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La serie de Watchmen de HBO
Análisis

Crítica de Watchmen: La serie de HBO roza la perfección

La serie de Watchmen de HBO llega a la plataforma y nosotros lo tenemos claro: si los espectadores son capaces de aceptar las reglas del juego que se nos plantean, esta especie de secuela va a ser un éxito rotundo e inmediato.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac. El reloj del juicio final ha vuelto a las andadas, si es que alguna vez se marchó. Decía Alan Moore que muy mal debían andar las cosas si tenían que estar resucitando sus obras del pasado en el presente. Y, este año, por partida doble, está teniendo que lidiar con las secuelas de Watchmen para cómic y televisión. De la primera de ellas ya hemos hablado largo y tendido en Hobby Consolas, pero, sobre la serie de HBO, hoy vamos a rendirle cuentas al reloj. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. La hora ha llegado.

Creada por Damon Lindelof como una segunda parte de Watchmen, el productor de Perdidos y The Leftovers tenía claro que una de las claves para no tener que estar viendo cómo su producto es comparado con la obra original constantemente era separarlo lo máximo de él. Y lo ha conseguido. Sin embargo, no ha renunciado en absoluto a todo aquello que hizo grande al cómic de Watchmen, escrito por Alan Moore e ilustrado por Dave Gibbons. No lo ha hecho y creemos que el gran éxito de esta serie se basa precisamente en eso: no olvidar de dónde viene para saber a dónde va. Sin embargo, para no caer en spoilers (esta crítica está libre de ellos), comentaremos muy por encima cuál es la trama de la serie de Watchmen de HBO y qué podéis esperar de ella como espectadores.

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Un breve repaso a la premisa y a la historia que podéis esperar

Angela Abar (Regina King) parece una mujer normal. Tiene una vida normal junto a un marido normal, Carl Abar (Yahya Abdul-Mateen II), y su hija normal, Topher Abar (Dylan Schombing). Sin embargo, como suele pasar en estos casos, la normalidad sólo es aparente y pronto se explota el globo de la Columbia del Padre Comstock para revelarnos que es una especie de policía paramilitar disfrazada de justiciera. Porque en el mundo de Watchmen después de Watchmen, por lo visto, la policía ya no es lo que era y son los vigilantes enmascarados quienes forman una especie de brazo armado junto al propio departamento policial. Pero, entonces, ¿quién vigila a los vigilantes?

Estamos en el mundo después de Doctor Manhattan, Ozymandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda y el propio Rorschach. La figura enmascarada de Walter Kovacs se ha convertido en un icono para la extrema derecha y los grupos racistas de todo el país, mientras que los enmascarados que no operan junto a la policía se siguen manteniendo en esa posición de "personas non gratas" como sucedía en el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons. El superhombre sigue existiendo, pero a él ya no le importamos. No somos lo suficientemente buenos para él.

Watchmen HBO

La serie de Watchmen de HBO parte con esta simple premisa, diferenciándose completamente del cómic al apartarnos la vista del conflicto superheroico, el debate del superhombre y la Guerra Fría, acercándonos con suma precisión a un conflicto racial en Tulsa (Oklahoma) que salpica prácticamente a todos nuestros protagonistas. Sin embargo, la adaptación televisiva recoge con voluntad y los brazos abiertos la esencia del cómic original, trasladando no sólo los guiños necesarios para que el fan grite de emoción en su casa, sino todos esos temas que hicieron grande la obra de DC Comics: política, justicieros, una trama enrevesada, conflictos y fracturas sociales, personajes complejos. A diferencia de la superficialidad con que Zack Snyder trató su adaptación cinematográfica, esta especie de Watchmen 2 en televisión sí ha conseguido, haciendo algo diferente, crear algo muy similar.

La primera reacción hacia esta serie es de rechazo, pero sólo es una falsa ilusión

Damon Lindelof no es alguien nuevo en la industria televisiva estadounidense, ni mucho menos. El famoso productor sabía perfectamente que estaba delante de un producto con muchos fans detrás. El riesgo que conlleva ponerse manos a la obra con algo tan delicado como es este universo (en los cómics han tardado más de 30 años en proponer una secuela) hace que todo tenga que ser muy medido y cuidado. Sin embargo, la propuesta de la serie es tan extremadamente alocada e irremediablemente perversa que la reacción más inmediata es la de rechazo. Aunque, te lo advertimos, ¡cuidado con las primeras impresiones!

Esa locura y esa perversidad de los primeros instantes, esa reacción inmediata de rechazo ante la imposibilidad de entender lo que está sucediendo y por qué no están los personajes que nos gustan y lo que nosotros entendíamos como Universo Watchmen... ¿Dónde está? ¿A dónde vamos? ¿A qué aspiramos? De todo esto, en cuanto termina el primer episodio, nos hemos olvidado. Ya sabemos dónde estamos, ya sabemos a qué aspiramos y ya sabemos a lo que está jugando HBO con esta adaptación. No tenemos absolutamente ni idea de por dónde van a ir los tiros de la trama, pero el primer episodio, con guiños incluidos a la obra original, es motivo más que suficiente para estar completamente convencidos de que este viaje va a merecer la pena.

