Crítica de Tierra de Mafiosos (Mobland): Hardy, Brosnan y Mirren hacen funcionar la serie sólo con cruzar miradas

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Hardy, Brosnan y Mirren podrían sostener la serie sin decir una palabra; ahora súmales a Guy Ritchie y tienes Tierra de Mafiosos, uno de los thrillers más interesantes de lo que llevamos de año.
Guy Ritchie siempre ha sido una mente privilegiada explotando la exageración en los arquetipos de la mafia urbana. Y lleva haciéndolo toda su carrera: desde Lock & Stock, la prodigiosa Snatch, Cerdos y diamantes o su orgullosa heredera Rock'n'Rolla. Pero el esquema no siempre funciona; que se lo digan a su olvidable adaptación del Rey Arturo.
Todos los caminos llevan hasta Tierra de Mafiosos (Mobland), la nueva serie de 10 episodios que acaba de estrenar en España con SkyShowtime y con la que vuelve a demostrar que su sello y sus resortes, aunque puedan pecar de repetitivos para el menos fanático —y ese no soy yo—, siguen siendo una delicia.
Ritchie dirige los dos primeros episodios de la serie escrita y creada por Ronan Bennett (Chacal y Gunpowder) y lo acompañan Anthony Byrne, Lawrence Gough y Daniel Syrkin para el resto de la temporada.
La pólvora la pone el reparto: Helen Mirren, Pierce Brosnan y Tom Hardy encabezan el cartel de una serie de mafias familiares enfrentadas en una Londres eternamente nublada por la violencia, el sarcasmo y el elitismo más chabacano. El cóctel favorito de Ritchie, pero con menos aderezo del que gusta.
Todos necesitan a Tom Hardy
Tom Hardy es Harry De Souza, un solucionador. Ya sabéis, el típico tío-para-todo de la vieja escuela tan aburrido de la violencia cotidiana que vive con las manos en los bolsillos, los párpados caídos y una superioridad física que sólo irradia su actitud.
A Harry no le tiembla el pulso. Es el protector de los Harrigan, alejado de manerismos cómicos y más cerca del pulso contenido que tanto explotan en Hardy. La historia está hecha para verle caminar, mirar con agotamiento y que tú y yo esperemos a que alguien pinche en sus venas para ver que sigue teniendo sangre.
Su trabajo será evitar la guerra con el clan rival, los Stevenson. El hijo del capo ha desaparecido y el último en verlo ha sido el primogénito de los Harrigan; no había mejor excusa para que las dos mafias familiares se lancen a una espiral de violencia que en sus primeros episodios será más verbal que física.
Un ejercicio similar, en fondo, al que Ronan Bennett firmó con Top Boy para Netflix: crimen británico con subtexto social y conflictos intergeneracionales, donde los diálogos potencian el carisma de esa cara de póker permanente con la que Hardy juega a ser impredecible.

Tierra de Mafiosos mantiene ese gusto exquisito por la vulgaridad tan genuina con la que ha hecho carrera Ritchie, como para no traerlo a dirigir sus primeros episodios. Su violencia es seca, directa, apuntalada en los diálogos y en la sapiencia que da la edad en la talla de Brosnan y Mirren.
El patriarca de los Harrigan, Conrad (Pierce Brosnan), ejerce un poder impredecible, casi psicótico, pero siempre dependiente de las decisiones de su mujer Maeve (Helen Mirren), la verdadera líder del clan.
Es particularmente interesante ver cómo Brosnan deja en un segundo plano su porte de caballero para dejar salir una pizca de locura agresiva, mientras Mirren la oculta con miradas y una lengua demasiado afilada. Su química era incuestionable por tablas, pero cada mirada entre ellos tiene todo el fuego que le falta al resto de la narración.
Estos tres, que por algo encabezan su cartel, podrían dedicar un episodio entero a mirarse alrededor del salón de la familia y la serie seguiría funcionando. Cuando salen de escena, sin embargo, el idilio se desvanece.
Los secundarios se mueven entre lo funcional y lo olvidable, como si supieran que su cometido es el de peones en un tablero que sólo cobra vida con los reyes en escena. Hay intentos de drama familiar, pequeñas subtramas de traición y juego sucio, pero el guion nunca les presta el alma necesaria para importar.
Por cometer el pecado también cliché de la crítica de cine, voy a pedirle algo que no ofrece: más subtexto. Está bien ofrecer una navaja afilada envuelta en terciopelo, un entretenimiento con clase, pero el universo del crimen se vuelve mucho más atractivo cuando los disparos apuntan en vertical.
Entre la pesca y el crímen
La serie, pecado habitual en el género, confía en el poder del reparto coral y en la experiencia de su casting para elevar el tono, apoyado en una estética que no termina de brillar con la luz propia de propuestas como Gangs of London o hasta Peaky Blinders.
Tierra de Mafiosos tiene nombres, tiene actitud y tiene ideas, pero le falta hambre. Parece peligrosa, pero se mantiene latente esperando el estallido de un petardo al que ves que se le ha consumido la mecha. Pero necesitas saber qué va a pasar; siguiente episodio.
Aún así, es miel para los sentidos de esos pesados —como el que firma— que no se van a cansar nunca de repetir las frases que hicieron icónico a Mickey el gitano. Con sus masculinidades pisoteadas con sutileza, sus frases para entrecomillar en Twitter y una Londres que siempre será la cuna del «cosmopaletismo» más embriagador.
Valoración
Nota 78
Tierra de Mafiosos vive de la elegancia y el carisma de unos exquisitos Tom Hardy, Pierce Brosnan y Helen Mirren que podrían sostener la serie sin decir una palabra, pero a su historia de mafias familiares le falta el hambre, el filo y el caos tan deliciosamente sucio del universo Ritchie.
Lo mejor
Hardy, Brosnan y Mirren. Hardy, Brosnan y Mirren, y ahora súmale a Guy Ritchie.
Lo peor
Falta mordida y secundarios para elevar el tono y el alma de la serie más allá del trío protagonista.