Ori and the Will of the Wisps
Análisis

Análisis Ori and the Will of the Wisps para Xbox One y PC

Por Rafael Aznar

Versión comentada: Xbox One

Como una centella a su destino: así llega el análisis de Ori and the Will of the Wisps. El nuevo exclusivo de Xbox One y Windows 10 es un metroidvania tocado por una varita mágica, que despliega un festival de plataformas y combates con una estética exquisita y una música trascendental.

Actualización: 10-3-2020, a las 17.00h. Inicialmente, habíamos publicado una versión provisional del análisis, sin nota, pero, una vez que Microsoft ha habilitado un parche (que ocupa cerca de 5 GB), la mayoría de problemas que tenía el juego han sido solucionados, así que ya hemos podido ver el desenlace de la aventura y, por tanto, estamos ya en disposición de puntuar el juego y confirmar que es una joya.

Texto original: Ori and the Will of the Wisps despliega su luz esta semana, en exclusiva para Xbox One y Windows 10, justo cinco años después de que su predecesor, Ori and the Blind Forest, nos cegara su intenso brillo. Moon Studios nos maravilló con uno de los metroidvanias más bellos y desafiantes de la historia y, ahora, con más presupuesto y un equipo de trabajo que se ha cuadruplicado hasta las 80 personas, vuelve a la carga con una secuela que, si bien no sorprende tanto, es un más y mejor en toda regla.

 

Búhos y centellas

La historia arranca donde acabó la de la primera entrega, con Ku, una cría de búho recién salida del cascarón, dando sus primeros aleteos. A su lado, están Gumo, Naru y Ori, que la cuidan y la animan cuando sus intentos de vuelo resultan fallidos. Sin embargo, pronto, Ori y Ku se verán afectados por una tormenta y acabarán perdidos en distintas partes del mundo de Niwen.

Ori and the Will of the Wisps

Así, Ori deberá buscar a su amiga y, al mismo tiempo, indagar en el pasado de un mundo que se halla sumido en el caos por un suceso conocido como la Podredumbre, que hace que las aguas estén envenenadas y las tierras, cubiertas de espinas. La clave estará en unos seres conocidos como centellas,

El problema para él es que se las tendrá que ver con Chirrido, un ave de piedra que preside los cielos de Niwen y que, en buena medida, recuerda a Kuro, el villano de la primera entrega. Es digna de aplauso la manera en que el juego logra emocionar sin apenas articular palabra: sólo con imagen y sonido.

Como en el juego original, es evidente la inspiración en las películas de dibujos animados de Studio Ghibli y Disney, tanto por la estética como por la historia, que equilibra magistralmente las situaciones de alegría y las de tristeza. Particularmente, hay unos cuantos guiños a El Rey León que nos han encantado. No en vano, el recién nacido Ku podría pasar perfectamente por Simba, y hasta hay un mono con una vara que recuerda a Rafiki.

Ori and the Will of the Wisps

Saltando sin parar

La filosofía de Ori and the Will of the Wisps es exactamente la misma que la de su predecesor. Se trata de un metroidvania bidimensional de dificultad considerable, pero que fomenta el ensayo y error. Para evitar frustraciones, se ha modificado el sistema de guardado. Esta vez, ya no hay que generar puntos de salvado manuales, sino que hay puntos de control automáticos con bastante frecuencia, de modo que, si morimos, reaparecemos al instante en un sitio cercano, para que volvamos a la carga con la lección aprendida.

Durante el transcurso de la aventura, vamos obteniendo progresivamente una docena de poderes que nos hacen cada vez más poderosos y que nos dan acceso a nuevas áreas que, antes, eran inaccesibles. Cada región cuenta con unas mecánicas jugables muy específicas, muy bien dosificadas para que, constantemente, estemos jugando a algo distinto.

Ori and the Will of the Wisps

En relación con eso, esta vez, la variedad de entornos es mucho mayor, pues, aparte del bosque, una ciénaga o un manantial, hay también una montaña helada, un desierto o una cueva subterránea. Esta última es particularmente desafiante, pues está oscura y, para moverse, hay que aprovechar una serie de luciérnagas y antorchas: si nos quedamos en lo negro, moriremos.

