Reportaje

Neowestern: ¡viva la hibridación de géneros!

Por Raquel Hernández Luján
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Era un tanto difícil pronosticar que un género como el western afloraría a día de hoy despertando tanto interés. Aunque quizás si ahondamos un poco en sus características formales y en los personajes que los pueblan, nos sea más fácil comprender por qué ahora y por qué desde ángulos tan diferentes, el neo-western "está de moda".

El western se había dado por muerto y enterrado, pero a la luz del nuevo interés suscitan sus códigos, parece que está muy vivo, al menos en su vertiente menos pura: el neowestern. Y precedo la palabra con un exultante neo- porque verdaderamente lo que estamos viendo en nuestras pantallas NO son westerns sino algo diferente, novedoso, hibridaciones de toda clase y condición, que resultan de lo más estimulantes.

 

¿Existen características comunes? Puede decirse que sí: la exaltación de la venganza, la estilización de la violencia, el ensamblaje de los grandes iconos del western que se toman prestados para ser magnificados, y, sobre todo, una mirada actual en las relaciones interpersonales a veces ribeteadas de humor y otras veces revestidas de drama. Y es que los caminos que toma el neo-western son inextricables.

Un repasillo, ¿qué es el western?

Conocidas coloquialmente como "películas del oeste americano" o "películas de vaqueros", en su origen el western estaba vinculado a la exploración y el asentamiento de los occidentales en los Estados Unidos durante el siglo XIX. El padre cinematográfico del género fue Edwin S. Porter, que filmó en 1903 Asalto y robo de un tren.

 

Se considera que la edad dorada del western se corresponde aproximadamente con los años 50 con directores como John Ford, Howard Hawks, King Vidor, Robert Aldrich, etc.

 

 

La decadencia llegó con un paulatino descenso del interés de los espectadores, que fue derivando en nuevas vertientes como el western crepuscular o el spaguetti western, más autoparódico y lúdico.

 

Con el tiempo el código se fue volviendo más y más laxo reduciéndose a la utilización de personajes épicos, que normalmente encarnan valores positivos y tienen un destino predeterminado así como unos escenarios reconocibles (el desierto, el saloon, las casas de citas, los ranchos, las diligencias) y una iconografía muy característica (pistolas, espuelas, chalecos, pañuelos al cuello...).

¿Y esto del neowestern?

La conexión que había entre el contenido y su contextualización histórica se ha roto en este nuevo subgénero para dar paso a nuevas historias, con personajes que caminan por una fina línea entre el bien y el mal (como antaño) pero mostrando también inquietudes actuales, y desde prismas muy distintos: bien sean estéticas, formales, o argumentales.

 

 

En general, y en el contexto artístico-cultural en el que nos movemos a día de hoy y que hay quien ha dado en llamar post-posmodernismo (es decir un paradigma más allá del posmodernismo) no sólo prima la hibridación absoluta sino que las relaciones parecen ser totalmente aleatorias. Es decir, que las posibilidades se multiplican y casi se vuelven infinitas. Veamos algunos ejemplos.

Valor de ley, un remake bastante fiel

Valor de ley ha sido sin duda la película que más miradas ha atraído por parte del público, sobre todo por el éxito de los eclécticos Coen y por las nominaciones a los Oscar (diez en total en 2010), aunque finalmente no consiguiera ninguna estatuilla. Tras el asesinato de su padre, Mattie Ross (Hailee Steinfeld), una chica de catorce años firmemente decidida a hacer justicia, contrata los servicios del veterano agente del Gobierno Rooster Cogburn (Jeff Bridges), borracho y excelente pistolero. Así ambos se ponen en camino y entran en territorio indio para dar caza a Tom Chaney (Josh Brolin) en compañía de LaBoeuf (Matt Damon), un Ranger de Texas que busca al fugitivo por el asesinato de un senador... Se trata de una ueva adaptación de la novela homónima de Charles Portis, que ya había llevado al cine Henry Hathaway (True Grit, 1969) con John Wayne como protagonista.



