Crítica de Viaje de fin de curso: Mallorca, un confinamiento transformado en protesta

Crítica de Viaje de fin de curso: Mallorca, la comedia dramática de Paco Caballero que la plataforma de streaming Prime Video estrena en exclusiva el 30 de mayo.
La producción local de Prime Video busca al público joven. Queda constancia de ello si tenemos en cuenta bombazos recientes como Culpa mía o el título que hoy nos ocupa, su octavo proyecto original: Viaje de fin de curso: Mallorca, escrito por Natalia Durán y Eric Navarro y dirigido por Paco Caballero (Invisible).
Las expectativas que genera el cartel y el título de la película son la de ver una comedia adolescente de desparrame general, en línea con Proyecto X o Supersalidos. Nos conocemos la fórmula de sobra, aunque es cierto que normalmente en clave estadounidense. Caballero lo sabe y se lo trae a su terreno, metiéndole un par de capas de drama que quizá los espectadores no esperen.
Porque en su discurso caben unas coordenadas temporales durillas (era postcovid y excusa real como fue un macrobrote que obligó a unos estudiantes a pasar sus vacaciones confinados como punto de arranque de la historia) y una crítica feroz a un sistema que fuerza a los jóvenes a saber cuál es su lugar en la vida de manera prematura.
Con mesura y equilibrando su evidente vocación de cinta humorística con los mensajes más generacionales podría haber sido una película brillante, pero tiende al trazo grueso y se pasa de frenada a la hora de llevar a sus personajes hasta el extremo.
Seis amigos se embarcan en su viaje de fin de curso justo antes de tener que tomar importantes decisiones vitales como seguir estudiando o buscarse la vida, ir a la universidad o abrirse paso en el mercado laboral.
Pero antes toca divertirse, vivir nuevas experiencias, probar cierto desenfreno en una etapa de sus vidas que no va a volver. Y ahí es donde entra el vértigo y las ganas de parar el reloj para disfrutar del momento.
Lo que no esperan es que el covid vaya a arruinarles la diversión: las autoridades imponen un estricto confinamiento cuando se conoce un brote que puede poner en riesgo la salud pública y las dos profesoras responsables del grupo no consiguen contener su ánimo contestatario.
Ahora sí que van a perder el control de verdad, arrasando con el hotel y montando un fiestón que obligará a intervenir a la policía. Pero estos jóvenes no se achantan y están más que dispuestos a denunciar aquello con lo que no comulgan: están hartos de un mundo que no hace más que decepcionarlos y quieren expresarlo de forma alta y clara.

Viaje de fin de curso: Mallorca vuelve a sus raíles cuando engancha con el humor cafre de una inspirada improvisadora que nunca defrauda como es Yolanda Ramos, o cuando explota el bromance entre Benja y Toto. Cuando se permite ser lo que se entiende que era en origen: una comedia desenfadada sin tantas pretensiones.
Por el contrario, cuando pone en boca de sus jóvenes actores grandes declaraciones en las que se les pide cuentas a los adultos por el mundo que están heredando, pierde su autenticidad y patina hacia un drama algo insulso que está lejos de hacer justicia a sus pretensiones.

Es un gran acierto el aspecto de la cinta y que explote los vídeos que los propios intérpretes han ido grabando con sus teléfonos móviles, pues le suma agilidad y frescura al metraje, pero tiene serios problemas de ritmo en el montaje por la cantidad de charcos en los que se mete: las relaciones tóxicas, la necesidad de agradar a los adultos y satisfacer expectativas, la búsqueda de la propia identidad...
Un popurrí que a fin de cuentas termina siendo menos divertido de lo esperado y, honestamente, bastante injusto por una perspectiva naif impuesta que no consigue profundizar en los retos reales de la sociedad, que no han cambiado tanto en estos años.
Valoración
Nota 50
Mucho más eficiente en el plano cómico que en el dramático, la película trata de conjugar la frescura de las interpretaciones y el juego de formatos de pantalla con un mensaje de descontento generacional como poco discutible.
Lo mejor
Una siempre hilarante Yolanda Ramos y en general, un plantel de jóvenes actores que defienden sus líneas de texto con solvencia.
Lo peor
El discurso social se cae bastante, funciona mejor el humor. La falta de naturalidad de los diálogos.