Es fascinante cómo Damon Lindelof ha cargado todo el peso de lo emocional en lo simbólico. En absoluto se le puede juzgar de superficial o materialista, cuando los mismísimos Alan Moore y Dave Gibbons hicieron lo propio en el cómic original: la máscara de Rorschach, el reloj del juicio final (el de Jon), el smile sangriento, el puro del Comediante, el zepelín del Gunga Diner y muchos más. Toda esa simbología que sostiene el peso emocional de la historia se reproduce en la serie de Watchmen de HBO con suma precisión. No sólo a modo de homenaje, sino también con un propósito narrativo, una especie de macguffin simbólico que mueve la trama de fondo, lentamente, en las sombras, como si no sucediera nada. Pero, cuidado, porque Doctor Manhattan ya lo dijo hace muchísimo tiempo: "Todos somos marionetas, pero sólo yo puedo ver los hilos".

El ritmo es una asignatura pendiente, pero se ajusta a la propuesta

Uno de los grandes obstáculos que va a tener esta secuela de Watchmen para televisión es el ritmo de sus episodios. Frente al revolucionario primer contacto, la serie se posa en una dinámica de lentitud, abordando todas las tramas que se han ido abriendo con perspectiva médica. Esa inspección narrativa funciona a las mil maravillas por cómo se ajusta a la propuesta de la propia narración y dudamos que el ritmo no sea víctima de dicha propuesta. Damon Lindelof y el resto de la producción ha preferido dejarse para septiembre esta asignatura y no corromper la historia que se quería contar para darle más movimiento a una historia pensada más para la introspección que para la acción. Sin embargo, el episodio piloto puede llevar a engaño a muchos fans y es importante que se tenga en cuenta la ausencia de ritmo.

En cuanto a la parte técnica de la serie de Watchmen, como es habitual en HBO, el resultado es admirable. Nos hemos acostumbrado a que esta plataforma ofrezca unas series que, técnicamente, son soberbias. Tanto a nivel de diseños de producción, ambientación, dirección de fotografía, maquillaje, vestuario, localizaciones y efectos, es irreprochable. Y es algo prácticamente rutinario en HBO, que lo damos por hecho y que, en ocasiones, ni lo mencionamos. Pero la factura técnica de esta segunda parte de Watchmen en televisión es digna de elogio. El color amarillo, tan característico de la obra original y tan presente en casi todas las portadas de las ediciones que ha habido de ella, es un recurso fácil pero necesario dentro de la serie. Y es curioso que haya sido vinculado directamente a la propia policía estadounidense.

Por último, el apartado musical de la serie. Si hay algo que Zack Snyder aportó a la visión que el mundo tiene del Universo Watchmen, además de la falta de gravedad por aquello de las cámaras lentas constantes, es el uso de la música para apoyar la narración. Mientras que el cineasta, un genio a la hora de crear videoclips en las películas tras venir del mundo de la publicidad, empleó la selección musical durante prácticamente toda la película, en esta secuela de Watchmen se nos ofrece de una manera muy diferente, pero no se reniega de ella. No hay, aparentemente, ningún mensaje detrás de la música seleccionada y hay una mezcla de estilos y géneros muy interesante que la convierte en un producto ecléctico y actual. No esperéis gran cosa de ella, aunque tiene sus momentos.

¿Es esta una serie de superhéroes más?

Si la pregunta es si es una serie de superhéroes o no, la respuesta es que sí lo es. Sin embargo, si la pregunta es si esta especie de Watchmen 2 es una serie de superhéroes al uso, como la recién estrenada Batwoman también en HBO, la respuesta es que no. Ni siquiera el cómic original se ajustaba a los cánones comiqueros y superheroicos a los que estábamos acostumbrados, así que era de esperar que Damon Lindelof no transformara rotundamente el concepto primitivo. Sí, aquí hay vigilantes, hay enmascarados, hay encapuchados, hay forajidos, hay personas fuera de la ley. Pero no hay ni grandes escenas de acción, ni superhéroes volando por los aires y lanzando rayos por los ojos, ni nada por el estilo. Es una secuela de Watchmen como la esperas: pausada, reflexiva, profunda, psicológica e intensa

Watchmen serie - Jeremy Irons

En resumen, la serie de Watchmen de HBO es una apuesta muy arriesgada para la televisión y, a pesar de una primera reacción de rechazo por la incomprensión de lo que se está viendo, pronto uno se deja llevar por la propuesta narrativa y empieza a ver dónde está la historia y dónde terminan los guiños a la obra original. Una serie que, probablemente, amarás u odiarás, dependiendo de cómo te entre o lo abierto que estés a lo que te están contando. Nosotros, desde luego, lo tenemos claro: los milagros, por definición, no existen. Sólo lo que es posible llega a suceder. Y esta serie, sin lugar a dudas, ha sucedido.

Valoración

HBO arriesga muchísimo con una propuesta compleja, inusual y muy atrevida. La secuela de Watchmen es como la obra original: pausada, reflexiva, profunda, psicológica e intensa. Sin embargo, la ausencia de ritmo y algunas licencias podrían echarte atrás. Una serie que no tiene término medio: o la odias, o la amas.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

La propuesta tan arriesgada, tan compleja, tan poco frecuente en televisión. Los guiños a la obra original y la factura técnica ponen la guinda.

Lo peor

La ausencia de ritmo, víctima de la propuesta narrativa, y algunas licencias que se toma.

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