Outcast
Análisis

Outcast temporada 1 - Crítica de la serie de posesiones de Robert Kirkman

Por Jesús Delgado
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Outcast llega con su temporada 1 a Netflix. Analizamos esta serie de tv de Fox basada en los cómics de Robert Kirkman, creador de The Walking Dead e Invencible.

Una nueva serie ha aterrizado en Netflix. Se trata de Outcast, que hasta el momento solo podíamos ver en su cadena madre, Fox. Para los que lleguéis de nuevas a esta serie, Outcast es una adaptación del cómic Paria, que Planeta Cómic edita en España. Dicho cómic, por cierto, es obra de un autor cuyas historias ya llevamos viendo un tiempo por la televisión, Robert Kirkman, al cual conoceréis sobre todo por la serie de AMC The Walking Dead y cuyos cómics llevan editándose en nuestro país desde hace años bajo el título de Los Muertos Vivientes.

Outcast es la historia Kyle Barnes (Patrick Fugit), un joven cuya vida está marcada por la tragedia. Desde niño, Kyle ha sido testigo de cómo sus seres queridos a lo largo de toda su vida han sido víctimas de posesiones demoníacas. En un intento de mantenerlos a salvo, Barnes decide refugiarse en su hogar de la infancia en Virginia Occidental, pero cuando comienzan a aparecer nuevos casos, Kyle saldrá de su reclusión para ayudar al reverendo Anderson (Philip Glenister) a luchar contra las fuerzas de la oscuridad, dada su experiencia con ellas.

De este modo empieza Outcast, una serie que se nos prometía aterradora y que pretendía seguir la estela marcada por la exitosa The Walking Dead, cambiando hambrientos zombies por posesiones demoníacas. Ahora bien, ¿ha sido suficiente el nombre de Robert Kirkman como para levantar esta serie y hacerla atractiva a los espectadores? Aprovechando la llegada de la temporada 1 de Outcast a Netflix, vamos a analizar esta serie, haciendo hincapié en esta primera etapa, señalando los pros y los contra con los que cuenta. 

¿Una serie de terror?

Cuando Outcast comienza, la puesta en escena es tremendamente prometedora. Tenemos un arranque que nos engancha y nos crea cierto interés e intriga, picándonos en la curiosidad acerca de qué narices pasa con el niño protagonista, y su extraña madre, y al cual encontramos ya crecidíto un tiempo después, viviendo poco menos que como un hobo. Luego, poco a poco, a medida que pasan algunos capítulos, vamos picando en la trampa y nos dejamos arrastrar a una sórdida trama que esconde el lado ponzoñoso del corazón de una comunidad evangelista rural. 

Y dicho así, parecería que la serie es una golosina. ¡Ojalá fuera ese nuestro veredicto! Pero no es así. Lo que comienza como una serie sobrenatural con "sustos" acaba malográndose a medida que Outcast llega a su ecuador. Los sustos dan paso a sucesos paranormales y a una normalización de los entes extradimensionales (por llamar de alguna manera a los "demonios") y te van generando más preguntas que dudas resueltas acerca del trasfondo de la historia. Y, en tanto, alcanzamos el final de la temporada 1 sin que se concrete mucho.

Esta falta de concreción, tiene como resultado una pérdida de interés que además se magnifica con el discurso lento y plomizo, que no va a ningún lado y que se dedica a estirar el chicle sin acabar de cerrar nada del todo. Numerosas subtramas se abren, proponiendo una especie de desarrollo de los personajes secundarios, que no llega a elaborarse de todo. Y es que, por mucho que la serie quiera presentar personajes con un trasfondo más allá de los tropos, recurre a estas  figuras y a los estereotipos para seguir su lenta pero inexorable marcha. Todo esto hace que la Outcast se diluya hasta tal punto, que llega un momento que ya no podemos catalogar la serie como "de terror" sino una suerte de "fantasía gris paranormal". 

Por otro lado, el discurso cultural y el tono de la propia serie resulta bastante pesado si uno no está acostumbrado al discurso protestante evangelista. Si bien esto no es una elección gratuita, sino un elemento narrativo más, el punto de vista evangelista, religión mayoritaria de Virginia Occidental, sus postulados sobre el bien y el mal y también la dicotomía entre Dios y el Diablo llega a hacer esta historia de posesiones excesivamente plana y carente de atractivo u originalidad. Y es que la separación entre pecadores y virtuosos puede estomagar a todo aquel que no comparta el punto de vista cultural del anglosajón protestante de las colonias. Sobre todo, por los personajes más bien planos que sirven para escenificar esta historia entre el bien y el mal.

De hecho, resulta un punto a tener en cuenta que con personajes que dicen tan poco, tengamos actores que defiendan tan bien su papel. Aunque el tándem protagonista formado por Patrick FugitPhilip Glenister funciona perfectamente en pantalla, hemos de decir que son los secundarios quienes acaban llevándose el gato al agua. Brent Spiner (Data en Star Trek: La Nueva Generación) es una autentica delicia en pantalla y logra meterse en el bolsillo al espectador, siendo uno de los principales ganchos del show. Y lo mismo podemos decir de Reg E. Cathey (El Maquinista, Seven), quien realiza un papel de apoyo bastante agradecido en pantalla. Aunque no son los únicos. 

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En conjunto, podemos colegir que Outcast al menos intenta ser entretenida, pero tanto su desarrollo como su fondo adolecem de una necesidad de pulido. En ocasiones parece que quiera seguir una línea de culebrón, similar a la de The Walking Dead en lugar de centrarse en contar una historia. Solo esperemos que en su segunda temporada la cosa se ponga más interesante y remonte tanto a nivel argumental como en cuanto a ritmo se refiere. 

Como ya os hemos dicho antes, podéis ver esta serie en Netflix, pero también podéis conseguir la temporada 1 de Outcast en Blu-Ray a 35,90 euros en grandes superfices y tiendas on-line. 

Valoración

Serie que se nos prometía muy aterradora, pero que pierde fuelle a medida que avanza la trama. Solo su buen reparto mantiene el interés en la trama.

Hobby

69

Aceptable

Lo mejor

El reparto, con unos secundarios de espanto. La propuesta de la historia.

Lo peor

Cómo va perdiendo fuerza a medida que la trama avanza a fuerza de tropos. Su tono moral protestante puede agotar a algún espectador.

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