El plataformeo sigue siendo el principal ingrediente. Cuando empezamos, apenas podemos dar un salto simple, pero, poco a poco, obtenemos habilidades que permiten fluir por los entornos, en armonía con ellos. Hay musgo azul al que engancharse, ruecas que nos hacen salir despedidos a toda velocidad, burbujas de lodo sobre las que rebotar, vados de agua en los que bucear, ladrillos de arena que se desvanecen al pisarlos…

Como en el original, Ori puede proyectarse por el aire de diferentes maneras, enganchándose a los proyectiles que disparan los enemigos (o a los que genera él mismo) o lanzando una especie de cable. Además, hay novedades, como una pluma que le permite aprovechar las corrientes de aire o la capacidad de salir escopeteado tras cavar en tierra o bucear en un estanque.

Ori and the Will of the Wisps

Hay alguna pequeña sección de sigilo y también algún puzle muy esporádico. No habría estado de más incluir algún enigma más que nos hiciera darle al coco, pero es cierto que, a menudo, el plataformeo está planteado casi como si fuera un pequeño y satisfactorio rompecabezas.

A varear y asaetear monstruos

El aspecto que más ha cambiado en esta secuela es, sin duda, el combate, pues, en el juego de 2015, era algo circunstancial. De hecho, el protagonista no atacaba directamente, sino que le acompañaba una pequeña mota de luz flotante que arremetía de manera semiautomática contra los enemigos.

Esta vez, en cambio, disponemos de armas físicas y a distancia, como una espada, un arco o una lanza, que, combinadas con los saltos, permiten encadenar combos de forma muy fluida. Eso sí, el arco es demasiado poderoso en comparación con las demás herramientas y, contra la mayoría de jefes, acabaréis limitándoos a disparar sin ton ni son, pues permite mantener las distancias y, a la vez, hacer mucha pupa.

Ori and the Will of the Wisps

Precisamente, los jefes, al menos tal y como los entendemos en la mayoría de los juegos, hacen su debut en esta entrega. En general, cada región del juego está presidida por una criatura gigantesca que nos aprieta las tuercas, como un lobo, un escarabajo, una araña o un gusano. Contra la mayoría, combatimos cuerpo a cuerpo, pero también hay varios que sólo sirven para introducir secciones de huir hacia adelante mientras todo se derrumba a nuestro alrededor.

Misiones de acompañamiento

Completar Ori and the Will of the Wisps nos puede llevar en torno a doce horas, lo cual es una cifra más que aceptable para un juego de este estilo, que, además, se lanza a un precio reducido de 30 euros. Ahora bien, Moon Studios ha aumentado la dimensión de la experiencia introduciendo un buen número de tareas secundarias.

Ori and the Will of the Wisps

Como en la anterior entrega, Ori and the Will of Wisps ofrece un buen número de coleccionables desperdigados por los escenarios, en forma de células de vida y de energía. A eso, hay que sumar los llamados fragmentos, que son habilidades secundarias que podemos equipar y que nos facilitan las cosas, como un salto triple, la capacidad de atraer orbes, el lanzamiento de hasta tres flechas simultáneas o la opción de pegarnos a las paredes.

Algunos de esos poderes nos los puede mejorar un comerciante, si le pagamos con los orbes dorados que obtenemos al explorar los escenarios y derrotar a los enemigos. Por ejemplo, podemos apoquinar para hacer más daño o ser más resistentes.

Al margen de la misión principal, podemos desviarnos para acometer un buen número de tareas secundarias. Por un lado, hay diversos personajes secundarios que nos hacen pequeños encargos. Hay uno que se divide en varias submisiones en las que vamos obteniendo sucesivos objetos, y que nos ha recordado sobremanera a la cadena de intercambios de Zelda: Ocarina of Time para obtener la espada de Biggoron.

Y no es el único guiño que hemos percibido a la saga de Nintendo. Hay un ser de luz parlanchín que recuerda a Navi y un fortachón que bien podría pasar por un Goron, que, si le llevamos una serie de minerales coleccionables, realizará diferentes cambios en el mundo del juego, para permitirnos acceder a nuevas zonas que no dependen de tener o no un poder, sino de que él haga su magia artesana.

Ori and the Will of the Wisps

Finalmente, hay dos tipos de eventos que promueven la rejugabilidad. Por un lado, están las carreras espirituales, que son pequeños recorridos plataformeros a contrarreloj, en los que nos enfrentamos a los fantasmas de otros jugadores. Por otro lado, están los santuarios, donde lo que prima es el combate, ya que hay que derrotar a oleadas de enemigos. La recompensa por hacerlo es obtener un hueco adicional para equipar más habilidades secundarias.

