Análisis

Cine de ciencia ficción: 2001, una odisea del espacio

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: Un viaje desde  los primeros resquicios de inteligencia humana hasta el "futuro". En el año 2001, el astronauta David Bowman inicia un viaje hacia Júpiter para llevar a cabo una misión secreta. En su periplo descubrirá una nueva dimensión de la existencia. 1968 - DIRIGIDA POR Stanley Kubrick - PROTAGONIZADA POR Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester y Douglas Rain

"Es como mirar una puesta de sol". Así definió George Lucas en una ocasión 2001: Una odisea del espacio. Se refería a que es una experiencia que se tiene que asimilar con calma, disfrutando no de la velocidad sino de la sutileza. En sus dos horas y media de metraje, Stanley Kubrick incluyó una lección magistral de fotografía, pero también de filosofía, narrativa... Y hasta de sonido. Y todo ello, protagonizado por una panda de simios y un señor con una pecera en la cabeza.

Pero, ¿esto qué es?

La primera vez que ves 2001, te quedas un poco descolocado. Eso, si no te has dormido mientras la estación especial gira al son de El Danubio Azul. No es un film para ver comiendo palomitas y comentando cada plano. Hay que prepararse para, al igual que sucede a los astronautas de la Discovery, bajar nuestros biorritmos y asimilar despacio lo que está ocurriendo, dejarnos llevar por su particular tempo. Aunque lo consigamos, necesitaremos volver a verla de nuevo (varias veces) para abarcar todo lo que quiere decir. Y, a pesar de eso, nunca tendremos una respuesta definitiva. Y eso es, sencillamente, porque esa respuesta no existe. Kubrick quiso que cada uno interpretara el film a su manera, que sacara sus propias conclusiones. Quizá por eso se enfadó tanto cuando Arthur C. Clarke, autor del guión y del relato original, siguió adelante por su cuenta con 2010: Odisea dos y lo volvió todo demasiado explícito.

La historia se divide en tres grandes actos: el primero tiene lugar en el llamado "amanecer del hombre", cuando los primeros primates luchan por sobrevivir en un entorno hostil. El segundo, cuando el doctor Heywood Floyd viaja a la Luna para investigar un extraño monolito de origen desconocido. El tercero, cuando el astronauta David Bowman viaja hacia Júpiter en una nave controlada por el súper ordenador HAL 9000. Cada uno de estos arcos tiene un sentido por sí mismo, pero todos tienen algo en común. Lo más evidente es el monolito, cuya fantasmagórica presencia parece cambiar algo en los protagonistas. Pero lo que subyace es algo más importante: la evolución. No queda claro cuáles son los engranajes que provocan esos cambios o qué es exactamente el monolito (¿es Dios? ¿es un artefacto extraterrestre? ¿es las dos cosas?), pero gracias a él la humanidad sigue avanzando estadios.

La muestra más evidente de esa intención es lo que en su momento se llamó "la elipsis temporal más abrupta de la historia del cine". Después de que el simio (conocido como Moonwatcher entre los fans de la peli) entienda que un hueso puede ser usado como herramienta, lo usa para imponerse a un clan rival. Su clan, gracias a ello, comienza a andar algo más erguido. Tras su victoria, el simio lanza al cielo el hueso. Lo vemos en pleno vuelo hasta que, bruscamente, se muestra una nave espacial. De un plano a otro han pasado miles de años. Esta maniobra parece indicar que todo lo que hay en medio es irrelevante.

La historia por sí sola nos origina muchas teorías filosóficas, pero además está concienzudamente plagada de referencias culturales. Desde los electrodomésticos Whirlpool o los ordenadores IBM en la nave espacial, hasta ese manual de instrucciones del retrete en gravedad cero o, en plan más "hardcore", el tema musical más conocido de la película: Así habló Zaratustra. Strauss compuso esta pieza inspirado por la obra literaria homónima de Nietzsche, que a su vez versaba sobre el superhombre y la muerte de Dios. Todo está conectado...

El malo de un solo ojo

Aunque 2001: Una odisea del espacio tiene un marcado carácter descriptivo y filosófico, hay una historia en el metraje. Ya hemos hablado de los simios, pero el núcleo de la película está centrado en Bowman y, como no, el inolvidable HAL 9000. Hay quien dice que es el mejor villano de la historia. Yo no me atrevería a tanto, pero desde luego creo que es uno de los más memorables. En un principio, HAL es una máquina perfecta. Su serie nunca ha cometido un error y es capaz de encargarse de todas las labores de la nave mientras charla con sus tripulantes o gana a uno de ellos a una partida de ajedrez. Por cierto, reto a alguien a que encuentre una representación de un videojuego (ese ajedrez virtual) en una película anterior a esta. ¡Estamos hablando de un film de 1968!

Ojo, spoilers:

La cosa se tuerce cuando HAL detecta un error en la nave que no está ahí. ¿Fue una valoración errónea por su parte o quiso poner a prueba la fidelidad de sus astronautas si algo salía mal? Lo más inquietante es su inherente frialdad al eliminar a todos los miembros de la tripulación, ya sea abortando sus funciones vitales en la hibernación o cortando el tubo de respiración de Poole en el vacío. No hay discursos victoriosos, ni sonrisas malignas. Sólo un inquisitorial ojo rojo observándolo todo.

