Reportaje

Reseña de La Patrulla-X: Días del Futuro Pasado, el cómic original

Por Jesús Delgado
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Pasamos a reseñar La Patrulla-X: Días del Futuro Pasado, la historia original de la serie de cómics que inspira la próxima película de Bryan Singer acerca de los mutantes de Marvel Comics, X-men: Días del Futuro Pasado.

Os vamos a hablar de un arco argumental del cómic original de La Patrulla-X que inspira la próxima película de estos héroes, X-men: Días del Futuro Pasado.

¿Pero qué es eso de un arco argumental? Para los menos comiqueros esta expresión os sonará a chino. No pasa nada, os lo explicamos en un pis-pas. Un arco argumental en cómic es básicamente una historia narrada en uno o varios números de cómic de la misma colección, a modo de historia cerrada. Ejemplos válidos podrían ser Origen de la Liga de la Justicia en el Nuevo Universo DC, Presidentes Muertos de Masacre o, incluso, El Viejo Logan de Lobezno. 

Explicado este punto, pasamos a hablaros pues de la historia que vamos a reseñaros en este artículo: Uncanny X-men: Days of the Future Past, o como se conoció en su día en España, La Patrulla-X, Días del Futuro Pasado.

Dos números de ida y vuelta al Futuro

La historia que hoy nos ocupa se desarrolla únicamente en dos números, el 141 y 142 de la tirada original de Uncanny X-men. Ambos números, editados en EEUU en 1981 son obra de Chris Claremont, el guionista que más huella ha dejado en los mutantes de Marvel, y de John Byrne, uno de los mejores ilustradores de cómic del siglo XX. 

Esta trama ocurre pocos meses después de la muerte de Jean Grey y su alter-ego, Fénix. La acción arranca en el presente sino en un futuro distópico, en el que los mutantes, y cualquiera con una huella genética anormal, viven en campos de concetración y la seguridad ciudadana corre de manos de los temibles robots gigantes, conocidos como Centinelas.

Ante la extinción que les aguarda, varios mutantes liderados por Magneto y Franklin Richards (el hijo de Reed Richards de los Cuatro Fantásticos), utllizan una máquina para envíar la mente de uno de ellos atrás en el tiempo y así evitar el catastrófico porvenir que les aguarda. La elegida no es otra que Kitty Pryde.

De vuelta en su cuerpo de quinceañera, Kitty advierte a sus compañeros de lo que ocurrirá en el futuro y de lo que deben de hacer para evitarlo. Al parecer, sus enemigos de la Hermandad de los Mutantes planean el asesinato del senador Kelly, un ultraconservador reaccionario. Si el atentado se consuma y Kelly muere, el gobierno de los EEUU aprobará el programa de los Centinelas y, como resultado, dará comienzo el Holocausto Mutante. 

No os contamos cómo acaba la historia. Pero ya os advertimos que, como casi todas las historias de los X-men, la construcción es muy similar, con un nudo basado en una melee mutante y un desenlace bastante abierto. De hecho, la realidad futura, lejos de destruirse, se convierte en una tierra paralela del multiverso Marvel, conocida como Tierra 811

Como cómics, el arco argumental de Días del Futuro Pasado es más que correcto. Byrne es uno de los grandes del cómic y de ahí que la construcción de sus viñetas, planos y personajes sea impecable y digna de elogio y de estudio. Respecto a la historia que plantea junto a Claremont, solo diremos que es buena según los estándares de la época y que ha sentado escuela con numerosas reinterpretaciones en varias series de dibujos animados. Sin embargo a un lector con poco entrenamiento para la lectura de hace treinta años. más acostumbrado a las dinámicas narrativas actuales, le puede saturar. Ahora bien, si se supera esta barrera estos dos cómics resultan tremendamente entretenidos. 

La importancia de Días del Futuro Pasado

Realmente, Días del Futuro Pasado en apariencia no tiene de por sí una gran importancia. A saber, únicamente fueron dos números en una serie de casi cincuenta años de vida. Sin embargo, si nos paramos a analizarla, veremos que efectivamente sí tiene un cierto peso.

En primer lugar, por el tema que trama, la cuestión racial. X-men ha sido una serie que, según los entendidos, era la forma en la que Marvel denunciaba la segregación racial y apoyaba de manera soterrada la lucha por los Derechos Civiles. Pero lejos de hacer a sus personajes, en principio, miembros de minorías étnicas, sus héroes eran blancos y anglosajones, para hacerlos más atractivos a los lectores de 1960. ¿Cuestión de marketing o doble moral? Según se quiera ver. 

Con su segunda Génesis, la llegada de Chris Claremont y Len Wein a la colección, se introdujo el factor internacional y el multiracial. Los X-men de Claremont ya no eran blancos y anglosajones, ahora eran alemanes, rusos, negros, indioamericanos, canadienses... Y la cuestión racial y la persecución hacia los mutantes tomaba tintes más serios, más allá de la dicotomía maniquea de los primeros años. 

