Análisis

Transformers: La era de la extinción ¡Crítica doble!

Por Fátima Elidrissi
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CRÍTICA DE Transformers: La era de la extinción (2014) - DIRIGIDA POR Michael Bay - PROTAGONIZADA POR Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Sophia Myles, Victoria Summer, T.J. Miller, Han Geng, Li Bingbing, Titus Welliver. ESTRENO el 8 de agosto. ARGUMENTO: Han pasado cinco años desde el incidente de Chicago y la Humanidad continua reparando los destrozos, pero tanto los Autobots como los Decepticons han desaparecido de la faz de la Tierra. Ahora el Gobierno de los Estados Unidos está utilizando la tecnología rescatada en el asedio de Chicago para desarrollar sus propios Transformers.

ACTUALIZADO: Con motivo de su estreno en España incluímos una segunda crítica (al final) firmada por David Martínez.

 

Una nueva trilogía ha comenzado con Transformers: La era de la extinción. Para los seguidores de las aventuras de los juguetes de Hasbro, la cuarta entrega de la franquicia presenta tres importantes novedades. La primera, un reparto (humano) a estrenar liderado por Mark Wahlberg en el papel de padre en apuros aspirante a héroe planetario. La segunda: los Dinobots, unas bestias metálicas capaces de transformarse en gigantescos dinosaurios prehistóricos. La tercera, un nuevo y exótico escenario: China. Pero, como Optimus Prime narraría con su voz de barítono interestelar, comencemos por el principio.

Transformers: La era de la extinción se sitúa cinco años después de la brutal batalla ocurrida en Chicago entre los Autobots y los Decepticons. Miles de muertos después, la Humanidad piensa que todos los Transformers son una amenaza por lo que el nuevo responsable de la CIA, Harold Attinger (Kelsey Grammer), establece una unidad especial cuyo único propósito es cazar y destruir a los robots supervivientes. Del mismo modo que ocurre en X-Men: días del futuro pasado, en la misma saga de Transformers y en un sinfín de películas fantásticas, el miedo se apodera de unos humanos que traicionan y persiguen a los que antes fueran sus aliados, en este caso con la ayuda un robot de oscuras intenciones.

Mientras tanto, Cade Yeager, un mecánico en quiebra que vive con su hija en una granja de Texas, compra un Marmon 97 semi-trailer que resulta ser el mismísimo Optimus PrimeMark Wahlberg da vida a este padre viudo que, como su hija indica, sigue comportándose como un niño persiguiendo su sueño de convertirse en un gran inventor.

El Sam Witwicky de Shia Labeouf y sus problemas con el paso a la madurez son sustituidos por un adulto que no quiere crecer, de modo que en lugar de conquistar a la chica, intentará convertirse en el héroe de su pequeña. Pero Tessa (Nicola Peltz) ya tiene 17 años y, como se veía venir, está cañón, así que los intentos de su padre por alejarla de los chicos resultan baldíos… más cuando Jack Reynor es su novio, un conductor de rallies. En resumen, la misma problemática afectiva de las películas anteriores es reubicada en distintos personajes.

Por si esto fuera poco, ahora el gobierno de los Estados Unidos está utilizando la tecnología recuperada en el asedio de Chicago para desarrollar sus propios Transformers. Es decir, los cadáveres de los Autobots y (atentos) los Decepticons. No hace falta decir que el experimento no pinta bien. Joshua Joyce (Stanley Tucci), un arrogante diseñador al frente del proyecto que piensa que los Transformers son basura tecnológica y que él puede crear robots infinitamente más avanzados a sus órdenes, encabeza esta tercera subtrama. He aquí el humano que juega a ser Dios.

La persecución comienza cuando el gobierno localiza a Optimus Prime incluyendo a Wahlberg en la cacería por haberlo salvado… y ya tenemos alianza intergaláctica para otras tres películas más o, al menos, para los 165 minutos que dura Transformers: La era de la extinción.

La trama a veces puede resultar algo difusa, así que centrémonos en lo relevante: las escenas de acción. Con un presupuesto de 210 millones de dólares, Michael Bay vuelve a componer sinfonías de destrucción y caos, esta vez con el nuevo y espectacular escenario asiático.

China es la clave

Como demuestran los 200 millones de dólares recaudados por la película durante su primer fin de semana en China, el cambio en las localizaciones no es baladí, ni tampoco una sorpresa. Porque primero, los últimos 40 minutos de la película transcurren en este país; segundo, la premiere mundial de la cinta tuvo lugar en Hong Kong; tercero, la cinta cuenta con la presencia de la actriz y cantante china Li Bingbing (a la que recordaréis por interpretar a Ada Wong en Resident Evil Venganza); y cuarto, incluso un Autobot, Drift, es un samurái, que aún siendo un guerrero japonés ayuda a hincarle el diente al mercado asiático. Y es que la enorme audiencia china y su suculenta taquilla bien valen estos pequeños cambios.

