¿Se acabaron las sorpresas en los premios cinematográficos? 2025 ha dejado una cosecha muy previsible en las galas

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Han ganado las películas que tenían que ganar, unos resultados predecibles que hacían de nuevo cada vez más evidente la conclusión de los Óscar este año.
Las galas de premios cinematográficos nunca se han hecho para sorprender, por lo que siempre resulta muy fácil predecir los resultados, ante el poco riesgo y la previsibilidad de sus apuestas año tras año. Y las del pasado 2025 no han sido diferentes.
Desde los Globos de Oro, hasta los BAFTA, pasando por los Goya, al final todo va preparando el terreno para la gala más importante del año: la de los Premios Óscar.
Y en ella parece que todo se decide, se termina por juzgar cuáles eran las películas buenas de la temporada, muchas veces en sintonía con lo que ya nos han ido diciendo el resto de los premios con menor relevancia mediática.
Ganó la que tenía que ganar
Aunque no queramos reconocerlo, cuanto mayor sea el furor que han despertado entre la audiencia las producciones, más probabilidades hay de que las cintas salgan airosas, siempre que tengan un mensaje potente alineado con los intereses del jurado en las diferentes Academias de cine.
En el caso de los Óscar se intenta potenciar la diversidad racial y de género, así como la lucha por las causas sociales, pero con un pequeño matiz. Nunca hasta el punto de que puedan llegar a incomodar a quienes no están de acuerdo con ello.
Los pecadores (2025) de Ryan Coogler, una cinta de terror y fantasía, que destacaba por reivindicar la historia negra desde su guion hasta su equipo, se alzaba como la favorita de los Premios Óscar con hasta 16 nominaciones, pero no ganó, como tampoco había ganado en los Globos de Oro ni en los BAFTA.
En su lugar, la cinta que salió victoriosa fue Una batalla tras otra (2025) de Paul Thomas Anderson, en la que también se aborda el racismo pero desde una óptica blanca y sin vampirismo de por medio, sumándole a eso una crítica al fascismo.
La película, aunque también sea una mezcla de géneros, se hacía así accesible y atractiva, pero además jugaba a su favor su dinamismo para no ser sólo una exposición de hechos sino también un divertimento.
Por eso ganó el Óscar y el BAFTA antes que este, mientras que en los Globos de Oro fue Hamnet (2025) de Chloé Zhao la ganadora a Mejor película.
No sólo era un drama sobre la pérdida que se había hecho con el favor de la crítica, también estaba dirigida por una mujer, china-estadounidense; pero en los Óscar tan solo pudo rascar el premio a Mejor actriz principal para Jessie Buckley.
El premio a Mejor director en los Óscar también fue para Paul Thomas Anderson, en una evidente deuda pendiente que tenía la Academia con el cineasta, al que habían nominado en hasta tres ocasiones anteriores a esa categoría sin darle un galardón. Este era su año, porque contaba con la excusa perfecta.
Las otras que tenían que ganar también ganaron
En animación tampoco ha llamado la atención el triunfo de Las guerreras k-pop (2025) tras arrasar en múltiples galas previas, pese a que se midiera con cintas de la talla de las francesas Little Amélie (2025) o Arco (2025), dos largometrajes más reflexivos frente a la adrenalina y el fenómeno de masas que supuso la producción musical de Sony Pictures Animation.
Y es que Golden lleva siendo nuestra banda sonora desde el estreno de la cinta en Netflix, y eso es algo que no se puede ignorar -por supuesto, tuvo su correspondiente premio a Mejor canción original-.
James Cameron volvió a quedase relegado a ser el mayor maestro de los efectos visuales con Avatar: Fuego y ceniza (2025), una película que, por otro lado, tampoco tenía mucho que aportar fuera de ese campo, así que no es raro que ganara en su segunda categoría nominada este año en los Óscar.
Mientras que Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro volvió a probar el potencial del cineasta en la producción, el diseño de vestuario y el de maquillaje, en su excelente adaptación de la obra de Mary Shelley para Netflix. Si bien no pudo hacer nada contra el guion adaptado de Paul Thomas Anderson.
Por su parte, la española Sirât (2025) de Oliver Laxe apuntaba con fuerza en los festivales internacionales, pero no logró hacerse notar en los premios más destacados, marcando de manera casi inevitable un destino que se cumplió en los Óscar, donde no se llevó ni el galardón a Mejor película de habla no inglesa ni el de Mejor sonido.
Una cinta con un ambicioso trasfondo político más allá de la premisa inicial de la pérdida de una hija en una rave de Marruecos que al final no logró calar en los jurados extranjeros, pero que sí consiguió hacerse con muchos de los Goya a los que estaba nominada en España.
Eso sí, la Mejor película y la Mejor dirección fueron para Los domingos (2025) de Alauda Ruiz de Azúa, en un momento en el que el regreso a la religión católica a través del entretenimiento está en boga, desde Rosalía hasta Los Javis, sin un auténtico espíritu crítico, como ocurre con todas las películas que al final acaban ganando algo en las galas de cine.

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