Reportaje

El Spider-man de Sam Raimi: La visión comiquera

Por Jesús Delgado
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Hacemos una crítica de la trilogía de Spider-man de Sam Raimi, la primera encarnación moderna del personaje realizada por Sony. ¿La mejor adaptación o la peor? Veamos los claros y oscuros de esta particular versión del superhéroe.

Se acerca el estreno de Amazing Spider-man 2, la segunda película de la versión de Spider-man que está realizando Marc Webb a modo de reboot. Por eso, y aunque las comparaciones son odiosas, no podíamos dejar pasar la ocasión para preguntarnos si aquello de "tiempos pasados fueron mejores" es cierto y recordar cómo fue la saga de Spider-man dirigida por Sam Raimi (Evil Dead, Oz) en la pasada década  

¿Contentó a los fans o falló como adaptación? Depende a quien le preguntéis, las respuestas varían. Por eso mismo, en el siguiente reportaje, vamos a analizar las películas, la trilogía al completo, sacando sus pros y sus contras. ¿Os animáis a leernos?

Primeras consideraciones

¿Quién no conoce a Spider-man? Junto a la de Superman y Batman, la historia de Peter Parker es un drama que podemos encasillar prácticamente dentro de la cultura popular, con representaciones que todo el mundo conoce y comprende: la picadura de la araña radiactiva que le otorgó poderes, su trabajo como fotógrafo, la muerte de Tío Ben, la fragilidad de la Tía May, las novias, un traje negro y otro a colores, el Duende Verde, el Doctor Octopus, el jefe tirano y con mal genio que además fuma los puros... En definitiva, Spider-man es un personaje popular, un mito moderno, un símbolo con unos valores y un trasfondo que prácticamente cualquiera en Occidente conoce.

Sin embargo, lo de Spider-man es el mayor culebrón moderno que la historia se haya encontrado. En 50 años de vida del personaje su historia ha dado más vueltas que una noria y en ningún momento se ha rebooteado ni reseteado (con permiso de las versiones Ultimate o las series de dibujos animados). ¿Que implica esto? Que lo que tenemos es un universo cargado de elementos, tramas, personajes y enfoques. Esta complejidad hace que una adaptación sea tremendamente complicada. Y si a ésto le aunamos la popularidad y la cantidad de seguidores que el personaje tiene, veremos que ante la primera libre interpretación de los cómics, los fans saltarán con locos aullando aquello de "vaya mierda, no era así en los cómics". 

Las comparaciones son odiosas. Pero, siendo justos, esas mismas libertades se han tomado en otras películas y no han sido tan criticadas. Un ejemplo claro es Iron Man. ¿Por qué motivo, si Iron Man y Spider-man son ambos superhéroes igual de viejos, se mira más con lupa a uno que a otro? Simple y llanamente porque Iron Man hasta hace poco era serie B (conocido por unos pocos), mientras que Spider-man era serie A, un ícono que, como hemos dicho, conocía todo el mundo y por lo tanto, estaba sujeto a más control por parte de los lectores.

¿Qué tiene eso que ver con lo que nos ocupa? Pues que debemos retrotraernos a 2002, cuando sólo X-men, Blade y las películas de Batman habían logrado hacerse un hueco en las taquillas, abriéndose paso a codazos y siendo los superhéroes un género muy outsider y minoritario. En semejante situación, el director Sam Raimi y el guionista David Koepp (Jurassic Park, Misión Imposible) se encuentran con el papelón de llevar por primera vez en treinta años al héroe más popular de Marvel, el cual iba a ser revisado a fondo por la crítica.

¿Y qué decisión tomaron? ¿Decidieron arriesgarse y tomar al Spider-man moderno, aquel de la saga del clon, que estaba al borde del divorcio y con una crisis de identidad de aúpa? ¿O tomaron al de McFarlane, ochentero, para meterse en harina con Veneno, el Duende y otros malos modernos que no conocía todo público? Ni mucho menos, el tándem decide volver al material original, al concepto de Spider-man que leyeron siendo niños: el Spider-man original de Stan Lee y Steve Ditko.