Estamos en el siglo XXI, y a día de hoy reivindicar a una mujer por su obstinación, por su capacidad de perseguir un objetivo e incluso acceder a mundos que le serían de normal ajenos por su sexo, no nos resulta tan difícil de asumir, razón por la cual todo se radicaliza en aras de mostrar esas enormes dificultades.

Red Hill, un neowestern australiano

El neowestern, como decíamos, rompe las coordenadas temporales en las que se circunscriben temas, personajes, iconos y escenarios prestados, pero desde luego también trasciende fronteras en aras de la innovación. Tal es el caso de Red Hill, una película australiana, rodada allí y con un telón de fondo en el que los aborígenes australianos se asimilan a los indios americanos con una naturalidad abrumadora.

 

 

El trabajo de Patrick Hughes, que hasta la fecha solo había firmado tres cortometrajes, es tan bueno y emocionante, que el universo que crea es arquetípico del neowestern. Toda una serie de entornos naturales, de impactos musicales, de pequeños instantes de micro-suspense, que conforman en suma una sinfonía deliciosa de estructura climática.

El bueno, el malo y el raro, raro, raro

Más allá, pero mucho, mucho más allá, se encuentran nuevas lecturas humorísticas como pueden ser El bueno, el malo y el raro, procedente de Corea, en la que un gamberro Kim Ji-woon mete en la coctelera aventuras, acción, el mapa de un tesoro y un cazarecompensas aderazado con caballos, revólveres (y sí, también sombreros de vaquero), creando algo nuevo, un tanto esperpéntico pero al menos digno de satisfacer nuestras curiosidades... sobre todo si la vemos con los ojos preparados para ver mero entretenimiento.

Neowestern aderezado con ciencia-ficción

Nuevos lenguajes no pueden sino provenir de fuentes alternativas de inspiración como vienen siendo las novelas gráficas desde hace ya bastante tiempo. Son muchos los directores que han mostrado un aprecio casi reverencial a estas obras como Guillermo del Toro o el propio Tarantino. Y ahí tenemos Cowboys & Aliens, una obra que no podría tener su origen en otro lenguaje, puesto que es el que ofrece una mayor libertad de expresión.

 

 

Curiosamente es la parte dedicada más de lleno al western la que mejor funciona de la película en detrimento de la ciencia-ficción futurista. El reto estético ya estaba planteado y prometía... Con un arranque espectacular, y unos primeros momentos que funcionan de maravilla, curiosamente la cinta se tuerce donde menos cabía esperar que lo hiciera: con los alienígenas.

Un poco de animación

He dejado en último lugar, sin querer (al menos conscientemente), a una película que merece una mención especial en cuanto a sus intenciones y desde luego en cuanto a sus logros técnicos, aunque desde luego también una seria reprimenda en cuanto a todo lo demás. Hablamos de Rango, esa película que Johnny Depp promocionó tanto en su día y que se enfocaba a priori a un público infantil. Es abrumadora la capacidad de la industria de animación para recrear el movimiento de la gravilla, el polvo o los líquidos así como para mostrar efectos tan complejos como la silueta de un personaje recortada sobre un sol abrasador o la realidad distorsionada por un vidrio. Recomendable por el mérito técnico, es probable que Rango haya abierto un camino en el mundo de la animación, también por la incorporación de una temática nada corriente.

 

 

Veremos qué nuevas sorpresas nos depara el mundo cinematográfico en el muy abonado campo del neowestern, que como vemos está aflorando con obras a veces desconcertantes, a veces fabulosas, pero que desde luego no tienen desperdicio y para muestra un botón, ese Django desencadenado que nos ha regalado Tarantino o ese El llanero solitario que ya estamos esperando con ganas por no hablar de otras películas recientes que me darían para hacer varios reportajes más...

Lecturas recomendadas