En este aspecto, el arranque de la saga de Fénix sirvió para ejemplificar esta idea, con el regreso de los Centinelas, que ya habían debutado casi una década atrás. Pero todavía quedaba el redoble de tambores, en el cual se establecia una analogia entre la persecución de los judios en la Alemania de Hitler y el trato que recibían los mutantes. Para ello se introdujo un personaje judio (Kitty Pryde) y se profundizó el origen de Magneto, explicando que era un superviviente del Holocausto, y de ahí su neurosis y paranoía hacia los humanos.

Toda esta argumentación en contra de la segregación racial y a favor de los derechos civiles alcanzaría su clima precisamente en estos dos números de Días del Futuro Pasado. En ellos se mostraba cómo podían ser el futuro de los mutantes, Un mundo lleno de campos de concentración, en donde los no humanos eran marcados con una gran M que les identificaba como ciudadanos de segunda clase y un estado policial que gobernaba Estados Unidos, la tierra considerada la Tierra de la Libertad, hasta entonces.

Dicho de otro modo, La Patrulla-X: Días del Futuro Pasado es la culminación argumental que establece el discurso persistente y el tira y afloja sobre el futuro de la humanidad y de los mutantes. La lucha de la Patrulla-X contra la Hermandad y contra los reaccionarios anti-mutantes no es ya una lucha simplista de bien contra el mal, es una lucha por encontrar el dialogo entre radicales e intrasigentes.

Así, Charles Xavier se convierte en Martin Luther King mutie, mientras Magneto es la víctima reaccionaria reconvertida en terrorista, y los Centinelas y sus creadores, los ejecutores y cerebros de estados segregacionistas y totalitarios. Esta misma construcción persistiría y, en parte, se matiene hasta nuestros días. Aunque a día de hoy, el pacifista es Lobezno, el reaccionario Cíclope y Magneto... bueno, Erik Lehnsherr ya tiene bastante con parecerse al Profesor Kaos de South Park, dejémoslo ahí. 

Además, como ya os podréis imaginar, al final el mundo del cómic vive de sobreexplotar arcos argumentales y cross-overs explosivos (y si no mirad Secret Wars 3). Por lo que, más adelante, esta aventurilla dio para mucho más. Por un lado se rescató de su continuidad a Rachel Summers (la hija de Jean Grey y Cíclope) y se creó una nueva historia llamada Días del Futuro Presente. Pero eso, lectores, es ya otra historia. 

¿En qué se parece a la película?

La idea, en general, es bastante similar, pero la adaptación libérrima de toda la franquicia X-men contraataca. En primer lugar, mientras los cómics se desarrollan en los 80, nosotros ya sabemos que la película se desarrollará durante la presidencia de Richard Nixon (principios de los setenta).

Además, el viajero en el tiempo no será Kitty Pryde, sino Lobezno, el único personaje que ha aparecido en todas las películas de la franquicia (en todas, sí. Sl cameo de X-men: Primera Generación cuenta). Pero bueno, como la cosa es usar a Hugh Jackman como cameo a cualquier precio, y teniendo en cuenta que Lobezno es el personaje más rentable (y explotado) de X-men, tampoco debería extrañar estas decisiones.

¿Por lo demás hay alguna otra diferencia? Imaginamos que también habrá bastantes cambios entre una versión y otra. Pero como aún no hemos viajado en el tiempo para ver la película, imaginamos que al final, salvo el título y la idea fundamental de su argumento, la historia tirará por los derroteros que hayan deseado los guionistas. Esto, en esencia, no es malo, ni tampoco es la primera vez que ocurre. 

De hecho, en la serie de televisión de dibujos de los 90, el viajero en el tiempo no fue tampoco Kitty Pryde. En su lugar el Marty McFly mutante fue Bishop, personaje que por entonces estaba de moda y que en esta película interpreta Omar Sy. Y en otras adaptaciones, la versión de la historia también ha variado, siendo Xavier el viajero incluso. 

Dicho ésto, en caso de que tengáis dudas y queráis leeroslo, ahí van un par de recomendaciones. Si deseáis haceros con estos cómics en formato físico tenéis dos opciones. La primera, patearos tiendas de cómic en busca de los tebeos que engloban esta historia, y que pueden encontrarse en diversos formatos. Es engorroso, pero si os gusta la arqueología comiquera, puede ser hasta emocionante.

La segunda opción es más sencilla. Tan solo tenéis que recurrir a la edición de Panini del segundo tomo de La Patrulla-X de Marvel Gold. Este tomo, un monstruo en cuanto a tamaño, contiene tanto la saga completa de Fénix como Días del Futuro Pasado y algún que otro material inédito. Resulta muy atractivo y queda de miedo en una estantería. Ahora bien, su precio es de 39,95 euros; pero eso sí,  bien lo merece. No en vano tiene una buena encuardernación y en su interior se recoge posiblemente la mejor etapa de los X-men clásicos. 

Aunque si preferis algo más discreto y barato, también podéis optar por la edición de 2006 de Biblioteca Marvel, que se editó en Blanco y Negro. De ahí que su precio también sea más reducido. 

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