Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado
Análisis

Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado - Análisis

Por Roberto J. R. Anderson
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Versión comentada: 3DS

Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado es el remake para 3DS de una entrega original de la primera PlayStation, la cual en su día no llegó a Europa. Este remake incluye gráficos rehechos en 3D, funciones StreetPass y muchas otras novedades.

La séptima entrega principal de la saga de rol japonés más clásica salió allá por el año 2000 para la primera PlayStation, pero nunca llegó a Europa. Por su parte, este remake para 3DS (que incluye gráficos completamente rehechos en 3D) está en las tiendas japonesas desde principios de 2013: se ha hecho mucho de rogar, pero por fin lo tenemos ya aquí, y ahora toca disfrutar de la aventura más extensa de toda la saga Dragon Quest.

Como siempre, el gran protagonista es un silencioso héroe al que nosotros mismos bautizamos (aunque su nombre oficial es Auster), y que en esta ocasión es el hijo de un pescador en una pequeña isla. Lo extraño del asunto es que esta isla (llamada Estarda) parece ser el único pedazo de tierra en todo el mundo, lo cual nuestro joven héroe se niega a aceptar. Junto a sus amigos Kiefer (príncipe de Estarda) y Mariel (hija del alcalde de su pueblo) pronto descubre algo increíble: hace tiempo, el mundo estaba repleto de continentes e islas, pero desaparecieron por culpa del Rey Demonio.

 

Un mundo que restaurar

 

Sin embargo, es posible revivir todos esos continentes e islas perdidos: sólo hay que encontrar los fragmentos que hay desperdigados por el mundo, y colocarlos en los pedestales de unas viejas ruinas que encuentran en un rincón lejano de Estarda: el Santuario del Despertar. Pero claro, reunir los fragmentos necesarios para restablecer el mundo no es tarea fácil: se parecen a pequeñas piezas de puzle, y hay que abrir bien los ojos para encontrarlos uno por uno durante nuestros viajes.

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Por lo general, hacen falta entre tres y seis fragmentos para revivir cada isla, y hay alrededor de veinte tierras que restaurar. Pero no basta con formar un puzle con los fragmentos: una vez completada una isla en la Sala de Ensamblaje del Santuario del Despertar, nuestros personajes se transportan automáticamente a un momento del pasado de la isla en cuestión.

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Allí, los habitantes padecen algún problema con el que debemos ayudarles: invasiones de monstruos, una lluvia que los convierte en piedra, robots programados para asesinarlos... y un largo etcétera. Cada vez que traemos la paz a una isla en el pasado, la misma tierra cobra vida en el presente, donde podemos volver a explorarla y descubrir cómo han evolucionado sus sociedades desde que interferimos en ellas.

A veces hay cambios sustanciales en los pueblos y mazmorras cuando los volvemos a visitar en el presente, pero en ocasiones sólo difieren los personajes que los habitan y poco más. Y la verdad es que puede hacerse repetitivo volver a la misma mazmorra que acabamos de explorar en el pasado, tarea que a veces resulta inevitable por la necesidad de encontrar un nuevo fragmento en la versión del presente de esa mazmorra.

 

Historias, personajes, vocaciones

 

Por lo tanto, sus 100 horas de aventura principal están divididas en muchas historias independientes con sus propias subtramas (algunas más memorables que otras), aunque todas ellas tienen algún tipo de relación con el Rey Demonio y los males que ha sembrado en el mundo. Además, durante esta larga aventura reclutamos a otros personajes jugables inolvidables: el niño lobo Gronzo, el héroe legendario Sir Enio y la exótica bailarina Jayah.

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La duración y cantidad de contenidos de Dragon Quest VII resulta gigantesca, al igual que la calidad de sus elementos clásicos de rol: combates por turnos tradicionales, mazmorras desafiantes, exploración con numerosos tesoros escondidos, y un extensísimo guión traducido al castellano. Al estilo de los Dragon Quest de DS, la traducción nos presenta diferentes "dialectos" en cada pueblo, inspirados por idiomas como el gallego, el francés y el italiano, entre otros.

