), Miki Esparbé (Los espabilados) e Itsaso Arana (Dime quién soy) pero ojo también a la galería de secundarios en la que destacan Alberto San Juan (Loco por ella) y Carlos Blanco (La unidad), entre otros.

Pero es que no hay apartado técnico que rompa la alineación: maquillaje, vestuario, peluquería, dirección artística, banda sonora... todos los elementos concitados en la puesta en escena, en lo que se ve y se oye, consiguen que nos transportemos en el tiempo. Y la realización, a la cabeza, jugando con los picados y contrapicados para hundir o ensalzar a los personajes, no tanto por la posición de supremacía que ocupan sino por el nivel moral del que hacen gala.

Uno de los grandes atractivos de la serie es mostrarnos hasta qué punto hemos cambiado en determinados aspectos pero también qué poco lo hemos hecho en otros. Por ejemplo, resulta tremendamente desagradable el sexismo imperante e impensable que algo así se diera a día de hoy al igual que los usos y costumbres: fumar y beber en las redacciones no es la tónica. Sin embargo, hemos cambiado a unos ídolos por otros y se siguen comprando voluntades en un país en el que, hagamos una seria autocrítica, la corrupción campa a sus anchas tanto o más que entonces. Sirva por tanto esta serie para ponernos en nuestro lugar, señalando nuestras contradicciones como lo hace con las de los personajes principales. Así fuimos y, en parte, así somos aún. 

Valoración

Tremenda primera temporada la de Reyes de la noche: Movistar+ ha creado una serie osada que lanza una mirada crítica a nuestro pasado reciente y nos pone frente a un incómodo espejo. Tiempos apasionantes, sin duda, aunque moralmente repulsivos.

Hobby

88

Muy bueno

Lo mejor

El guión, las interpretaciones, la ambientación y la forma en la que reivindica el poder de la radio en los años 80/90.

Lo peor

Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. El mensaje inicial es casi un descargo de culpa, pero de facto tiene mucho de real.

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