Análisis

Análisis de Max: The Curse of Brotherhood

Por Daniel Quesada
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Versión comentada: Xbox One

Los niños aventureros son un clásico de las plataformas. Ahora bien, a pocos les sirve tanto tener un "coco" tan grande como a Max, el héroe del rotulador mágico. ¡Aquí importa tanto saltar como pensar con lógica!

ACTUALIZADO 28-5-2014: Max The Curse of Brotherhood acaba de llegar a Xbox 360, así que aprovechamos para repasar con vosotros el análisis que hicimos en su momento de la versión para Xbox One.

TEXTO ORIGINAL:

Hace casi 4 años, la aventura de Max and The Magic Marker sorprendió en Wii con un desarrollo a medio camino entre las plataformas y el puzle. Esta secuela vuelve a apostar por la misma fórmula, aunque con unos gráficos más adaptados a los nuevos tiempos. En The Curse of Brotherhood, el pelirrojo protagonista ha de rescatar a su hermanito Felix de las garras de Mustacho, un villano que está sembrando el caos en un bosque de fantasía. En vez de usar baba de caracol, quiere utilizar a Felix para recuperar su juventud.

Como en casi cualquier juego de plataformas, Max puede saltar, empujar, trepar y balancearse, pero la gracia de este título se encuentra en el rotulador mágico que el chavalín usa. Gracias a él, podemos interactuar con determinados objetos del escenario. Al principio, sólo es posible usarlo en los charcos con brillo naranja. Al desplegar el rotulador para que flote por la pantalla y tocar esos charcos, podemos provocar que emerjan unas columnas de piedra. Algunas podrán ser más altas que otras y, gracias a ellas, crearemos plataformas o barreras para los enemigos.

Más adelante, liberamos nuevas habilidades como dibujar ramas o lianas o proyectar chorros de agua. Además, esos objetos se puden vincular entre sí. Por ejemplo, si primero creamos una columna de piedra y después dibujamos una liana que se enganche con ella, crearemos un puente improvisado. En muchas ocasiones, la solución para llegar al siguiente punto del mapeado será evidente, pero en otras nos tocará pensar un poquito para combinar las distantas variables que podemos dibujar. La física también tiene su relevancia. ¿Y si creamos un camino para que una roca ruede y derribe una pared, por ejemplo?

En determinadas ocasiones, habrá que dibujar los objetos necesarios a toda pastilla. ¡Incluso hay ciertos retos que se resuelven en tiempo bala! La dificultad de The Curse of Brotherhood, aunque es progresiva y a veces se basa en el ensayo y error, nunca llega a resultar desesperante y, de hecho, los retos suelen ser bastante satisfactorios. Además de la salida de cada zona, también podemos buscar objetos secundarios por el escenario (70 tentáculos con un ojo o las piezas de un amuleto), por lo que los más curiosos podrán complicarse un poquito más la vida.

Un "cartoon" con sesera

Aunque Curse of the Brotherhood se juega en 2D, los gráficos son poligonales en esta entrega. Se mantiene el look propio de dibujos animados infantiles (¿soy el único al que Max le recuerda a Jimmy Neutron?), lo cual se traslada también a los enemigos. Aunque no son muy variados, tienen un diseño y unas animaciones muy divertidos. Además, el protagonista no para de hacer comentarios (en inglés, con subtítulos en español) sobre lo que sucede a su alrededor o de lanzar un "uoooooo" cuando se balancea con una liana, lo que hace que empaticemos con él y nos contagiemos del aire desenfadado de la aventura.

Hay bastantes y simpáticas escenas de corte, aunque tanto estas como algunos momentos presentan un defecto incomprensible: ralentizaciones. Los gráficos tienen cierto nivel de detalle, pero no es nada que no pudiera mover una Xbox 360. Así pues, ¿por qué se ralentizan en Xbox One? Mucho nos tememos que el juego se ha gestado en su versión para 360 (que no acaba de ver la luz, por cierto) y se ha optimizado mal para One. En cualquier caso, se trata de momentos puntuales que no afectan a la experiencia de juego.

Sí resultan algo más molestas las escenas de persecución, en las que un enorme monstruo nos pisa los talones mientras que hemos de pasar de una plataforma a otra casi por instinto. Estos segundos de tensión nos piden bastante precisión, por lo que es bastante probable que nos toque repetirlos varias veces, lo que arruina toda la emoción inicial que ofrecían.

El resto de retos sí están a la altura y combinan puentes que se caen inesperadamente, vertiginosos saltos de lianas o trampas con las que frenar a los enemigos contra reloj. En general, el ritmo de The Curse of Brotherhood es muy bueno y nos transmite un aire aventurero que nos pica la curiosidad constantemente.

En resumen, tenemos un juego que por momentos recuerda a clásicos como Abe's Oddysee o Heart of Darkness (con los que comparte alguna que otra muerte cruel del protagonista) pero que tiene una identidad propia muy bien definida. No es especialmente rompedor en lo jugable ni en lo técnico, pero su buen ritmo os animará a no deteneros hasta salvar al pobre Felix. ¡Aguanta, brother!

Valoración

Aunque no exprime la consola como debería, es una aventura plataformera muy bien planteada. El diseño de sus retos os atrapará.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Los puzles tienen la dificultad justa y son divertidos de resolver.

Lo peor

One puede ofrecer un apartado técnico muy superior.

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