¿Qué significa eso? Que este Peter Parker deberá ser un adolescente, feúcho, sobreprotegido y nerd. Para este fin, buscan a un actor que no es la alegría de la huerta: Tobey Maguire. Para hacer más miserable su vida aún, deciden que su vida como civil en general será una tragedia griega, mientras que como héroe la mayor parte de sus luchas serán triunfos. Y lo mismo ocurrirá respecto al mundo que le rodea: Peter tendrá que apañarse con un presupuesto muy ajustado, teniendo que vivir atormentado por la culpa del asesinato de su tío Ben. En definitiva, vuelve a la esencia que enganchó a su público en los años 60.  

¿Ahora, es ese Spider-man el mismo que conocemos? ¿Es el Spider-man de Raimi el que la mayor parte de los espectadores jóvenes reconoce en los tebeos y las series de televisión? La respuesta es obvia: No. Y ese es a la vez su mayor logro y su mayor tragedia. Raimi trata de revivir un estilo de narrativa que no se ajusta a la concepción de Spider-man, después de 40 años en los que por las múltiples series del héroe han pasado un largo carnaval de guionistas (a cada cual más sádico en los últimos años, por cierto). Y eso, sin contar con las adaptaciones de dibujos: la serie de los 90, Spectacular Spider-man, Ultimate Spider-man... Así pues, ¿realmente se ajusta la visión de Raimi a los cómics?

Las películas

Cuando Raimi intenta hacer "el Spider-man de Ditko y Lee" se encuentra con que el tiempo ha pasado y que su héroe de la infancia tiene demasiados personajes. De ahí que se tome licencias, aunque pretenda mantener un tono similar en las películas. Pero claro, todo esto crea ruido en la ambientación, que mezcla un estilo muy colorido y vistoso con una historia cargada de drama. 

Sin embargo, como primeras películas de Spider-man, el resultado es brutal. Sí, muchos fans se ofenden aún por ver al villano elegido para esa película, el Duende Verde, embutido en una armadura de Power Ranger o porque Gwen Stacy es sustituída por Mary Jane. Pero, ¿y qué? Sus seguidores tuvieron por primera vez una película "en condiciones" de Spider-man, que además gusta y capta público más allá de los frikis. Gracias a esta cinta, el Hombre Araña se hace aún más popular, convirtiendose en un tema bastante mainstream. Con un resultado tan positivo, dos años después tenemos una segunda película.

Así, en 2004, Alfred Molina cogió el relevo como villano de turno y encarnó al Doctor Octopus en Spider-man 2. Las secuencias de esta cinta se volvieron más espectaculares y los combates mucho más dinámicos. Aunque a día de hoy los efectos nos parezcan cutres, en su momento recordemos que fueron Asombrosos y Espectaculares, como el propio Spider-man. Tanto, que la gente ya demandaba una tercera película al salir del cine de ver esta cinta. ¡Y es que Alfred Molina se nos metió a todos en los bolsillos con sus cuatro brazos mecánicos!

La máquina de dinero estaba entonces, coloquialmente hablando, on fire. Sony había descubierto una nueva gallina de los huevos de oro y Sam Raimi estaba a sus anchas contando las historias de su héroe que él quería contar cuando el estudio le encargó una nueva película de Spider-man. Para ésta tercera cinta, el director quería volver a recurrir a un villano clásico: el Hombre de Arena, al cual dará vida Thomas Haden Church. Sin embargo, las cosas se torcieron...

Sony sabía que la propuesta de Raimi no iba a ser suficiente. Hasta el momento habían seguido una proyección ascendente para que sus villanos fueran cada vez más importantes. Ya había sacado los dos malosos más sonados de los 60 y 70, el Duende y Octopus. Ahora llegaba el turno del gran villano de Spider-man en los 80: Veneno, el simbionte, el cual era la gran demanda del fandom.

Raimi cedió a desgana y aceptó meter en su cinta a dos malos por el precio de uno. Desgraciadamente, no había crecido con el personaje y no era tampoco la historia que quería narrar. Pero el estudio hizo presión y para contentar a los fans que lo demandaban, optó por forzar el guión y organizar un carnaval de personajes con un Hombre de Arena descafeinado, un Veneno que sería anecdótico y no saldría hasta el final de la película y un segundo Duende Verde (James Franco), que cambiaba el outfit de Power Ranger de Dafoe por un traje de paintball super molón y el skate volador de Marty McFly.

¿El resultado? ¿Quién de aquí no salió aberrado de la sala de cine? Entre dos horas y media de película (la más larga de superhéroes hasta entonces), el baile y el look emo/malote con flequillo de Tobey Maguire, Gwen Stacy de relleno, el final abierto y otros tantos elementos incongruentes, es un milagro que IMDB sólo le de a Spider-man 3 un 6,3 en sus notas globales.

