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La opinión de
Daniel Quesada

En mis tiempos, Konami molaba

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Sí, ya supondréis que esta entrada viene a cuento del tsunami que ha causado en Konami (je, je) la marcha de Hideo Kojima, pero en realidad no quiero reflexionar especialmente sobre el estado actual de la compañía. Más que nada, porque ya era floja antes de que llegara el armageddón kojimil. Sí, tenían Metal Gear Solid V y Silent Hills en camino, pero desde hacía un tiempo, no había una percepción generalizada de que la compañía era sólida, sino que nos encontrabamos un par de juegos interesantes que, casualmente, eran de Konami.

Años atrás, la cosa era muy diferente. En la época de las consolas de 16 bits, decir Konami era sinónimo de decir calidad, fuera el género que fuera. Los Tiny Toons rivalizaban con los reyes de las plataformas, los Contra y Tortugas Ninja tenían enamorados a los fans de la acción, Gradius y Parodius eran la vara de medir para el género shooter... ¡Y cómo flipábamos con los Castlevania! Yo, personalmente, era un enamorado del primer Rocket Knight Adventures... Por cierto, ¡qué pedazo de bandas sonoras firmaban entonces! Eran los amos en ese campo.

Los 32 bits no hicieron sino acrecentar su éxito, con los megaéxitos de Metal Gear Solid, Silent Hill y Pro Evolution Soccer. Durante años y años, los piques entre FIFA y Pro fueron legendarios. ¡Pero si prácticamente tenían el sector en sus manos! Konami poseía un aura especial. Desde el principio, habían sido una compañía puramente japonesa que sabía lo que molaba a occidente. Solo ver el logo antes de la pantalla principal de un juego emocionaba al jugón de siempre.

¿Dónde se torcieron las cosas? Yo creo que no hay un punto exacto, pero sí una tendencia clara. Habrá quien diga que la crisis económica ha echado a perder el modelo japonés como gigantes de la industria. Algo de eso habrá, pero creo que lo más importante no tiene que ver exactamente con el dinero, sino con los principios. Da igual que tengas un equipo de 300 personas realizando tu juego y cuentes con más presupuesto que la contabilidad de Bárcenas. Si en la locomotora del proyecto no hay alguien con verdadero TALENTO, todo lo demás es accesorio.

La franquicia Silent Hill no mantiene a ninguno de sus creativos originales (Keiichiro Toyama ahora se centra en proyectos tipo Gravity Rush), Castlevania en manos de Mercury Steam es algo muy distinto (meritorio, pero distinto) a lo que concebía Koji Igarashi, Pro Evolution está más perdido que Belén Esteban en una biblioteca y Metal Gear... Bueno, Metal Gear se acaba de quedar sin su esencia más absoluta.

No sabemos qué puñetas habrá pasado en las oficinas de la compañía, pero hace falta mucho orgullo, muy poca visión empresarial o ambas cosas para sacar de nómina a una figura como Hideo Kojima y, de paso, meter en un cajón algo tan terriblemente prometedor como Silent Hills.

Pero, como decía al principio, en realidad esto es solo un golpe más en la caída libre que lleva la compañía desde hace unos años. En cierto modo, parecen atrapados en su propio Silent Hill, buscando a su hija desaparecida sin darse cuenta de que son ellos los perdidos.

Supongo que no serviría de nada, pero... ¿y si intentan sacar un nuevo Tiny Toons como Buda manda para alegrar la vida a la vieja escuela? Vengaaaa, hasta con un Goemon me conformo...

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