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La opinión de
Javier Abad

ETA kanpora de los videojuegos

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El martes de la semana pasada fue uno de esos contados días del año en los que un juego se hace un hueco en la portada de casi todos los periódicos, aparece en los noticiarios de televisión, es mencionado en las tertulias de radio y hasta se convierte en trending topic de Twitter. Dicen que también se habló de él en la cola de la pescadería de mi barrio, pero este extremo está por confirmar. El caso es que, como era de esperar, no se trataba de una noticia positiva y de "buen rollito", sino que todo este revuelo se armó por el anuncio de que un "grupo separatista europeo" sospechosamente parecido a ETA estará entre las facciones terroristas que se podrán controlar en Counter Strike Global Offensive, el shoot´em up que Valve va a lanzar en PC, PSN y Xbox Live. Lo del parecido razonable, como veis en esta imagen, tiene que ver con el "uniforme oficial de etarra", con txapela y máscara cubriendo la cara:

La verdad es que no sé quién fue el cretino que tuvo semejante idea, pero al menos sirvió para confirmar una vez más que los etarras emponzoñan todo lo que tocan, aunque esta vez fuera de forma involuntaria (que se sepa, ninguno está en el equipo de desarrollo del juego). La primera prueba de lo que os digo me llegó desayunando bien temprano en una cafetería, cuando unos parroquianos que leían la noticia en el periódico comenzaron a hacer comentarios negativos sobre los videojuegos y me amargaron el café. En su imaginación, debían pensar que la cosa iba de poner coches bomba o algo parecido.

Luego me entretuve en leer los comentarios de los lectores en las webs de El País y El Mundo, y allí encontré desde sentencias tipo "estos son los riesgos de dejar que los niños se atonten con los videojuegos" (ejem, ¿alguien dijo que Counter Strike fuera un juego para niños?), hasta otros más imaginativos que hablaban de la falta de realismo del juego, porque los etarras nunca combatirían frente a frente con sus enemigos. Pero la principal división estaba entre los que criticaban la falta de tacto hacia las víctimas que supone el banalizar así un asunto tan serio (con razón) y los que respondían (con razón también) que solo nos quejamos cuando nos toca de cerca, pero que hay muchos otros ejemplos similares ante los que no nos conmovemos, porque los sentimos más lejanos.

La guinda final la pusieron los políticos, entre los que se alzó alguna voz pidiendo a Valve que retirase el juego... al menos delante de los micrófonos de la prensa. Dudo que nadie se haya molestado en ponerse en contacto con la compañía, y dudo más todavía que a Valve le importe una higa lo que un político español le pueda "sugerir".

Hoy ya nadie se acuerda de este triste episodio, como suele pasar en este mundo devorado por la actualidad en el que lo que ocurrió la semana pasada nos parece arqueología, pero a mí se me ha quedado una reflexión en el tintero. A grandes rasgos, las partidas online de Counter Strike son una versión siglo XXI del antiguo juego de polis y ladrones. Cuando yo era un chavalín, había quien siempre escogía el bando delos malos, pero no por eso se convertía en un delincuente. Lo mismo ocurrirá, por supuesto, con quien elija ser "pseudo etarra" en Global Offensive, y más aún si hablamos de un jugador noruego, por poner un ejemplo, que ni siquiera sabe qué es ETA. Ahora bien, ¿qué le aporta al juego el llevar el realismo a esos extremos? Yo creo que nada en absoluto, y por eso pienso que Valve podría habérselo ahorrado por respecto a las víctimas.

Un caso distinto que también nos toca de cerca es el de Medal of Honor Warfighter y los atentados del 11-M en Madrid. A falta de ver como lo integran definitivamente, parece que la alusión a esta tragedia en su historia principal encajará en la narrativa del juego. Nadie podrá alterar los acontecimientos, ni jugar a ser un suicida de Al-Qaeda, así que no hay nada que objetar. Ahora bien, ¿qué pasará en el modo online? ¿podremos controlar a un terrorista filipino como los de verdad? Puf, ¿a alguien le importa? Eso queda tan lejos...

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