Xena: la princesa guerrera fue mucho más que una extensión de Hércules: 4 cosas que deberías conocer sobre la serie

Volvemos a Xena: la princesa guerrera 24 años después de su final para recordar algunos elementos clave que la convirtieron en una serie tan icónica.
Este 2025 se celebra el 30 aniversario desde la primera emisión de Xena: la princesa guerrera en televisión, cuyo primer capítulo vio la luz en septiembre de 1995. La serie era un spin-off de Hércules: Sus viajes legendarios, pero logró superar a la original y convertirse en un referente de las producciones fantásticas de los 90 que sigue levantando pasiones hoy en día.
Al igual que Hércules: Sus viajes legendarios, Xena: la princesa guerrera nos trasladaba hasta la Antigua Grecia para hacer que su protagonista viviera aventuras inspiradas por la mitología griega.
En su viaje, Xena se cruzaba con deidades del Olimpo, como Ares o Afrodita, y otros héroes reconocibles de los mitos, como Ulises o Prometeo, pero también debía enfrentarse contra diversas criaturas mitológicas.
Sin embargo, la serie fue mucho más allá de esta tradición, en la que se entremezclaba la mitología griega con otras culturas, como la egipcia, la india, la japonesa, la china o la alemana, y acababa por conformar un universo propio que tampoco le tenía miedo a la exploración en sus géneros a lo largo de los episodios.
Xena fue creada por el director de Spider-Man

Detrás de ella se encontraba Sam Raimi, el director de Spider-Man (2002) y sus dos secuelas, así como de Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022). En el caso de esta serie ejerció como creador y, al igual que con su predecesora, también como productor ejecutivo, haciendo que permeara en ella su particular visión del terror y la acción, así como su sentido del humor.
Al no contar con un presupuesto demasiado elevado para realizar la serie, se optó por recurrir a los escenarios naturales de Nueva Zelanda en los rodajes, una localización mítica en películas posteriores como la saga de El Señor de los Anillos.
Pero donde más se notaba la escasez de recursos era en sus efectos especiales, tan rudimentarios que solían parecer de serie B. Aunque la serie logró compensarlo con otros que lograron llamar la atención en su momento de forma más puntual.
Sus escenas de acción también fueron notables, con Renée O'Connor -la actriz que daba vida a la compañera de Xena, Gabrielle- siendo la encargada de coreografiar y crear la mayoría de sus acrobacias. Si bien es cierto que contó con dobles, intentó hacer ella misma en pantalla todo lo que le permitió el equipo de producción.
Aún con todo, en el núcleo de la serie lo más destacado por encima del resto de elementos era su componente humano, y lo revolucionaria que fue en la representación lésbica a través de sus dos protagonistas: Xena, encarnada por Lucy Lawless, y la ya mencionada Gabrielle.
Tras seis años en antena y más de 100 episodios, Xena: la princesa guerrera seguía sin ofrecer certezas en cuanto a la relación entre Xena y Gabrielle, algo que se quiso mantener de forma intencionalmente ambigua. Pero lo que estaba claro es que había algo más allá de la amistad, que probaban sus múltiples besos en pantalla y la química entre ambos personajes.



