Crítica de El talento, la adaptación de La señorita Else con Ester Expósito como protagonista

Tripictures

Crítica de El talento, la adaptación de La señorita Else por parte de Fernando León de Aranoa y Polo Menárguez con Ester Expósito y Pedro Casablanc como protagonistas. Estreno el 5 de septiembre.

Adaptar la novela de Arthur Schnitzler La señorita Else, publicada por primera vez en 1924, era todo un reto por el simple hecho de necesitar una gran actualización para ser narrada en nuestros días.

No es que su mensaje no siga vigente, con el retrato de la doble cara de la clase alta y una visión controvertida de la decencia moral, sino que traerla a nuestros días y nuestras coordenadas implicaba muchos cambios.

Se han encargado de trasladarla ni más ni menos que Fernando León de Aranoa (El buen patrón) y Polo Menárguez, que ha venido cosechando una carrera especialmente reseñable en televisión con series como Los Farad o Las abogadas.

El talento cuenta con dos pilares fundamentales para funcionar por contraste: Ester Expósito (El llanto) y Pedro Casablanc (Furia). Son dos bestias interpretativas que basan su trabajo en una enorme contención, consiguiendo que entre ellos se establezca una tensión casi eléctrica que sirve para vehicular el mensaje de la cinta.

Muchos aciertos en lo que atañe a la puesta en escena: desde la definición de los espacios (magistral la secuencia de la piscina) hasta el diseño de vestuario. La planificación misma de las secuencias climáticas, de manera casi matemática, demuestra la forma en la que Menárguez quiere ir dosificando la decadente situación en la que la protagonista poco a poco se va disociando de la realidad.

Punto de partida: un mensaje envenenado

El talento nos presenta a Elsa, una entregada estudiante de violonchelo que aspira a una plaza en el mejor conservatorio de Europa. Pero antes de su prueba, va a poder relajarse en la lujosa fiesta de cumpleaños de su mejor amiga Idoia donde se codeará con el selecto grupo de personalidades de la alta sociedad con el que se lleva codeando toda su vida.

Rodeada de glamour y de jóvenes como ella que aspiran a triunfar en la vida gracias a su posición de privilegio, la celebración tendrá un giro amargo cuando reciba una llamada de su madre, que la conmina a entregarle una carta al padre de Idoia. 

Lo que empieza como una petición de ayuda desesperada termina convirtiéndose en una encrucijada para Elsa. Solo ella puede sacrificarse para salvar su futuro y el de su familia, pero a costa de su dignidad. Tendrá que pararse a pensar qué precio está dispuesta a pagar para asegurar su futuro y librar a sus padres de la ruina.

Uno de los aspectos que más llama la atención es que, un siglo después, nos sigan interesando los mismos temas y no solo eso, sino que los dilemas morales que se la plantean a la protagonista mediante un conflicto de intereses, también sigan funcionando.

El talento tiene solo dos problemas: un desenlace algo histriónico que contrasta con la pulcritud y la moderación del arranque y una manera de mostrar la juventud que resulta demasiado frívola y hueca, lindando con el discurso algo infantil de Élite (y con sus formas: sexo, drogas, neones y musicote). Nos lleva a un desenlace impactante y arriesgado, pero que también resulta menos elegante.

Hay una voluntad de denunciar las falsas apariencias, la hipocresía y las relaciones concebidas como moneda de cambio, de tal manera que todo está sujeto a la ley de la oferta y la demanda como si de un mercado de compraventa se tratara. Pero la forma de hacerlo cae en el terreno de los tópicos a menudo y tiende a espectacularizar ese hedonismo carente de de valores, restándole impacto.

Donde El talento es infalible es a la hora de crear escenas de alta tensión. Cierto es que en el último tercio los vaivenes de la protagonista pueden resultar demasiados, pero están puestos al servicio de  reflexiones que merecen mucho la pena: ¿Qué haríamos en el lugar de la protagonista? ¿El fin justifica los medios? ¿Todo se puede comprar? ¿Qué consecuencias tiene venderle el alma al diablo?

Un Pedro Casablanc mefistofélico se va a encargar de mantener contra las cuerdas durante todo el metraje a una mujer que no es una criatura inocente y pura, pero sí con algo de amor propio. Le tocará lidiar con su fingida ambigüedad moral, la posición que ostenta de figura paternal de referencia y la tabla de salvación sucia que supone para sus problemas inmediatos.

Valoración

Nota 70

Ester Expósito y Pedro Casablanc brillan en una película con discurso que empieza mejor de lo que termina pero mantiene altas dosis de tensión a lo largo de todo el metraje.

Lo mejor

La cuidada puesta en escena y cómo el diseño de vestuario ayuda a crear el descenso a los infiernos de la protagonista en un declive paulatino.

Lo peor

Algunos intentos de actualizar el relato que vuelven los ojos a Élite y no aportan nada.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.