Crítica de Dulce sabor a muerte, con el regreso del Eli Roth más travieso

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Crítica de Dulce sabor a muerte (Ice Cream Man), la nueva película de Eli Roth. Estreno el 4 de septiembre.
No hay que hacer muchas cábalas para darse cuenta que a Eli Roth le está costando financiar sus proyectos: la falta de medios de Dulce sabor a muerte, su última y polémica cinta, se palpa muy pronto. Sea como fuere, está por llegar a salas comerciales con el ánimo de ofrecerles una experiencia dantesca a los amantes del slasher: con un menú bien surtido de dulces deliciosamente perniciosos. Para el resto quizás sea una propuesta demasiado extrema... o demasiado cutre y boba, por decirlo en román paladino.
En la concepción de la historia, basada en un relato del propio director, hay un puñado de referencias que se captan al primer parpadeo: desde ¿Quién puede matar a un niño? del maestro Chicho Ibáñez Serrador hasta clásicos del terror como Los pájaros o éxitos recientes que incluyen a Black Phone y hasta a Weapons . Incluso se puede ver en ella una tibia émula de Terrifier.
¿Aporta algo nuevo, sorprendente o memorable? Rotundamente no. Si vas a verla al cine, que sea por las risas y te que aproveche mientras dure.
Sirope de sangre y toppings de vísceras
Apenas quedan tres días lectivos para que arranquen de forma oficial las vacaciones de verano en un idílico pueblecito en el que cada cual está haciendo sus planes: los adolescentes hacer pellas, los abusones pegar palizas y los demás tratar de sobrevivir acelerando las pedaladas en sus bicicletas.
En este contexto conocemos al joven Jared, un muchacho con intolerancia a la lactosa que es el único que se queda sin probar los deliciosos helados de una furgoneta ambulante que llega con muchos y exóticos sabores y un heladero que, valga la redundancia, le hiela la sangre.
A medida que sus amigos y compañeros los prueban, comienzan a manifestar un comportamiento extraño, como si fueran víctimas de un sortilegio: se obsesionan con una serie de dibujos protagonizada por la mascota de la empresa de helados y una pegadiza cancioncilla que precede a una verdadera masacre. Solo un pequeño grupo de supervivientes parecen quedar libres del embrujo y tendrán que buscar la manera de revertirlo aunque para ello tendrán que indagar en el pasado del pueblo y destapar un desgraciado episodio de la historia local.

Dulce sabor a muerte (menos obvia en su título original Ice Cream Man) podría funcionar mejor como corto o bien como película de terror si se le hubiera echado un poco de cariño. Es, de hecho, un punto de partida clásico ya la de la figura del adulto que capta y pervierte a los menores para aprovecharse de ellos y/o someterlos al imperio del mal. Tampoco es que la figura del "heladero asesino" sea nueva: se ha explotado en películas y videojuegos previos y cuenta con el encanto de mezclar lo infantil con el humor negro y la perversión de la violencia descarnada.
Desgraciadamente, en su tramo final la película se resiente por el abuso de la redundancia (hay un límite a la tolerancia al oxímoron de la purpurina asesina) y por una serie de explicaciones y sobreexplicaciones menos lúdicas de lo preceptivo.
Dulce sabor a muerte tiene su gracia, qué duda cabe, y hay formas de morir ingeniosas, sorprendentes y brutales que te sacan una carcajada puntual, pero a la película le falta hondura (y presupuesto) para provocar escalofríos y también ideas genuinas que lleven la trama a algún sitio. Para el momento en el que salen los créditos finales ya queda claro que la trama se había agotado bastantes minutos atrás.

Hay otros dos defectos importantes en esta producción: que van desde la precaria puesta en escena hasta las interpretaciones no profesionales de muchos de los niños que aparecen en pantalla sin pasar por alto algunas decisiones creativas como tirar de una IA muy cantosa en momentos puntuales como la de la avalancha infantil desde el columpio.
Y es una pena porque uno de los valores que parecía estar en el origen del proyecto era el uso de maquillaje, protésicos y efectos especiales manuales, de carácter artesanal. Obviamente no juega en la liga del realismo extremo, pero hay algunas secuencias muy meritorias (la decapitación, por ejemplo) que no necesitan para nada el recurso de la IA que en lugar de sumar, le resta valor a la película.
Se emplea algo mejor en secuencias animadas que se inspiran en películas de animación de los años 20 y compiten en macabro sentido del humor con Rasca y Pica así como en la creación de los créditos finales, con diseños de logotipos curiosos, si bien es decepcionante haber descubierto que las declaraciones iniciales del creador de que eran producto de su trabajo y el de diseñadores profesionales, no fueron del todo ciertas. Si al menos hubiera valido la pena el viaje...
Valoración
Nota 45
Un slasher poco inspirado al que le faltan ideas propias y apostar por un humor más constante y efectivo o por el terror de verdad para tener interés.
Lo mejor
Que sea tan conscientemente burra.
Lo peor
Que no sepa pasar de ahí.

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