El sacrificio de un ciervo sagrado
Análisis

Crítica de El sacrificio de un ciervo sagrado con Nicole Kidman

Por Raquel Hernández Luján
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Crítica de El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer) dirigida por Yorgos Lanthimos y protagonizada por Colin Farrell, Nicole Kidman y Barry Keoghan. En cines a partir del 1 de diciembre de 2017.

Cuando te enfrentas a una película con un título tan largo como éste, lo primero que te pasa es que te pica una curiosidad inmensa por saber cuál es el motivo de su elección. El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer) hace alusión a la tragedia de Eurípides protagonizada por Ifigenia, que fue sacrificada por su padre Agamenón y posteriormente salvada por Artemisa, que la sustituyó por un ciervo. Es evidente que el espectador medio que acude a la sala no tiene por qué saber nada de esto, pero a Lanthimos le gusta provocar e incomodar al espectador, y comienza haciéndolo desde el primer momento entregándole un acertijo.

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Pero vayamos por partes para comprender el paralelismo de la tragedia griega con esta película que embelesa por su materialización aunque resulta también tremendamente ambiciosa, quizás en exceso teniendo en cuenta el conjunto. Steven (Colin Farrell) es un eminente cirujano casado con Anna (Nicole Kidman), una respetada oftalmóloga. Viven en apariencia felices junto a sus dos hijos, Kim (Raffey Cassidy) y Bob (Sunny Suljic).

Steven entabla amistad con Martin (Barry Keoghan), un niño de dieciséis años sin padre a quien decide proteger hasta que los acontecimientos dan un giro siniestro: el neurólogo observa desesperado cómo sus hijos contraen una enfermedad que es incapaz de explicar. Steven tendrá que escoger entonces entre cometer un impactante sacrificio o arriesgarse a perderlo todo.

Lanthimos coescribe el guión de El sacrificio de un ciervo sagrado junto a Efthymis Filippou, su guionista desde Canino. En Cannes, donde la cinta ganó el premio al Mejor Guión, explicó por qué le interesaba explorar la noción de sacrificio: "Mucha gente se enfrenta a enormes dilemas, y estos siempre implican un sacrificio". ¿Hay una visión cosmogónica en la cinta? Bueno, el espectador tiene que poner mucho de su parte para interpretarla así, pero parece que es su fin último.

Pero no esperéis una historia cerrada y con respuestas porque más bien os enfrentaréis a una cinta en la que la forma lo es prácticamente todo y, por decirlo de algún modo, lo que importa es el viaje a los infiernos de una familia, más que la llegada a puerto: "No soy muy analítico, yo también descubro la historia a medida que voy escribiendo, y acepto que al final queden muchas preguntas sin respuesta".

El sacrificio de un ciervo sagrado

La estructura de la película es muy clásica: el héroe rompe las reglas y recibe un castigo ejemplar que parece cuasi-divino. No hay explicación a lo que le sucede y ni siquiera llegamos a conocer su "pecado" y la redención pasa por una solución es salomónica. O la tomas o la dejas. Esa acechante entidad sobrenatural que le atosiga y que se diría consigue incluso seguir sus pasos se muestra a nivel cinematográfico en planos cenitales y en una cámara que persigue a los personajes creando una sensación de desasosiego y peligro constante. Y tiene una materialización muy concreta en el personaje de Barry Keoghan, que ejerce de semi-dios trasladando la amenaza de forma verbal a nuestro protagonista. Tan irracional como poderoso, su simple presencia inspira repugnancia y temor.

El sacrificio de un ciervo sagrado roza el surrealismo con secuencias tan perturbadoras como la de la entrega sexual de la protagonista o aquella en la que se muestra la forma escogida para realizar el sacrificio final, amén de los diálogos para besugos entre los personajes o la extraña conducta de la madre de Martin, interpretada por Alicia Silverstone; pero todo en ella es gélido, no se nos genera ninguna empatía hacia las víctimas del sacrificio y por tanto no hay conexión emocional que nos lleve sentir compasión.

El sacrificio de un ciervo sagrado

La conducta totalmente imprevisible y casi siempre alejada de lo ordinario de la familia hace que estés de forma permanente planteándote qué es lo que en realidad Lanthimos te quiere contar y... da la sensación de que ni él mismo lo sabe hasta el punto de que tiene que forzar las conversaciones para autoexplicarse en lugar de dejar que el espectador ate cabos.

En el elenco no hay grandes fisuras a excepción de la sobreactuación de Colin Farrell en varios momentos en los que el drama se apodera de él con tics como temblores o ataques de ira que os traerán a la cabeza la película Prisioneros (en plan... "en aquella película esto sí que lo hicieron bien"). Pero puede deberse a las indicaciones de un director que, reitero, parece no tener claro qué es lo que quiere contar. Respecto a Nicole Kidman está tan correcta como siempre y reconozco haberme sentido reconfortada al verla asumir retos interpretativos complicados y en producciones de este tipo, más minoritarias.

Si buscáis una historia inquietante, sabed que la fotografía, los movimientos de cámara, los tiros (abundan los contrapicados) y la música de El sacrificio de un ciervo sagrado están orquestadas para guiaros por un paisaje bien extraño. Puede que al salir del cine os deis cuenta de la vacuidad de la propuesta, pero el mal rato, lo tenéis asegurado.

Valoración

Yorgos Lanthimos firma una película fría, incómoda y trágica en la que presta más atención al envoltorio (fascinante) que a lo que quiere contar.

Hobby

67

Aceptable

Lo mejor

Barry Keoghan realiza una interpretación memorable: da auténtico pavor, ocasiona una incertidumbre aterradora.

Lo peor

Es una propuesta muy estética y excesivamente pretenciosa como ya se deja entrever por el título: quiere emular una tragedia griega pero naufraga.

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