Después de este desastre, se habló de una Spider-man 4. Pero todo el pescado estaba vendido. Sam Raimi, cada vez más desencantado, daba largas a Sony, Tobey Maguire y el resto del reparto se dedicaban a sus cosas... El tiempo iba pasado y cada vez era más obvio que no habría cuarta película. El ciclo quedó cerrado y con él una forma de contar la historia de Spider-man. Habría que esperar cinco años, hasta 2012, para que Marc Webb realizara un reboot, de la cual hablaremos en la crítica de Amazing Spider-man, junto a Raquel Hernández.

Sin embargo, y comparaciones al margen, para muchos fans, el Spider-man de Raimi se convirtió en un modelo, en un arquetipo de película. Algunos dicen que es un modelo a imitar, otros que lo es a evitar. ¿Quién tiene la razón? Sobre gustos, colores. Nosotros solo os daremos unas claves, contrastando lo mejor y peor de esta trilogía

Lo mejor del Spider-man de Raimi

Empecemos desde el principio. Esto es, los títulos de crédito iniciales. Tanto la banda sonora original de las tres películas (sino compuestas, basadas en el trabajo de Danny Elfman) es posiblemente lo mejor de todas ellas. Se trata del tema principal que recoge el espíritu de Spider-man, su condición de héroe acróbata, su dramatismo y heroísmo, el tono de aventuras en vilo... Pasará mucho tiempo hasta que volvamos a tener un tema musical tan apropiado para semejante personaje. Y si no nos creéis, ahí va un recordatorio.

Lo segundo, Tobey Maguire. La elección de este actor para el Peter Parker que buscaba Sam Raimi es excepcional. Si queremos un Peter llorón, depresivo y loser, que contraste con el carácter jovial, chistoso y amistoso que desprende Spider-man con la máscara puesta (eso buscaban Ditko y Lee en su momento), la elección da en el blanco. Además, el héroe nunca ha sido un sex-symbol, por lo que en ese aspecto, chapeau. 

Respecto a la historia, una de sus principales virtudes es precisamente que cada película tiene muy delimitados los temas de sus respectivas historias. Cada una explica lo que tiene que explicar, siguiendo una proyección lógica: Orígenes del héroe, punto de inflexión en su carrera y consolidación como leyenda. Y, salvo la última película, el desarrollo de cada cinta está es muy correcto para su época, sin irse por las ramas con subtramas o escenas que no aportan nada. 

Hay un tema recurrente en los cómics que también se repite más que el ajo en las películas: la muerte de Tío Ben, el trauma que supone por la implicación de Spider-man en este suceso y la legendaria frase "Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad". Esto y la ambientación de la extracción humilde del personaje, así como de sus valores, es digna de elogio.

El traje de Spider-man es también algo que hay que mencionar. Las mallas rojas y azules están muy bien realizadas. La historia de su diseño, la evolución de pijama/sudadera a traje de superhéroe y la escena de confección del uniforme dotan de personalidad al personaje, dotándole de cierto valor a la trama. Y bebe directamente de la historia original del año 63 y de la versión Ultimate, en la que Peter quiere disfrazarse, para ganar dinero en la lucha libre para comprarse caprichos, no para luchar contra el crimen. 

Por último, hablemos de otros actores. En general son todos intérpretes de primera línea: William Dafoe (Norman Osborn), Kirsten Dunst (Mary Jane), Cliff Robertson (Tío Ben), Rosemary Harris (Tía May) y, ¿cómo no?, el inolvidable J.K Simmons haciendo el mejor papel de las tres películas: J.J. Jameson. ¡Qué grandes momentazos nos da!

Esta buena selección de reparto repercute precisamente en los villanos. En general, todos están bastante bien seleccionados (salvo Topher Grace, que no está muy fino como Eddie Brock). Pero si le preguntáis a este redactor con cuál se queda como favorito, os dirá que con Willen Dafoe, un actor que no hubiera necesitado máscara para interpretar al Duende Verde gracias a su maestría interpretativa, además de la cara de loco que sabe poner tan bien. ¡Si incluso las líneas de dialogo que tiene podrían estar sacadas directamente del cómic! El sadismo y la locura del villano quedan muy bien retratadas, a pesar de licencias que se toman en su retrato. 

