Crítica de La casa Guinness: el creador de Peaky Blinders crea un nuevo pepinazo para Netflix

Netflix

Crítica de La casa Guinness, la nueva serie de Steven Knight (Peaky Blinders) para Netflix con Anthony Boyle y Louis Partridge como protagonistas. Estreno el 25 de septiembre.

La fábrica de Netflix no se detiene y, tras estrenar la semana pasada series como El refugio atómico y Black Rabbit, posicionadas en el número 1 y 2 de los estrenos más vistos en España respectivamente, le toca el turno a la siguiente candidata al podio: La casa Guinness.

Se trata de una serie de ocho episodios de unos 45 minutos de duración creada por Steven Knight, artífice del éxito de Peaky Blinders y guionista de esta serie llamada a abrir algunos frentes polémicos.

En primer lugar, por todo lo que la serie introduce de fabulación. A pesar del proceloso devenir de la familia Guinness y los entresijos de la creación y expansión de su imperio cervecero, estrechamente unido al poder político, Knight no se contenta con inspirarse en "historias reales", como propone al comienzo de cada capítulo, sino que acuña personajes nuevos e introduce mucha creación propia.

En segundo lugar tiene una fuerte tendencia a tirar de morbo y de momentos de alta intensidad dramática y chulería ya sea usando de manera gamberra las sobreimpresiones (generalmente cuando hay insertos en gaélico), ralentizados al más puro estilo Zack Snyder o montajes en los que se introduce música actual (ojo al tema principal de Mobland que se cuela aquí un par de veces).

Escuchar temazos como Starbuster le imprime un ritmo y una fuerza impresionantes a las secuencias de mayor tensión y violencia, pero también tiene como contrapartida romper la cuidada ambientación temporal porque te saca inmediatamente de la época.

Desde el diseño de producción hay, desde luego, un esfuerzo impresionante en lo que se refiere a vestuario, peluquería y dirección artística mostrando tanto los grandes salones y las mansiones, como los suburbios, las fábricas y las cárceles.

Un par de pintas, por favor

El punto de partida de La casa Guinness podría recordarle a cualquiera a Succession: el patriarca fallece y los cuatro hijos legítimos de Mr. Guinness ven sentenciado su futuro de distintas maneras cuando se abre el testamento.

Cada uno de ellos tiene secretos que ocultar pero sobre todo deben lidiar con su legado: un gigante cervecero que está llamado a interceder de manera determinante en la sociedad del momento financiando proyectos de filantropía pero también sirviendo de puente entre unionistas y separatistas en una Irlanda profundamente dividida entre protestantes y una minoría pobre, católica y feniana.

Ojo, que aunque las tensiones políticas y económicas son uno de los ejes de la serie, Knight presta tanta o más atención al plano personal de los personajes y sus escándalos: embarazos no deseados, relaciones extramatrimoniales más o menos oficiales, enlaces de conveniencia, lujo y algo de depravación sexual. Lo de siempre mezclado con el viejo ingrediente de "los ricos también lloran".

Si hay que señalar una virtud de La casa Guinness es el elenco escogido para los personajes principales: Anthony Boyle, Louis Partridge, James Norton, Jack Gleeson (otro papel hiperdesagradable que puede sumar al que marcó su carrera en Juego de tronos) o Niamh McCormack bordan sus papeles en los que se entremezclan orgullo, cinismo y un carisma arrollador.

La clave es... ¿hasta dónde tiene pensado llegar Knight con La casa Guinness? Porque de seguir indagando en ella, podría llegar incluso hasta la llamada "maldición de los Guinness", con toda una serie de devastadoras desgracias, desde muertes hasta accidentes, que arrancaron en 1944 extendiéndose durante más de dos décadas de infortunios.

A la vista de que incluso en esta primera temporada hay algún que otro salto temporal, no sería de extrañar que abarcara un gran periodo de tiempo y llegara hasta esos tormentosos tiempos en los que incluso una de las herederas del imperio llegó a dejar por escrito que habría sido más feliz de no haber sido rica.

La serie al final habla sobre todo de lo que supone vivir desde una posición privilegiada con lo que conlleva: a menudo una doble vida y una enorme responsabilidad, no siempre bien gestionada.

La casa Guinness está llamada a convertirse en un nuevo placer culpable. No es tan afilada ni tan redonda como otras series similares en la medida en que pierde algo de fuelle en su desarrollo (son bastante flojos los episodios 4 y 5) pero arranca con mucha fuerza y finaliza con un cliffhanger bestial.

Valoración

Nota 70

Aunque a veces los personajes se exceden en su cinismo y aire canalla, hay que reconocer que House of Guinness ofrece un espectáculo impresionante. No habría necesitado tanta fabulación atendiendo a la azarosa vida de los dueños de la cervecera, pero llegados a un punto engancha.

Lo mejor

El reparto, la ambientación y algunas anécdotas muy curiosas de la fábrica cervecera en su proceso de expansión.

Lo peor

La serie se inventa personajes, situaciones y lo reviste todo de un aire moderno, sobre todo con la banda sonora, que no siempre funciona.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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