En la derrota de Bowman a HAL es cuando vemos que, quizá, eran los sentimientos del ordenador los que estaban detrás de todo. Cuando está a punto de ser desconectado, ruega a Dave que se detenga, porque tiene miedo. Expresa todo ello con el mismo tono monocorde de antes. Es patético y terrorífico a la vez. El que había sido un dios en la nave, ahora no puede hacer nada para evitar su muerte. Da que pensar sobre nuestra dependencia de las máquinas, pero también sobre el nuevo paso para la Humanidad que está dando Bowman al matar a HAL. El hombre venció a la naturaleza al usar herramientas. Ahora, está derrotando a sus propias herramientas. De nuevo, Dios ha muerto.

Fin de los spoilers

Con el tiempo, HAL se convirtió en un icono cultural, que ha sido parodiado en mil y una ocasiones (¿visteis el especial de Halloween de Los Simpson?) y ha influido en montones de obras de ficción. ¿O creéis que Legión de Mass Effect habría tenido el mismo carácter y aspecto si no hubiera existido esta película?

"The ultimate trip"

Esta fue una de las frases-reclamo que se usó en los carteles de la película. Por supuesto, se trataba del "viaje definitivo" de la Humanidad, pero quizá también tuviera que ver con el aire psicodélico que respira 2001. De nuevo, os recuerdo que estamos en los años 60... No hablamos tanto de las largas secuencias espaciales, sino sobre todo de...

Ojo, spoilers

... ese viaje a través del monolito, en el que Dave llega al infinito y más allá. Esa larga secuencia, concebida gracias a una técnica fotográfica conocida como slit scan, debe ser lo más parecido a tomarse un "tripi" que haya filmado nadie (bueno, la verdad es que nunca me he tomado uno, ejem), pero en el fondo quiere dar a entender que estamos viajando por un universo, una dimensión que no somos capaces de asimilar. Todo ello culmina con una secuencia en la que Bowman se ve a sí mismo cada vez más viejo, hasta volver a entrar en el monolito y transformarse en ese "feto estelar" que se muestra en toda su belleza junto a la hiperbólica música de Strauss.

¿Qué es el feto? ¿Por qué Dave se ve a sí mismo en distintas etapas? De nuevo, no hay una enterpretación clara, pero se entrevé una sensación de trascendencia, de huída del propio cuerpo. El personaje ya no es un humano, es otra cosa... Es parte del Universo.

Fin de los spoilers

Un antes y un después del género

Que quede claro: ni Spielberg ni Lucas ni prácticamente ningún director de ciencia ficción habría creado sus obras de la misma forma en que lo hizo si no hubiera existido 2001: Una odisea del espacio. Kubrick se atrevió a tomarse la ciencia ficción en serio en una industria en la que ese género significaba hombrecillos verdes y hormigas gigantes que atacaban a damiselas semidesnudas. No solo eso: ofreció técnicas fotográficas y de efectos especiales absolutamente adelantadas a su época. ¡Os recuerdo que se estrenó 9 años antes que Star Wars! Todo en ella demuestra una obsesión casi enfermiza por el detalle (si podéis, vedla en Blu Ray para apreciar todos los pequeños monitores o las personas que se mueven en los planos generales de la luna) e inventó planos que aún hoy traerían de cabeza a los cineastas más astutos.

De acuerdo, todo el mundo tiene un aspecto demasiado "ye-ye" para tratarse de una película sobre el futuro... También es cierto que fue demasiado optimista sobre la carrera espacial (¿llegarán algún día los vuelos comerciales a una estación espacial?), pero también ofreció una enorme obsesión por la precisión científica, algo que asombró a un planeta Tierra al que aún quedaba un año para poner el pie en la Luna.

Aunque Kubrick decía que no era especialmente amigo de la ciencia ficción, coqueteó con ella en La Naranja Mecánica y estuvo a punto de volver a revolucionarla con Inteligencia Artificial... Si no se hubiera muerto antes. Da igual, con esta particular odisea tuvo suficiente para hacer madurar el género de golpe, como si la industria del cine hubiera tocado su propio monolito.

Quizá la primera vez la aborrezcas. A la segunda, algunos detalles te despertarán curiosidad. Con el tiempo, acabarás enamorado de ella y, cada vez que vuelvas a visitarla para recordar por qué era tan grande, volverás a tener el vello de punta al escuchar a Zaratustra y no sabrás muy bien por qué. Esa es la magia de 2001.

Otros clásicos de la ciencia ficción

¿Os habéis quedado con más ganas de viajes en el tiempo, futuros apocalípticos o viajes espaciales? Podéis ver el resto de críticas de clásicos ci-fi en nuestro recopilatorio especial de ciencia ficción.

Valoración

Una obra maestra de la ciencia ficción, majestuosa en sus efectos especiales e increíblemente provocativa en su narrativa. Hay que verla una vez en la vida... O mejor diez, para entenderla del todo.

Hobby

96

Obra maestra

Lo mejor

Lo adelantada a su tiempo que estuvo en todos los sentidos.

Lo peor

Su ritmo lento no es del gusto de todo el mundo.

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