Lo peor del Spider-man de Raimi

También tiene cosas, no os vayáis a creer. No todo es hermoso en esta trilogia. La principal pega es la que ya hemos dejado caer en el texto: la tercera película. Si atendemos a la evolución de cada película y la trayectoria de la historia, al llegar a la tercera entrega, el producto final se desinfla. Lo que suele pasar cuando una película se hace más por obligación que con ganas...

La siguiente pega es el poco parecido de algunos actores de reparto con sus personajes. Un ejemplo claro de ésto es caracterización de Mary Jane Watson. Aunque Kirsten Dunst es una gran actriz donde las haya, no se parece en nada a su personaje físicamente. Si a eso sumamos que su personalidad en las cintas es más de florero que de la curtida, decidida y valiente novia/esposa/amiga que conocemos por el cómic, lo que tenemos es una pifia muy gorda. Es posiblemente la actriz y el personaje más desaprovechado de toda la trilogía.

De forma similar, las historias de los villanos flojean en tanto a que no son villanos malvados per-se, sino personas que por circunstancias toman decisiones erróneas. Se echa en falta la villanía y la malicia en Octopus, más mala leche y megalomanía en el Duende Verde, e incluso el punto canalla y bravucón del Hombre de Arena. El único personaje que es más malo que Satán es Veneno, y no es que sea muy fiel al Eddie Brock de los cómics, donde aúna fuerza bruta y astucia, siendo una máquina de matar virtualmente imparable. 

Este problema de fidelidad trasciende también al vestuario. Si bien el traje del superhéroe es genial, como uniforme le da mil vueltas y supera con creces a otras versiones (especialmente a la versión makinera de 2012), no podemos decir lo mismo del resto. Los trajes de los dos Duendes Verdes, grotesco uno, deportista, el otro; el traje negro, que no muestra la dicótoma tan significativa entre los dos uniformes en los cómics.... Incluso el Doctor Octopus, aunque bastante fiel en aspecto respecto al original, tiene algunos elementos que podrían mejorarse.

Hay que reconocer que los efectos especiales han envejecido muy mal. Lo que fuera un gran trabajo visual para representar a este complejo héroe con unos grandes efectos en su momento, a día de hoy se han quedado en algo anticuado. El "timing" también ha perdido con los años, aunque algunas secuencias como la lucha en el tren de la segunda película sigue siendo gloria bendita. 

Por ello, si el espectador no está dispuesto a verlo con ojos de la época, posiblemente saque muchas más faltas a la película. Pero claro, esto depende una vez más de la cultura cinematográfica de la persona en cuestión y del nivel de transigencia que esté dispuesta a desplegar para con ella.

Conclusiones

En líneas muy generales, Spider-man de Sam Raimi es una buena trilogia. No es el Spider-man definitivo, pero sí uno muy bueno y un gran representante de la primera generación de las películas de superhéroes. Su lanzamiento supune el culmen de la primera generación de películas de superhéroes, que acabó con El Caballero Oscuro de Christopher Nolan y la llegada Iron Man y las producciones de Marvel Studios (2008). 

Hay que tener en cuenta que sin este "primer Spider-man" no podríamos entender que a día de hoy existieran películas como Los Vengadores o El Capitán América: El Soldado de Invierno, películas que intentando ser "fantásticas" y tratar de parecerse a los cómics, manteniendo la esencial de prodigio y milagro que hay en estos, no se hace pesadas ni demasiado especializadas. De ahí que debamos reconocerle el mérito que tiene.

La trilogía de Spider-man es, a pesar de sus muchos defectos, una obra muy digna y que merece ser visionada incluso a día de hoy. Las comparaciones con la nueva película, claro, estarán a la orden del día. Como suele pasar con el Batman de Nolan y el de Burton, o el Man of Steel de Zack Snyder con el Superman de 70... Pero hablar de mejores o peores es algo que al final queda sujeto a los propios gustos del espectador, ya que en algunos aspectos esta versión es superior,y en otros no,. 

¿Entonces, qué postura es entonces la mejor para disfrutarla? Pues de una forma relajada. Lo ideal es verla como la película de su época que es, cuyo fin es el del entretenimiento y el de rendir homenaje a la encarnación clásica del superhéroe más grande de Marvel.


Si te está gustando recordar el pasado y el presente en el cine de Spider-man, el héroe más grande Marvel Comics, no os perdáis nuestros especiales sobre las películas de Spider-man

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