Padre e hija jugando a videojuegos

No hace mucho, los videojuegos eran considerados cosas de niños y las consolas, juguetes. Te miraban raro si, ya con una edad, sacabas la Game Boy del bolsillo de la cazadora mientras esperabas en la consulta del médico. Me ha pasado. 

Ahora sabemos que los videojuegos no tienen edad, igual que no la tienen el cine o la literatura, que hay juegos para todos los gustos y edades y que da igual que tengas 6 años o 96 para disfrutar de un momento de relax echándote unas partiditas (bueno, lo del relax, depende de a qué juegues ;-). ¿Sabes cuál era la edad media del usuario de Switch?

Sin embargo, la edad termina convirtiéndose en una barrera. O, mejor dicho, las responsabilidades asociadas a la edad… 

¿Tenéis un montón de juego en la estantería con el precinto puesto? ¿Le pedís a los Reyes tal juego y al final lo jugáis en las navidades siguientes? ¿Os miran con malos ojos, hasta con inquina, esos juegos que tenéis empezados y a los que habéis dedicado tres horas una tarde que alguien se ha llevado a los niños al cine, pero que nunca habéis vuelto a cargar? (Yo los pongo bocabajo para no verles la cara).

Si la respuesta es sí, es probable que estéis entrando en la edad crítica. Esa edad en la que los videojuegos siguen siendo una de tus pasiones, pero ya no son una prioridad. 

Si tenéis la edad suficiente, habréis pasado por varios baches que han puesto a prueba vuestro interés por el videojuego: cuando empiezas a salir de fiesta, cuando vas a la Universidad, cuando encuentras pareja, cuando empiezas a trabajar, cuando tienes hijos…

Responsabilidades económicas y nivel de ahorros

Muchos jugadores se van quedando por el camino en esos momentos. Los menos apasionados, abandonan el mando por las copas a las primeras de cambio; los más tenaces capean los exámenes, el TFG, las relaciones, ese jefe amargao y hasta compaginan pañales con mundos abiertos con soltura…

Pero, al final, hasta a los más tenaces, nos pasan factura las responsabilidades de la edad. Y es una pena, porque es justo en ese momento, cuando la vida te tiene cogido por donde más duele, cuando más y mejor se disfruta de los videojuegos. 

La guerra de las consolas te parece una sandez, que se retrase un juego te da lo mismo, no te quita el sueño que hayan incluido micropagos o no y, desde luego, nada te enfurece tanto como para cargar contra un creador en redes sociales. Si te gusta bien. Si no, a otra cosa. Es más, puede que no quieras ni saber nada de redes sociales…

Estás en ese momento de la vida en el que tienes dinero para comprarte el juego que quieres, ese en el que tienes la tele perfecta y lo tienes todo preparado a tu gusto. No tienes que pedir permiso ni esperar a que otro termine (salvo que en pantalla salga Pepa Pig).

Setup gaming

Estás en el momento dulce en el que solo quieres sentarte frente a ese juego que tanto te apetecía y disfrutar un ratito sin pensar en nada más. Que para eso juegas, para evadirte, para descansar de la realidad. 

La desgracia es que ese momento de la vida, ese momento teóricamente ideal, es justo cuando menos tiempo tienes para esconderte de la realidad, que te persigue en forma de hacer la compra, preparar la comida, recoger un poquito que esto es un desastre o, simplemente, reconocer que estás muuucansao y echarte en el sofá y cerrar los ojos “solo un momentito”… 

Es mucho más fácil encender la tele y dejarte arrastrar, sin hacer nada, por cualquier servicio de vídeo en streaming (que ahora, hasta eligen por ti si les dejas)… 

Algunos, tienen el videojuego tan en la sangre, que siguen comprado juegos sin jugarlos, siguen leyendo revistas por el mero placer de imaginarse jugando a ese juego del que le hablas. Visitan páginas web para estar al tanto y compran esos juegos que cuando eran críos no se pudieron pagar, para sacarse la espinita.

Pero, muy a su pesar, cada vez juegan menos y, claro, cada vez se sienten más torpes, que en esto, como en todo, la práctica hace al maestro. 

 

Si te sientes identificado, me gustaría mucho que me lo hicieras saber, porque yo, que he superado muchos baches, estoy sufriendo uno de los gordos… No sé si es porque veo las noticias (casi sin querer, debe ser otro síntoma), no sé si es porque esta generación que no termina de arrancar me está desilusionando…

… o si, simplemente, soy incapaz de decidir a qué dedicar el poco tiempo libre que tengo y al final me aturullo y me conformo con ver jugar a mi hijo (es de los que piensa que nunca tendrá un bache) y esforzarme con estar al día… Aunque eso no tiene mérito, que es mi trabajo. (¿Puede ser parte del problema?)

Tampoco leo tanto como antes y los libros también me miran amenazantes desde la torre que me ha crecido en la mesilla… 

Contadme si os pasa parecido, que seguro que me consuela. Y desde ya (aunque no me contéis nada, que os entiendo), os doy las gracias por estar leyendo esto. Porque estar pasando este bache y seguir leyendo sobre videojuegos es tener pasión y demostrar cariño por un medio que nos ha acompañado desde pequeños y que cuenta historias que de otro modo son imposibles.

A veces, para salir del bache solo hace falta un empujón… A mí me ha podido valer éste. Os voy a dejar, que le voy a poner los cuernos a mi perra con un gato que me maúlla desde el mando desde hace semanas y al que he dejado abandonado en una ciudad de robots… 

Y además