La definición de la belleza

Si Ori and the Blind Forest ya era precioso, esta secuela lo es aún más. Moon Studios ha vuelto a pintar un lienzo que es un deleite para la vista en todos los sentidos. El color y el buen gusto lo impregnan todo, desde el principio hasta el final.

Ori and the Will of the Wisps

Los personajes tienen un encanto especial. A Ori ya lo teníamos visto de la anterior entrega, pero Ku ha resultado ser todo un descubrimiento. Realmente, emociona ver cómo da sus primeros pasos. Es increíble cómo, con la simple animación del parpadeo de ojos, se consigue transmitir tanta ternura y compasión por una criatura desvalida. Lo contrario sucede con el villano, Chirrido, que transmite todo lo contrario: una fiereza sin límites. Mención especial merecen también otros personajes secundarios, como una especie de comadrejas llamadas Mokis, el oso Baur o el sapo Kwolok. El diseño de todos ellos es soberbio.

En cuanto a los escenarios, vuelven a brillar con luz propia los entornos naturales. Esta vez, no sólo hay un bosque con distintas tonalidades más o menos homogéneas, sino, directamente, diferentes ecosistemas, como un yermo, una cueva o una montaña. La cantidad de entornos que vemos a lo largo de la aventura es excelente, igual que el diseño de escenarios, puesto siempre al servicio de la jugabilidad. De nuevo, llama la atención cómo el protagonista se siente como un ser diminuto en una inmensidad paisajística que cuenta con detalles cuidados tanto en sus fondos como en primer plano.

Ori and the Will of the Wisps

Y, para rematar, está la banda sonora que ha compuesto Gareth Coker. Como la del juego original, ofrece un tono trascendental, con melodías orquestales y coros que ponen el vello de punta. Como en otros apartados, aquí también se nota el aumento de presupuesto, que ha permitido ampliar el número de temas hasta los 60 o incluir un coro de voces reales. Esta saga no sería lo que es sin su música.

Traspiés técnicos

Si compráis la edición física (esta vez, los europeos sí podemos disfrutar de una edición en Blu-ray), os recomendamos encarecidamente que descarguéis los parches que tiene el juego, para que así evitéis sufrimientos con una serie de problemas de optimización que Moon Studios no pudo pulir antes de dicha actualización, relativos, sobre todo, a los menús, como un retardo de uno o dos segundos al abrir el mapa.

Ori and the Will of the Wisps

No obstante, incluso con el parche, advertimos que sigue habiendo algún que otro fallo. El más evidente es que, de cuando en cuando, el sistema de guardado falla y no registra nuestro avance, por lo que, si morimos, nos toca reempezar desde un punto muy anterior, a menos que reiniciemos la aplicación. También nos ha pasado que la pantalla se quedara congelada, como si el mando no respondiera, y tuviéramos que resetear. Aparte, a veces el tiempo de carga inicial hasta que aparece la pantalla de presentación del juego se hace eterno. En todo caso, con el parche, se mitigan buena parte de los problemas de la versión 1.0 del juego, que, en nuestro caso, llegaban hasta el punto de no poder completar la aventura.

Hechas esas precisiones, sólo podemos decir que Ori and the Will of the Wisps es uno de los mejores metroidvanias que hemos jugado nunca. La emotiva historia (Ku os hará morir de amor), los bellos gráficos, la melancólica banda sonora, las desafiantes plataformas o los renovados combates hacen de esta secuela un más y mejor en toda regla. De nuevo, Moon Studios se ha sacado de la chistera una pequeña joya que os maravillará.

Microsoft nos proporcionó un código de acceso anticipado a Ori and the Will of the Wisps para poder realizar este análisis

Valoración

Ori and the Will of the Wisps es un metroidvania como pocos: bello, emotivo, divertido, variado, ágil e intenso. Moon Studios ha cogido la fórmula de la primera entrega y la ha evolucionado con criterio, presentando entornos más variados, metiendo jefes finales, extendiendo la duración... Un exclusivo imprescindible para Xbox One y Windows 10.

Hobby

93

Excelente

Lo mejor

El dúo que forman Ori y Ku. Cómo consigue emocionar sin casi articular palabra. La banda sonora. La estética. Sale en formato físico y a 30 euros.

Lo peor

Hay algunos fallos de optimización. No sorprende tanto como Ori and the Blind Forest. El arco es muy poderoso y resta importancia a otras armas.

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