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La opinión de
Sonia Herranz

Morir de éxito

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Cada vez que nos llega un correo a la revista que pregunta por Uncharted 3, God of War IV o Modern Warfare 3, yo pienso… “Por favor, por favor, que tarden 2 o tres años en salir…” No me entendáis mal, yo también tengo ganas de jugarlos, pero los quiero jugar bien.

La tendencia a exprimir la gallina de los huevos de oro sólo empuja a los editores a presionar a los desarrolladores para que se saquen de la manga una versión anual de los superéxitos. Y en un año poco se puede hacer para reinventar una saga, sorprender al jugador y mejorar la experiencia de juego. Es más, en muchas ocasiones a lo que único que da tiempo es a empeorar las cosas.

Muchas grandes sagas han muerto de éxito y tristemente es difícil resucitar a la víctima. Uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos es Tomb Raider. Me gustó la secuela y no me pareció mal la tercera parte: más de lo mismo, pero divertido. A partir de ahí... qué os voy a contar. Y su estreno en PS2... Lara Croft ha intentado resucitar en PS3, pero ya ha sido tarde: el próximo Tomb Raider va a ser un juego descargable.

Podríamos poner muchos más ejemplos de cómo se puede morir de éxito. Se me vienen a la cabeza Street Fighter II en los 90, Silent Hill, FIFA (fijaos lo que le está costando recuperar el terreno perdido, pese a llevar dos años siendo muy superior a su rival), Mortal Kombat, Medal of Honor... Y es que a los jugadores, por mucho que nos guste un personaje, un tema o un estilo de juego, a la larga nos termina cansando que nos saturen con títulos vacíos, poco innovadores y hasta malos en muchos casos... Puede que los pidamos, pero los pedimos desde la idea utópica de que van a ser mejores y nos van a sorprender igual. 

Los videojuegos son un negocio, de acuerdo, pero también son arte y cuando al arte se le quita la chispa se queda en nada. No se puede obligar a un artista a crear bajo la presión y midiendo sólo con el rasero de los beneficios y las exigencias de mercado.

Coger una gran obra y empezar a exprimirla y estrujarla la termina quemando. ¿Hasta qué punto somos culpables los jugadores? Los ojos les hacen chiribitas a los responsables de las cuentas de resultados cuando ven que queremos jugar a la secuela de "periquín adventures". Es un círculo vicioso: ¿no hay ideas nuevas porque los desarrolladores no las tienen o porque los editores tienen miedo de que los jugadores no las compren? 

Si pensáis un momento en las grandes sagas que siguen siendo grandes con el paso del tiempo, encontramos títulos que, en su mayoría, no han tenido más que un juego o dos por generación: Metal Gear, Zelda, God of War, Grand Theft Auto, Gran Turismo, Final Fantasy... 

Prefiero que no haya God of War IV a que jugarlo me suponga una decepción. Si los chicos de Naughty Dog creen que han agotado la fórmula de Uncharted, mejor que se devanen el seso en una nueva idea a que que asesinen a Nathan Drake. Me hubiera gustado jugar un Jak & Daxter en PS3, pero a lo peor me hubiera llevado un chasco y además no habría conocido a Drake... 

Aplaudo a Square por no haber hecho nunca un Final Fantasy VII-2; y me parece inteligente la postura de Activision de dividir su saga superventas en dos ramas distintas: tiene un éxito seguro al año y da a los desarrolladores al menos dos años para innovar. Este año no hay Modern Warfare, pero sí hay Call of Duty, y han cambiado la II Guerra Mundial por la guerra de Vietnam... (Por si no habéis visto el teaser, ahí os lo dejo)

Eso sí. Tampoco me extraña esta sobre-explotación... Juegos como ICO, Beyond Good & Evil o Shadow of the Colossus (por poner sólo tres ejemplos) han sido considerados obras maestras... Y no vendieron ná de ná. ¿Tenemos lo que nos merecemos?

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