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También contamos con la posibilidad de asignar más de 30 vocaciones diferentes a nuestros personajes, cada una con sus propias ventajas y habilidades, y que determinan nuestra estrategia en las batallas. Para acceder a las vocaciones avanzadas hay que dominar primero las básicas: por ejemplo, para ser gladiador hay que alcanzar antes el máximo nivel en guerrero y luchador. E incluso es posible tomar vocaciones especiales que nos transforman en monstruos, con sus correspondientes habilidades y apariencias, si encontramos los objetos adecuados.

 

Novedades en 3DS

 

Además, este remake para 3DS incorpora muchas novedades que perfeccionan la experiencia de juego. Ahora hay un radar gracias al cual es más sencillo encontrar los fragmentos de islas (en el original de PlayStation llegaba a ser un poco frustrante), los combates ya no son aleatorios (los enemigos aparecen en pantalla y sólo peleamos si los tocamos), y hay funciones StreetPass para intercambiar tablillas de viajero (que nos dan acceso a mazmorras especiales en las que conseguir objetos únicos).

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También está el Monstruológico, un recinto especial al que van a vivir ciertos monstruos con los que trabamos amistad tras luchar contra ellos. Más de 200 tipos distintos de monstruos son reclutables para el Monstruológico, y además se les puede enviar a misiones de exploración para que nos traigan tablillas de viajero adicionales.

 

Apartados visual y sonoro

 

Y por supuesto, los gráficos están totalmente reconstruidos, con escenarios y personajes modelados en 3D. En general es bastante vistoso, aunque cuando exploramos en campo abierto (fuera de las ciudades) hay algunos problemas: elementos como los árboles y los enemigos aparecen de repente de la nada, frente a nuestras narices. Pero también hay que tener en cuenta que este remake es ya un poco viejo (salió en Japón hace tres años y medio), y sus gráficos pueden haberse quedado ligeramente anticuados.

Destaca, por supuesto, el diseño de personajes y monstruos de Akira Toriyama, creador de Dragon Ball y que ha trabajado en la saga Dragon Quest desde su origen. Sin duda, su inconfundible estilo es uno de los factores clave para darle ese carisma especial a cada Dragon Quest.

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La banda sonora de Koichi Sugiyama (uno de los compositores más respetados del mundo de los videojuegos, habitual en la saga) incluye muy buenas melodías, que encajan estupendamente en el mundo de fantasía medieval del juego. Pero tenemos el mismo problema de otros Dragon Quest: hay muy poca variedad musical, las canciones se repiten demasiado y suenan las mismas en cada pueblo y mazmorra.

 

Conclusiones

 

Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado es imprescindible para quienes disfruten con el rol japonés más clásico. Su ritmo es lento (incluso para tratarse de un Dragon Quest), pero muy gratificante; su jugabilidad tradicional engancha, con esos combates por turnos sencillos pero apasionantes; y la duración de su aventura principal es la más extensa que encontraréis en un juego de rol para 3DS, con montones de historias en cada isla. No todas las subtramas están igual de logradas, pero en general derrochan ese carisma especial que tan bien ofrece la saga creada por Yuji Horii.

Tanto esta entrega como Dragon Quest VIII: El periplo del rey maldito (que también llegará a 3DS en unos meses) son joyas del rol japonés en su esencia más pura, que ningún seguidor del género debería perderse.

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Valoración

Si buscáis rol japonés clásico en su vertiente más tradicional, con este magnífico remake de Dragon Quest VII vais a quedar plenamente satisfechos: una aventura increíblemente larga, con montones de secretos, personajes carismáticos, combates emocionantes y vocaciones muy variadas.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

Larguísimo, con un mundo enorme lleno de historias. Este remake para 3DS aporta cosas valiosas, no sólo a nivel gráfico sino también jugable.

Lo peor

A menudo hay que explorar la misma mazmorra en pasado y presente. Al movernos en campo abierto, elementos como árboles y enemigos aparecen de repente.