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La opinión de
José Luis Sanz

De recreativos y otras maravillas

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Hace algunos días que andamos enfrascados un hermano mío y yo en restaurar una coin-op a la que le hemos metido un PC con un MAME como un castillo para emular todas las recreativas que han visto los tiempos. Bueno, antes de seguir, apuntar a los más jóvenes del lugar que las coin-op (o máquinas recreativas) eran la vanguardia tecnológica de los videojuegos y solían agolparse en locales que los adoslesfantes de los 80 llámabamos billares. No me preguntéis por qué...

El caso es que lo primero que quería probar cuando la máquina funcionara es Out Run. El juego de coches por excelencia y al que dediqué un montón de horas y monedas de cinco duros (25 ptas.) mientras mis colegas se dedicaban a otras labores menos productivas como bailar al son de los Modern Talking y entrarle a todo lo que se moviera por la pista de baile...

Y como siempre ocurre con una simple idea, ésta acaba derivando en otros pensamientos más complejos. De Out Run pasé a After Burner, de ahí a Hang-On, luego salté a Power Drift y Enduro Racer y, finalmente, terminé en los Galaxy Force y Thunder Blade. Todos hijos de SEGA y precursores de un pseudo-3D de pacotilla que se basaba en la utilización de la 'técnica' llamada sprite-scalling. Recurso que le vino como anillo al dedo a Nintendo para llevarlo a todos los hogares con Super Nintendo (el famoso modo-7) y que SEGA no puso en nuestras manos hasta el advenimiento de su 'todo a 50.000 pelas' Mega CD (¿recordáis el juego de Batman Returns?).

Seguí tirando del hilo y de esa increíble retahíla de nombres pasé al creador de tanto clásico, Yu Suzuki, y lo elaborados que eran los muebles en los que estaban montados estos juegos. ¡¡Cómo molaban las versiones Deluxe!! De Yu Suzuki hablaremos otro día (porque no caben aquí todas las maravillas que ha hecho y que podrían compararse en genialidad a las del vecino de la acera de enfrente, Miyamoto) pero de sus currados muebles no. Y es que eran otros tiempos, distintos, donde los recreativos apuntaban el camino que debían seguir las consolas domésticas.

Así que las máquinas recreativas eran un anhelo, un sueño, un motivo por el que salir a jugar a la calle y huir de los pixelazos de los microordenadores. ¿Quién no quería tener un mueble de esos en su casa para fardar ante sus amigos? Encima, tenía la suerte de que allí donde mi amigos paraban siempre había una coin-op de SEGA que era, por así decirlo, el galáctico de los videojuegos.

Así que, ¿a quién le importaba quedar? ¡¡A nadie!! Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados o domingos, ¡¡qué más da!!, debíamos ser chicos 24/7 de esos que lo dan todo por los videojuegos. Al final, lo que unos se gastaban en copas, otros lo invertíamos en conversaciones más productivas con el juego y en hacer rentable la inversión de la discoteca/pub/bar que se gastaba millones de pesetas en tener las versiones Deluxe de las recreativas de SEGA.

Que levante la mano el que no haya alucinado alguna vez intentando entender cómo hacían el efecto 3D estos chicos de SEGA en Out Run o Power Drift. ¿Cómo era posible que un ordenador puediera mover todo eso a la vez? Nos preguntábamos. Es lo bueno que tienen la tecnología y los videojuegos, que siempre van un paso más allá, aunque 25 años después resulta curioso comprobar que toda esa potencia la llevamos en el bolsillo. ¡Y no nos damos cuenta!

Así que como buenos amantes de los videojuegos, es nuestro deber mantener viva esa capacidad de sorpresa ante los logros que un día sí y otro también nos regalan las compañías de hardware y software. Por que del sprite-scalling al universo poligonal presente no hay mucha distancia. La justa para que alguien que lograra entender cómo lo hacían Out Run y Power Drift se decidiera a ir un paso más allá.

Por eso, desde aquí quiero darle las gracias a San Juego Pixelado (o el santo que toque) por haberme dejado conocer, a su tiempo, lo que era un salón recreativo, una coin-op de SEGA, un sprite, los 8 y 16 bits, Out Run, After Burner y Power Drift y, sobre todo, para qué servía una moneda de cinco duros (25 ptas.).

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