Análisis

Análisis de Horn, el hermano tocón de Link

Por Carlos Hergueta
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Zynga se olvida por un momento de sus "loqueseaVille" y edita una de las mejores aventuras para móviles y tabletas. Su apartado gráfico es apabullante, pero además ha sido creado con cuidado, pensando bien en estos dispositivos.

Géneros como la aventura y el rol son habitualmente llevados a las pantallas táctiles tal cual, en desarrollo y control, a como los hemos conocido en las consolas. Sin embargo, un tablet no es un mando y recurrir a sticks virtuales no ha resultado del todo efectivo. Y no es que estos géneros no puedan ser entendidos con otro tipo de control como el 'point & click', 'point & touch' en este caso, como ya hemos visto en múltiples títulos para PC al margen de las aventuras gráficas. Nintendo también demostró que una saga con unas líneas tan definidas como Zelda también era perfectamente compatible con las pantallas táctiles en Nintendo DS.

Horn es toda una sorpresa que huye de los 'sticks' virtuales y recurre a este sistema de tocar hacia donde queremos ir en una pantalla táctil. Lo hace con una cámara en tercera al hombro, que es lo que resulta más sorprendente a priori. Sin embargo, con la práctica es cómodo e intuitivo, ya que nos permite incluso jugar la mayoría del tiempo con una mano, con la tableta encima de la mesa, mientras exploramos el escenario buscando objetos o pulsando interruptores. 

Pygon, papel y tijera

El protagonista de la aventura, que le da su nombre, es un joven que despierta un día tras un extraño sueño. No sabe cuánto tiempo o qué ha ocurrido, pero pronto descubre que es la única persona viva del mundo y que han pasado muchos años. Y no solo el único ser humano... también es el único ser vivo que camina por la tierra, ya que todos los animales se han transformado en unas criaturas llamadas Pygon.

Los Pygon son unas criaturas de piedra que han lanzado una maldición con la que quieren imponerse como la criatura que domina la tierra. Por supuesto, eso no gusta nada a Horn, que comienza a combatirlos y a buscar la forma de terminar con la maldición. La historia resulta lo suficientemente amena para querer conocer el final y el guión se anima con algunos personajes que se incorporan y los diálogos que mantiene Horn con un personaje Pygon, el típico secundario cómico. Ni el mundo ni los personajes derrochan el carisma de los grandes, sin embargo.

El desarrollo puede recordar al de otras aventuras, con las que se le ha comparado habitualmente, como Zelda o Fable. Sin embargo, Horn es completamente lineal y muy sencillo. Desde el comienzo tenemos un arma que dispara (en primera persona) y funciona de gancho para acceder a determinadas zonas elevadas. También contamos con una espada, bombas y pociones de curación.

Los niveles se encuentran en pequeños mundos centrales temáticos (bosque, isla, montaña nevada), con un sistema que recuerda a Mario 64. No hay que explorar, sino sencillamente ir a la puerta de entrada de cada fase. Estas se desarrollan, como decimos, de forma muy lineal y sencilla. Sí tenemos algunas tareas: debemos tocar un cuerno mágico (que, por cierto, recuerda a cierta ocarina), mover objetos o pulsar interruptores, y hasta hay algún puzle ligerito. También sorteamos algunas plataformas tocando aquí y allá. Sin embargo, nada supone un reto y todo se presenta ante nuestros ojos con cada nuevo paso.

Lo cierto es que el asunto se llega a hacer algo repetitivo y resulta poco estimulante. Los combates ayudan en este sentido. Cuando Horn se encuentra con un pygon, el juego entra en el modo de lucha 1 contra 1. Podemos girar alrededor de nuestro enemigo, usar bombas para aturdirlo y tomar pociones de curación. También debemos buscar el punto débil para hacer más daño y pulsar un botón que aparece en el momento justo para saltar y evitar ataques especiales. El sistema es divertido y de nuevo le va como anillo al dedo a la pantalla táctil.

Además de afrontar los combates que surgen a lo largo de la aventura, podemos entrar en un nivel especial de resistencia que hay en cada uno de los tres mundos de Horn. En esas fases combatimos sin cesar, un combate tras otro y cuanto queramos y mientras nos duren las pociones de curación, para acumular puntos de evolución (que también conseguimos en los niveles normales). Dichos puntos los canjeamos en cualquier momento o en la forja, donde sale más económico, a cambio de armas más potentes, mejoras y medallones que nos suben la vida o la fuerza, por ejemplo. También podemos comprar nuevas y carísimas indumentarias.

El juego de Zynga, por supuesto, incluye microtransacciones. Afortunadamente, es una opción que se puede valorar pero que no se hace necesaria para que la aventura resulta satisfactoria. Por ejemplo, podréis pagar por una indumentaria para la que tendríais que estar mil horas jugando porque queréis daros ese gusto estético, pero no hay objetos o poderes supermolones que te quedas sin probar de forma frustrante sin pasar por caja. Es decir, no te hace sentir como un idiota haber pagado para luego seguir sangrándote con pequeñas descargas como, por ejemplo, Michael Jackson The Experience.

Horn entra por los ojos

Estamos ante una aventura en toda regla, no especialmente profunda ni sesuda. Sin embargo, también funciona bien en una tableta y es entretenida, si bien destaca por un apartado técnico increíble en estos dispositivos. Y no usamos increíble a la ligera; nos referimos a tan increíble como que no hemos visto nada así en un terminal móvil, al margen de la demos Epic Zitadel y de los Inifinity Blade, ambos de Epic Games.


No podemos negar que Zynga, que nos tiene habituados a sus "clonVille", nos ha sorprendido. La compañía se ha puesto las pilas y ha confiado para el desarrollo de Horn en Phosphor Games, un pequeño estudio que ha firmado títulos móviles interesantes como The Dark Meadow (muy buen juego y gratis en la App Store, por cierto) y el minijuego de explotar burbujas de Kinect Adventures.


Este estudio ha exprimido a base de bien el Unreal Engine de Epic, logrando entornos grandes, detallados, con colores vivos y texturas definidas, enormes personajes, partículas que vuelan... Un regalo para los ojos. Siendo honesto, como fan de esta evolución vertiginosa que experimentan los entornos gráficos en las plataformas móviles, me animo a decir que disfrutar del mundo de Horn, solo desde un punto de vista visual, ya merece pagar los 5,49 euros que cuesta.


Para finalizar diremos que, a pesar de sus carencias como aventura, Horn también es mucho más profundo, largo (unas ocho horas le podréis echar fácilmente entre la aventura y los combates que afrontaréis para acumular puntos o por pura diversión) y acertado en el control de lo que solemos ver en tabletas y smartphones. Todas esas virtudes, unidas a la gran experiencia visual que ofrece, hacen de Horn una descarga obligatoria. Ya está disponible en la App Store.

Valoración

Muy buena aventura. A pesar de que se hace algo repetitiva por momentos debido, es el referente del género en móviles y tabletas en muchos sentidos, como el control o los gráficos.

Hobby

87

Muy bueno

Lo mejor

Su apartado visual es increíble y el sistema de control, perfecto para una pantalla táctil.

Lo peor

La dificultad y el diseño hacen que sea poco desafiante y repetitivo por momentos.

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