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Temblores
Análisis

Crítica de Temblores, el drama escrito y dirigido por Jayro Bustamante

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Temblores, una película escrita y dirigida por Jayro Bustamante y protagonizada por Juan Pablo Olyslager, Mauricio Armas, Diane Bathen y María Telón. En cines desde el 4 de septiembre de 2020.

Da igual hasta qué punto te toque en el plano personal la trama de Temblores: es muy probable que cualquier espectador haya conocido a personas presas de sus creencias religiosas al punto de negarse a sí mismas quiénes son y lo que sienten... Incluso de buscar soluciones a problemas que en verdad no existen.

Hemos visto películas de temática similar en un pasado reciente como es el caso de Identidad borrada, en 2018, pero Temblores cuenta con un aliciente adiconal al circunscribirse a una realidad muy concreta: la de la sociedad guatemalteca profundamente imbuida en los valores de la iglesia evangélica.

Jayro Bustamante firma con Temblores su segundo largometraje tras Ixcanul (con la cual ganó el Oso de plata en la Berlinale, entre más de 60 premios internacionales) y al que seguirá La llorona que la distribuidora Atera Films también estrenará en España este año. Se trata de una trilogía de temática común centrada en el desprecio que hace alusión a los tres insultos más utilizados en Guatemala: "indio", "hueco" y "comunista", de modo tal que su productora, La Casa de Producción, se ha convertido en una suerte de ventana hacia la realidad menos amable de un país de fuertes contradicciones gracias a sus películas, que se pueden ver como estudios antropológicos de realidades complejas.

Ser hombre es asumirse

Pablo es un cristiano evangélico de mediana edad, casado y con dos hijos que, contra todo pronóstico, decide apostar por su relación con un hombre e irse a vivir con él. Esto precipita una sobrerreacción por parte de su entorno: es acusado de pedofilia, se le prohíbe ver a sus hijos y encuentra toda clase de barreras para seguir teniendo una vida normal.

En su entorno familiar las cosas no andan mucho mejor: su esposa es acusada de no satisfacer sus necesidades sexuales y de incitarle a satisfacerlas fuera del hogar mientras que sus padres también están en el ojo del huracán por la supuesta educación defectuosa que le han dado a su hijo.

Todo esto le llevará a tomar una decisión taxativa: someterse a un programa de reeducación sexual para tratar de sobreponerse a sus pulsiones. A fin de cuentas la Iglesia es la única que le abre sus puertas a los pecadores y él quiere luchar por recuperar a su familia.

El propio Jayro Bustamante expresa sus intenciones: “En Temblores, mi necesidad es entender como un 'buen hombre' con una buena educación y acceso al mundo exterior puede acabar prisionero de una moralidad dictada por una institución religiosa, que, no por casualidad, representa uno de los poderes políticos más importantes de Guatemala”.

Por lo demás, uno de los ejes centrales de Temblores son las interpretaciones y el tacto con el que se han filmado tanto las escenas de intimidad como los diálogos entre los personajes. Hay cierta cualidad plástica en las imágenes que hace que la oscura fotografía sea envolvente y mucha fuerza en la elección de los encuadres, sobre todo en los encuentros entre Pablo y su amante Francisco y de las liturgias.

Pablo es un individuo avergonzado frente a un sistema demoledor que lo engulle y lo escupe sin piedad modelado a su gusto, ajeno a su naturaleza y a aquello que desea (brutal lo que se puede extraer de la técnica de asociación de ideas después de pasar por la perversa pseudoterapia de conversión).

Bustamante no se queda en la superficie y hunde mucho más el cuchillo mostrando también el cruel sistema de clases imperante: él pertenece a un grupo social muy exclusivo que le permite no solo tener criados sino asumir las consecuencia de su caída en desgracia y parchearla con la solución dada por su propio grupo endogámico.

Pero de nuevo, como hemos señalado en otras ocasiones con películas similares, lo más escalofriante (y que nos lleva a rozar las arcadas) es la forma en la que este tipo de terapias se centra en la autorepulsión, en la culpabilidad y en los actos catárticos multitudinarios. Donde rige la fe, no hay lugar para la razón... y eso da mucho miedo.

Valoración

Temblores se suma a las películas que han venido denunciando la reeducación sexual por parte de grupos religiosos: es elegante, precisa y contundente aunque también profundamente desagradable por el via crucis del protagonista.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Las buenas interpretaciones y la aterradora muestra de hasta dónde puede llegar la incomprensión derivada del fanatismo religioso.

Lo peor

El ritmo a veces es muy lento y el visionado tortuoso por el calvario por el que tiene que pasar el protagonistas y tantos otros.

Y además