Una japonesa de 99 años lleva 26 años terminándose Bomberman para NES todos los días

Jugador más anciano del mundo

¿Existe una edad para dejar de jugar a videojuegos? Umeji Narisawa es una anciana japonesa de 99 años, que lleva 26 años acabándose el juego Bomberman todos los días, en la versión de Famicom (la NES original). Cada día en los últimos 26 años, conecta su consola  y completa los 50 niveles del clásico Bomberman, un juego que no es nada sencillo y exige rápidos reflejos. Tarda una hora y media. Hay días que se lo acaba dos veces, cuando tiene tiempo y no se dedica a su otro pasatiempo, coser.

Umeji Narisawa asegura que jugar a videojuegos le ayuda a no volverse senil. A sus 99 años conserva intacta su capacidad mental, y es capaz de enhebrar una aguja ella misma.

Jugador más anciano del mundo

En Japón, el país más longevo del mundo y en donde los videojuegos tienen más de 40 años, muchos fans que se iniciaron en sus primeros años, ahora se han convertido en venerables abuelos. Y no han perdido la afición.

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El número de personas ancianas aficionadas a los videojuegos y al manga es tan grande, que las compañías incluso comienzan a adaptar el merchandising a los productos de la Tercera Edad. Bandai, por ejemplo, vende bastones inspirados en Mazinger Z. 

Kiyoshi Kasan es un barbero, también japonés, que a sus 80 años se atreve con uno de los juegos más difíciles que existen, Dark Souls II. Asegura que "he muerto más de 2000 veces".

Jugador de videojuegos

Eso sí, el señor Kasan confiesa que hay enemigos que tarda más de una hora en vencerlos:

Jugador más anciano del mundo

Kiyoshi Kasan tiene una buena colección de videojuegos en su casa. Los videojuegos son un divertimento relativamente nuevo, y ahora que la primera generación de jugadores son venerables abuelos, nos choca verlos jugar con las consolas.

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Pero la necesidad vital de jugar no se pierde con la edad. Los ancianos siguen jugando a las cartas, la petanca o el dominó, y hay estudios médicos que indican que el juego es lo que nos conecta con nuestra juventud. Nos hacemos viejos cuando dejamos de jugar.

Fuente | Kotaku

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