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La opinión de
Daniel Quesada

Cuestión de tempo

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<p>Por fin. Ya hemos visto todas las conferencias que tenía que ofrecer este E3. Son uno de los momentos clave de la feria, en el que las grandes compañías han de demostrar que son mejores que sus rivales, que nos pueden sorprender y entusismar más, lavar más blanco, supervitaminarnos mejor.</p><p>&nbsp;</p>

Por fin. Ya hemos visto todas las conferencias que tenía que ofrecer este E3. Son uno de los momentos clave de la feria, en el que las grandes compañías han de demostrar que son mejores que sus rivales, que nos pueden sorprender y entusismar más, lavar más blanco, supervitaminarnos mejor.

No se trata solo de mostrar buenos productos. También hay que saber venderlos. Porque si no, ¿para qué organizar estos eventos? Para eso, que muestren directamente lo que tengan que mostrar en el pabellón de exposiciones. Nosotros nos ahorraríamos varias horas de espera. Pero no, hay que aglutinar todo el catálogo en un auditorio abarrotado de gente y con una pantalla enorme, para que todo luzca más. Y oye, yo estoy a favor de eso. Si hay que dar espectáculo, adelante. Pero resulta que ese propósito parece quedarse en la pantalla grandota y en las largas colas de espera. Porque, una vez arrancan las conferencias, su contenido se resume en un montón de señores encorbatados diciendo lo mucho que venden sus consolas y mostrando trailers de juegos casual que seguramente venderán mucho, pero no quedan nada espectaculares en un evento así. Cuando ese ritmo se mantiene durante mucho tiempo, el sopor invade los asientos, el cansancio hace mella y tú, periodista de bien, lo único que quieres es que se calle ya el pesao de turno para que puedas salir a tomar un café (o un té, no lo toméis por el lado nintendero).

 

La primera conferencia, la de Microsoft, ha sido, hablando en plata, un coñazo. No aprendieron la lección de la niña que jugaba con los Kinectimals el año pasado. Esta vez no ha habido una, sino 3 rondas de chavalines jugando delante de Kinect mientras Elmo hacía cucamonas en el juego de Barrio Sésamo. Lo siento, Tim Schaffer, seguro que tu título es un estupendo juego educativo, pero no era el sitio para contarlo tan en detalle.

 

 

Después llegó la conferencia de Sony. Algunos juegos vistosos (cómo promete Uncharted 3) y datos interesantes sobre PlayStation Vita, pero todo ello en medio de un larguíiiiiisimo evento lleno de datos irrelevantes y juegos de relleno (tiene delito que se dedicaran minutos y minutos a hablar del mediocre Medieval Moves).

 

 

Y al final llegó la conferencia de Nintendo... Sin duda, la que más me ha gustado. No por los juegos mostrados o por WiiU (ya hablaremos de eso) sino porque ha sabido ser entretenida de principio a fin. El mini concierto inicial, con un Miyamoto haciendo un poco el ganso (este hombre no sabe lo que es el miedo escénico) y la sucesión continua de datos y títulos nuevos quedaron por encima del cansino Reggie Fils-Aime y el torpe inglés de Satoru Iwata. La conferencia se hizo amena, más allá de lo que en ella se mostrara. Y eso es porque no se habló en ella como si se estuviera leyendo una nota de prensa o en una reunión de accionistas.

 

A estas conferencias van periodistas expertos en ver juegos de todo tipo y hartos de ver tráilers de nuevos lanzamientos. Además, están siendo vistas a través de Internet por la gente que realmente está interesada en verlas (y que, seguramente como muchos de vosotros, ha estado sacrificando horas de sueño para verla hasta el final). No los trates como novatos. Sorpréndelos, dales espectáculo, aunque sea con un chimpancé en monociclo. Y, sobre todo, cuida el tempo, que el ritmo no decaiga. Un cineasta dijo que una película debía comenzar con una explosión y a partir de ahí, ir subiendo. ¿Quién fue? No me acuerdo, es que tengo mucho sueño...

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