Volviendo al meollo de la cuestión, a pesar de lo espectacular de los efectos especiales, el realismo de las transformaciones y las increíbles carreras, peleas y demás persecuciones, la excesiva duración de la cinta lastra su desarrollo. Tenemos que esperar más de 30 minutos para ver a Optimus Prime entrar en acción. Eso sí, las batallas, cuando aparecen son tan impactantes como nos tiene acostumbrados la franquicia.

La culpa quizá sea de su intención de abrir una trilogía y su consecuente exceso de explicaciones y presentaciones o de la insistencia en subrayar la importancia de el papel de los humanos a la hora de salvar el mundo. Aunque no se desarrolla demasiado, resulta curioso el mensaje de que cada Autobot tiene su propia alma, y en esta ocasión unos rasgos distintivos íncreíblemente humanizados. Si uno de ellos hasta fuma puros a lo Hannibal en el Equipo A... En ese sentido, hay que reconocer que, aunque la película no apunta alto narrativamente, es consciente de ello e incluso se atreve con la autoparodia, cuando los personajes dicen que ya está bien de tanto remake y sagas peliculeras.

La aparición de una nave espacial de gigantescas proporciones ciertamente ayuda a la película a recuperar el ritmo y recuperar su habitual revestimiento épico mientras hablan del “creador” y de una importante “semilla”, el MacGuffin de la cuarta entrega tras el paso de la Allspark o el cubo en Transformers, la matriz del liderazgo en Transformers: La venganza de los caídos y los pilares que transportaban materia en Transformers: El lado oscuro de la luna.

Respecto a los Dinobots, la lógica dice que si tienes unos monstruos que piden a gritos un crossover entre Transformers y Jurassic Park los utilices todo lo que puedas, algo que no se ha cumplido tanto como nos gustaría. Su aparición es más bien escasa, aunque sus intervenciones resultan vitales para la trama.

Es verdad que la trama sigue sin mostrar una consistencia sólida y que, por supuesto, lo que se ofrece es sobre todo un torrente visual y pirotécnico que eleve el listón visual en cada entrega. Pero si vamos con la intención de ver un blockbuster al más puro estilo Michael Bay, uno de esos films de verano para ver con palomitas y (ponga su marca de refresco aquí) en la mano, es seguro que recibiréis lo que buscáis. ¡Y sus creadores no acusan el cansancio! Paramount ya ha confirmado una quinta entrega para 2016. The show must go on. 

La madurez de los Transformers

por David Martínez

Al contrario que mi compañera Fátima, yo he encontrado un cambio más profundo en La era de la extinción. Por supuesto que Michael Bay ha conservado los pilares de la saga, en particular el cambio de ritmo que le caracteriza (secuencias a cámara lenta para reforzar la épica de algunos momentos junto a enfrentamientos frenéticos). Pero en esta ocasión, no sólo el protagonista crece (Mark Wahlberg en lugar de Shia LaBeouf) sino que el conflicto y la responsabilidad de los personajes ganan una escala que deja en ridículo la batalla de Chicago de la película anterior.

Optimus Prime es un líder destronado, cuyos seguidores están ocultos, por temor a una nueva máquina, Lockdown, que resulta mucho más cruel y amenazadora de lo que había sido Megatron en las tres cintas anteriores. Y no sólo es terrible para los Autobots y Decepticons, sino que los humanos muestran una fragilidad frente a estos mastodontes de metal que antes no aparecía. Las otras grandes incorporaciones a la película son los alienígenas (que le dan un nuevo origen a todo) y los Dinobots. En ambos casos, consiguen aumentar el tono de la historia, y mantener nuestro interés pese a la exagerada duración. Y además se abre una nueva línea con la presencia de los caballeros de Cybertron, como si se tratase de la leyenda artúrica.

Transformers no es perfecta. Está llena de tópicos y tiene una historia enrevesada, pero sí despliega el espectáculo que esperábamos (en particular los últimos 40 minutos en Hong Kong) de una forma más "adulta" que el resto de la saga, y por supuesto es insuperable en niveles de destrucción y efectos digitales. También es de agradecer que nos hayamos librado del sentido del humor infantil -aunque no de las mujeres "florero"- y que sólo chirríe en la presentación de robots "raciales" como el samurai. 

Que nadie se extrañe de su arrollador éxito. Es una película "palomitera", para todos los públicos y espectacular como pocas (sólo Guardianes de la Galaxia parece capaz de hacerle la competencia). Entretenimiento puro, al que yo le hubiera dado un 75. 

Valoración

Da cierta esperanza a los fans de la saga que busquen el mismo espectáculo que ofrecían las entregas anteriores: devastadores enfrentamientos y unos increíbles efectos especiales.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Su aplicación del gatopardismo: "si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie"

Lo peor

La escasa presencia de los Dinobots. Te quedas con ganas de más.

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