Imagen de perfil de Daniel Acal
La opinión de
Daniel Acal

Aplaudamos el talento... venga de donde venga

imagen por defecto contenido opinión

Sólo falta poco más de un mes para que llegue a nuestras consolas Castlevania: Lords of Shadow 2. La secuela del juego que consiguió devolverle todo el esplendor y el prestigio perdidos (al menos en consolas de sobremesa o con un desarrollo 3D, como queráis) a la mítica serie de Konami. Un título que no sólo va a poner el broche de oro a una brillante trilogía (contando como parte de la misma Castlevania: Mirror of Fate, claro), sino que además se postula como una de las mejores aventuras de acción de todo el catálogo de PS3/360. Con unos valores de producción equiparablea a cualquier superproducción del género como pudiera ser un God of War o un Batman Arkham. Y este juego lo firma Mercury Steam, un estudio afincado en San Sebastián de los Reyes (Madrid), que ahora mismo es el orgullo nacional en lo que a videojuegos se merece. Y no es para menos, ojo. El trabajo de Mercury Steam en esta generación es excelente, y yo aprovecho la ocasión para reivindicar también sus trabajos anteriores, desde el menos conocido Jericho (con un atrevido enfoque y grandiosas conversaciones entre sus siete personajes), el notable Scrapland y mi adorado Blade: The Edge of Darkness (recordemos que, tras el cierre de Rebel Act, Enric Álvarez y otros integrantes de ese estudio se reagruparon en Mercury Steam).

Pero a veces, hablando sobre videojuegos, detecto cierta condescendencia hablando de los estudios españoles. Insisto, los buenos trabajos hay que aplaudirlos: desde Nihilumbra (de BeautiFun Games) hasta Zack Zero (de Cocodrile Entertainment) pasando por el ejemplo más arquetípico, Pyro Studios y su legendario Commandos (aunque su creador, Gonzo Suárez, lleva demasiado tiempo dormido en los laureles; estamos deseando todos ver ese Lord of the Creatures... si es que llega a existir algún día). O la fiebre Invizimals, que pese a de que estos bichejos no sean santo de mi devoción, hay que reconocer su popularidad y su éxito. Pero en otras ocasiones, desde los medios especializados en videojuegos, hemos jaleado mediocres producciones sólo por el hecho de ser españolas. Se me ocurren unos cuantos ejemplos, pero como yo soy un caballero (ejem) y no me gusta hablar de los demás, voy a entonar el mea culpa y a recordar uno de las portadas de Playmanía de las que menos orgulloso me siento, que para más inri vino después de una de HobbyConsolas.

     

Además de repetir el chiste en el titular, cuando publicamos esa portada ya sabíamos que Torrente 3: El Protector no iba a estar a la altura. A todos, y a mí el primero, nos hacía mucha gracia la idea de un GTA a la española, con un Torrente desplegando sus casposos métodos por las calles de Madrid, pero reconozcamoslo: el juego era malo. Salió sin terminar de pulir, con múltiples fallos y todos los sandbox de la época (los GTA Vice City, True Crime...) le daban sopas con ondas. Pero le dimos mucha bola porque era un juego español, desarrollado por Virtual Toys. ¿Queréis otro ejemplo? Planet 51. El juego basado en la película homónima también tuvo mucho más espacio del que se merecía en nuestras revistas...

Los que me conocéis un poco (o me seguís en mi cuenta de twitter) sabéis que no soy demasiado (nada) patriota. Por eso me cabrea tanto esta tendencia. A todos nos gustaría que se volviera a repetir una Edad de Oro del Soft Español, pero esta etapa se gestó a base de mucho talento, mucho esfuerzo y mucho trabajo, y no a base de mirar con más cariño a los juegos sólo por el hecho de ser españoles. Pero me cabrea lo mismo la postura contraria: la de todos aquellos que afirman que, como es español, tiene que ser malo. En videojuegos pasa (con chistes como "Castlevania: Lords of Shadow 2 es tan bueno que no parece un juego español"), pero ocurre sobre todo en el cine y las series. Estoy harto de escuchar la cantinela de "no me gusta el cine español". Como diría mi amado compañero Rubén Guzman: EL CINE ESPAÑOL NO ES UN GÉNERO. Es un error considerarlo como un todo. Dentro del cine español hay películas buenas y películas malas, como pasa en el cine norteamericano, en el hindú y en el chino. Y lo mismo pasa con las series de TV, la música, etc...

Todo este rollo me lleva al título de esta entrada. Hay que aplaudir el talento, venga de donde venga. Ni ensalzar un juego por el simple hecho de ser español (aunque no se lo merezca,) ni denostarlo por la misma razón. Y lo peor es que esta tendencia también pasa, a una escala mayor, en Estados Unidos. Yo estoy convencido de que hay ciertos juegos que no terminan de cuajar allí porque son europeos. El ejemplo más claro es Killzone, un shooter hecho en Amsterdam para una consola japonesa. Nada que hacer ante una obra maestra del diseño (nótese la ironia) como un Gears of War, ¿verdad? Como se dice popularmente, esto se cura viajando... y jugando.

Lecturas recomendadas