María Bescós

Colaboradora

Prácticamente magia o El diablo viste de Prada muestran que la nostalgia es el más efectivo de los engaños

Prácticamente magia 2
Prácticamente magia 2
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

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La nostalgia nos hace creer que queremos pagar para ver segundas partes de películas que nos gustaron en su día, pero al salir del cine nos encontramos con una oscura realidad.

Estamos volviendo al pasado. Aunque, en honor a la verdad, el pasado es algo a lo que no paramos de volver porque nunca lo hemos soltado. La terrible trampa en la que nos hemos visto atrapadas se llama nostalgia.

Si bien la nostalgia admite muchas formas y no se presenta de la misma manera para todo el mundo, porque al final es un estado condicionado por demasiados factores personales, la temporalidad acaba siendo un buen punto en común para el público.

Red (2022)
Red (2022)Pixar

Recuerdo cómo la película animada Red de Pixar pegó muy fuerte en 2022 porque nos hizo darnos cuenta de algo:

La nostalgia de los 2020 ya no tiene que beber de manera necesaria de los años 80 porque la gente que creció en los 2000 es ahora mayor y empieza a recordar el pasado con ese cariño melancólico idéntico al que ha empujado a Hollywood durante décadas a rescatar el imaginario audiovisual de Steven Spielberg en sus largometrajes del siglo anterior.

El diablo viste de Prada (2006)

Y, por eso mismo, este año hemos sido testigos de cómo han vuelto a las salas películas como Prácticamente magia (1998) o El diablo viste de Prada (2006) con sus respectivas secuelas un cuarto de lustro después.

No es casualidad. Ahora es un buen momento para regresar a ellas, para atraer a una nueva generación a los cines. Porque, y este es el elemento más importante del fenómeno, la nostalgia vende.

El diablo viste de Prada 2 (2026)
El diablo viste de Prada 2 (2026)Disney | 20th Century Studios

¿Segundas partes nunca fueron buenas?

Si la primera te gustó, lo más seguro es que quieras ir a ver la segunda. No le vas a poner muchas pegas, te va a dar lo mismo de lo que trate, quién actué. Tú conoces la base, el origen, y eso es lo único que te va a importar a la hora de lanzarte a pagar una entrada.

Y, aun así, hay un giro en este juego del que todavía no eres consciente, pero que se te va a ir desvelando a medida que aceptes el engaño de la productora que quiso traer de vuelta tu querida película de los 2000.

Prácticamente magia (1998)Warner Bros. Pictures

En su día viste aquella cinta y tenía algo que te conquistó. Se quedó grabada en tu memoria, o perdida entre el resto de tus recuerdos, pero formó parte de tu vida en algún momento que fue mejor, porque el presente siempre empora frente a lo que proyectamos sobre lo que ya pasó.

Por eso, cuando anuncian una secuela algo se despierta en tu interior: la nostalgia. Ha pasado el tiempo, ¡cuanto más mejor! De repente tienes la genuina necesidad de querer saber qué pasó después: cómo habrá envejecido esa trama, qué más se podrá contar de esos personajes, ¿habrán evolucionado o se habrán estancado después de todos estos años?

Prácticamente magia 2
Prácticamente magia 2

La respuesta la tienes en dos nuevas horas de película que llegan para saciar tu FOMO por estas tres décadas olvidadas... Tan solo para que te des cuenta de que, al final, te acabas quedando con la primera cuando ya has pagado por la segunda.

Y es que ha transcurrido demasiado tiempo desde que se lanzó la original. Tú ya no eres esa chavala que en su día fue al cine a ver Prácticamente magia o El diablo viste de Prada, ahora eres una señora.

Sí, te lo has pasado bien viendo la segunda parte, has recordado con cariño aquello que te gustaba entonces. Pero su historia nunca estará a la altura de la película que ya habías construido en tu cabeza sobre su posible retorno.

Eso que te hizo gracia hace 20 años o esas dinámicas que te llamaron la atención carecen de la chispa de la originalidad de entonces. Ahora ya no te gusta lo que te gustaba en aquel momento, su historia se siente como rescatar un barco que debía permanecer hundido para no corromperse fuera del océano que lo consumió.

La nostalgia te llama con una fuerza poderosa para que vuelvas a esos universos que conociste cuando todo era diferente, sin que esperes la decepción de encontrarte con que todo lo que te atraía de la secuela era lo que iba a hacer que no funcionase el reencuentro. A veces es mejor no remover el pasado, dejarlo todo como está y recordarlo con cariño sin forzar su vuelta.

 

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