Reportaje

Avance de un Max Payne 3 con samba

Por Óscar Díaz
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Han pasado muchos años desde que escuchamos las últimas frases de Max Payne. Lo mismo ha sucedido en la vida del personaje ideado por Remedy y que ahora recuperan, directamente desde Rockstar. Por lo tanto, lejos de estar acabado, Max vuelve con un aire bastante diferente al que nos tenía acostumbrados, al menos al principio de su historia.

Lo que Rockstar tiene entre manos es un proyecto muy ambicioso. Tanto, que en él colaboran hasta cinco estudios repartidos por todo el mundo y, además, cuentan con la colaboración de Remedy. Unos se encargan de la animación, otros del multijugador y los responsables del personaje, de que mantenga el espíritu original. Por lo tanto, estamos ante un Max Payne 3 que puede presumir de estar a la última en tecnología, creatividad y recursos. ¿Qué puede salir mal? Pues por lo que hemos visto, no hay nada que no nos haya gustado, el juego tiene una pinta increíble y aún le faltan por lo menos seis meses de desarrollo.

Entre la samba y The Boss

SaoPaulo, en Brasil, es el lugar donde han ido a parar los huesos de Max. Su vida pasada le ha atizado fuerte y se mantiene a base de analgésicos. Los mismos que nos sirven para recuperar vida y, también, para acceder a un mini juego en caso de que nos dejen tiesos. Por lo menos, tiene trabajo, de guardaespaldas, aunque sus días pasan entre mafiosos, policías corruptos y amenazas que le dejan poco de tranquilidad.

Sin ir más lejos, uno de los primeros momentos que hemos visto nos lleva a intentar salvar a la joven mujer de un magnate local, Rodrigo Branco. Los líos, al parecer, vienen por el hermano díscolo de este, Marcelo, que es un vividor de cuidado. Un tercero es político y, como era de esperar, entre todos nos dan bastantes motivos para empezar a descargar plomo en sus enemigos.

Vemos una ciudad viva alrededor, con coches que pasan por las calles. Sin embargo, no se trata de un mundo abierto. Max Payne 3 está muy centrado en la historia que cuenta y las misiones nos llevan por caminos bastante definidos. Aún así, en Rockstar no han escatimado en esfuerzos para recrear unos lugares realmente convincentes. Es ese afán por el detalle el que nos invita a pararnos e investigar a cada paso. La demostración que hemos visto funcionaba sobre Xbox 360 y, la verdad, las texturas, iluminación, suavidad de movimientos y efectos gráficos hacían pensar por momentos que estábamos ante la siguiente generación. No es una exageración, son las sensaciones que transmite un juego donde el trabajo invertido se nota hasta en las notas que cuelgan de los tablones de anuncios.

Además de tener una ciudad repleta de objetos, casi todo parece romperse cuando debe. Los muros no son menos y los cristales revientan en tantos fragmentos que asustan. La verdad, Max Payne 3 sorprende mucho a estas alturas de generación, cuando se empieza a escuchar con fuerza cómo aprieta la siguiente.

Incluso las físicas y movimientos de los personajes están más cerca de los de un título deportivo. La serie FIFA, con sus últimas entregas, puede servir de ejemplo gráfico. La inercia de los personajes, cómo reaccionan cuando chocan entre ellos o con los elementos del escenario… las reacciones según el peso, tamaño o velocidad y todo lo que pueda resultar creíble está en la fórmula que usa Max Payne 3.

Los detalles que se no se repiten, como que en cada salto se caiga de una forma distinta, están a la orden del día. El tiempo bala se activa de dos maneras diferentes. Una, al saltar y poder disparar en el aire. Otra, más clásica, para ralentizar las cosas y que podamos dar cuenta de todos los enemigos que salen en pantalla o pasar entre unas llamas que parecen indomables. En todos los casos, dar con un muro, una mesa o cualquier otro objeto, nos hará comprobar que el motor Euphoria de Gran Theft Auto IV y Red Dead Redemption, la tecnología de animación Natural Motion y el motor Rage, funcionan a la perfección para recrear unas físicas más que creíbles.

Cuando caemos al suelo, también podemos disparar… pero no como en los Max Payne anteriores. Tendremos 360 grados de libertad y el personaje apuntará con total credibilidad. Es decir, nada de limitarnos a la parte delantera, si giramos, vemos cómo el cuerpo se mueve de forma acorde y hasta se nota que le cuesta. Nosotros, eso sí, sólo tenemos que empujar el stick y pulsar el gatillo. El resto, depende de nuestra puntería y de lo bien situados que estemos en el escenario.

Las coberturas tampoco tienen problemas, con esquinas en las que ocultarnos parcialmente y todo tipo de objetos que nos dan protección hasta que las balas o explosiones nos dejan a descubierto. El sistema es el clásico de la saga, con todo lo que ha inventado Max Payne. Y es que esta saga es así, ha sido responsable de muchas cosas que vemos en multitud de títulos. Pero, para quien haya leído hasta aquí, hay una sorpresa dedicada a quien eche de menos algo en lo que ha visto de Max Payne 3 hasta ahora. No todo el juego está lleno del Sol de Brasil, ni tiene como protagonista a un adicto a los analgésicos con la cabeza rapada.

Una voz interior me dice que siga leyendo...

El recurso que han elegido en Rockstar para enlazar con los juegos anteriores no es otro que una serie de flashbacks. Sí, controlaremos al Max Payne más clásico, es decir, en lugar de analgésicos su principal compañera será una botella de whiskey. Su chaqueta, el ambiente opresivo de New York, los recuerdos de su familia asesinada y la voz interior que tantas frases célebres nos ha dado… todo eso está en Max Payne 3.

Si volvemos al campo de la jugabilidad, conviene hacer bastante hincapié en varios aspectos que han destacado bastante desde Rockstar. Por ejemplo, al finalizar con una tanda de enemigos tendremos el llamado Final Kill. Este nos deja ver que cada bala es diferente y que los efectos de todas ellas son distintos, se ven en los cuerpos y el choque con los enemigos hace que estos reaccionen de forma acorde. De paso, esa última bala nos deja contemplar una animación a lo John Woo o Sam Raimi, que cumple con la idea de meternos en una película de acción.

Las posibilidades a la hora de llevar armas encima también han cambiado desde juegos anteriores. Todo lo que tengamos se ve a simple vista, colgado del cuerpo o en la mano. Así, cuando tengamos dos pistolas podremos usarlas con una o dos manos. Pero si cambiamos una por un rifle, sólo podremos disparar con uno de los dos  y veremos que el otro cuelga del brazo, con una animación muy cuidada. Digamos que este tipo de detalles son los que hacen de Max Payne 3 algo muy cercano a la perfección, al menos en cuanto a juegos de disparos se refiere.

Si nos centramos en la innovación, quizá lleguemos a recordar este Max Payne por detalles como que cada bala impacta en una parte del cuerpo y hace que este reaccione de una forma 'interesante'. Cada proyectil es único... nos comentan, pero también puede pasar a la historia por ser el primer juego que incluya un peculiar efecto de tiempo bala en los modos multijugador. Sí, aún nos preguntamos cómo lo han hecho, pero seguro que es una sorpresa para muchos, de la que aún no podemos hablar.

Esperemos que el juego completo sepa continuar el nivel de calidad que ya hemos visto, porque esto sí es Max Payne. Nuestras dudas se han evaporado, 'como el frío vapor que surge de las alcantarillas de la ciudad, mientras miro obsesivamente la etiqueta de la botella en la que se disuelve todo cuanto he tenido'.

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