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La opinión de
Sonia Herranz

Sexo, violencia y videojuegos

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Los seres humanos somos animales. Inteligentes sí, pero animales con instintos animales. Y sobre todos los instintos el más fuerte es el de la supervivencia y sus manifestaciones directas son el sexo y la violencia. Uno como manera de perpetuarnos, otro como forma de protegernos. Por desgracia, nuestros instintos están teñidos con el barniz de la inteligencia y como queremos parecer más que animales, los intentamos llevar más allá. El sexo y la violencia se convierten en algo más que en una herramienta de supervivencia, se convierten en un placer y en una elección que aprovechamos para mucho más que perpetuarnos o defendernos.

Demostraciones las encontramos a diario en todas partes y la cultura las refleja con todo lujo de detalles desde tiempos inmemoriales. La escultura, la pintura, la literatura, el cine están plagados de ejemplos, unas veces exaltados, otras veces oscuros y macabros, de que el sexo y la violencia son consustanciales al ser humano. Y los videojuegos no dejan de ser otra forma de cultura, aunque en este caso globalizada y encauzada a encajar en la mayoría de los estereotipos de las distintas culturas. Igual que la literatura, los videojuegos reflejan lo que somos y erradicar la violencia o el sexo de los videojuegos es tanto (o tan imposible), como arrancarla de la pintura o el cine. Que durante años se hayan ocultado y mantenido a raya, no significa que no estuvieran allí, latentes, palpables, simplemente significaba que había inteligencias que no lo aceptaban y usaban violencia y sexo para atacar a los videojuegos.


Cada vez que he acudido a algún acto abierto al público relacionado con videojuegos, siempre ha habido alguna voz que intentaba volver a poner en la palestra la vieja polémica de la violencia (el sexo escandaliza más al personal anglosajón). Rebuscando ejemplos, a veces peregrinos, de los crueles y malvados que son los videojuegos (como si el ser humano no fuera malo por naturaleza). La última vez fue en las Jornadas de Mujeres y Videojuegos: se nos preguntó si nos parecía bien que hubiera juegos como Manhunt… Primero, la charleta no iba de eso (aunque sí de sexo) y segundo, ¿cuánto sabes de videojuegos si para buscar un ejemplo de violencia te tienes que ir 2003? ¿A qué corriente moral proteges si atacas a los videojuegos por ser violentos? ¿No lo eres tú también, con un odio escondido y enconado a lo que no conoces?

No quiero convertirme yo en una talibán defendiendo los videojuegos a capa y espada sin más argumentos que mis creencias personales. Pero soy de las que pienso que las cosas no son buenas ni malas y que todo depende del uso que les demos. Y cuando mi ética y mi moral no coinciden con la tuyas yo trato de respetar tus creencias. A mi modesto entender, hay juegos que no deberían caer en manos de niños. Igual que hay películas que no deberían ver los niños y libros que deberían colocarse en estanterías bien altas. Y a lo mejor, esos libros no son los que todos pensáis… Cuando Leí Los Santos Inocentes, de Miguel Delibes, me causó tanta impresión y un malestar tan profundo que no se me ha olvidado y se me llenan los ojos de lágrimas con sólo recordarlo. Ojalá alguien me hubiera dicho que a mis 12 añitos podía ser traumático. Por supuesto nunca he visto la película y muy a mi pesar reconozco que no he vuelto a leer ni una frase de Delibes. Os garantizo que ningún videojuego ha causado en mí el impacto (en el sentido más negativo) que me causó esta novela. Pero que la niña lea es bueno ¿no?

Cuando los videojuegos se empezaron a sacudir la vitola de juguetes, cuando hasta los que no querían ver comprendieron que los videojuegos que ya no eran cosas de niños, los propios videojuegos se autorregularon. Si yo no quiero que me hijo juegue con algo inapropiado para él (y digo para él, no para su edad), puedo recurrir al código PEGI, que al menos me puede orientar. Y a mí. No jugué a Manhunt, ni pienso jugarlo, porque su propio concepto me repele. Igual que me repelen las pelis esas de gore. A mí, con mi manera de ser y con mis circunstancias. Pero nunca impediría (ni juzgaría) que alguien jugara a Manhunt o que fuera al cine a ver la matanzadeloquesea 27

Me gusta que haya violencia en los videojuegos y espero que cada vez haya más sexo. Me gusta porque significa que los videojuegos se abren y se sacuden los prejuicios y que cada vez hay más gente que se abre con ellos y que sale del armario de la cortedad de miras. Me gusta poder elegir y no conformarme. Y me gusta porque los videojuegos se equiparan con la literatura y el cine, ofreciendo opciones a todo tipo de públicos. Y hablo de “tipo”, no “edades”. Por desgracia, sigue sin haber ninguna indicación en la portada de los libros que nos dé alguna pista de si una niña de 12 años podría quedarse hecha polvo tras leer Los Santos Inocentes, pero sí sé qué me puedo encontrar si cargo en mi consola un Grand Theft Auto. Que ningún padre se escandalice si oye lenguaje soez, ve escenas subidas de tono y observa cómo su hijo reparte plomo a diestro y siniestro y luego roba un coche. Estaba muy clarito en la caja del juego. Empezando por el 18...

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Y, por cierto, para los que siguen pensando que los videojuegos son todo violencia (menos mal que todavía no han descubierto cómo aumenta el sexo), sólo darles un dato más: sólo el 9% de los juegos lanzados en 2012 era para mayores de edad. Eso sí, el 21% de los juegos vendidos en 2012 era +18. La violencia y el sexo nos atraen, porque forman parte de nuestro ADN. Tratar de impedir que la cultura, en cualquiera de sus formas, lo refleje se llama censura. Y ya está bien de censura. Hay veces que me parece increíble que vivamos en el siglo XXI…

 

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