Crítica de Black Rabbit, la serie de Netflix con Jude Law y Jason Bateman que debió ser película

Crítica de Black Rabbit, un nuevo thriller de Netflix en el que Jude Law y Jason Bateman dan vida a dos hermanos que se reencuentran y surge el caos. 

Zach Baylin y Kate Susman debutan en la creación de una serie de televisión con Black Rabbit, que acaba de estrenarse en Netflix. Una propuesta que parte de un concepto con potencial y de un reparto atractivo, encabezado por Jude Law y Jason Bateman, pero que acaba haciéndose demasiado pesada. 

No he visto la filmografía completa que ha firmado Zach Baylin, pero sus dos primeros largometrajes, El método Williams (2021) y Gran Turismo (2023), me parecieron películas muy correctas, correctas como para superar el aprobado, aunque sin llegar al notable. 

El guionista lograba unas historias efectivas que recorrían caminos comunes pero sin sorprender, cumpliendo lo que se esperaba de ellas como dramas basados en hechos reales, en los que había la emoción necesaria como para que vieras la película hasta el final, pero sin llamar tanto la atención como para que te quedaras pensando en ellas o quisieras verlas de nuevo una vez terminadas. 

Y, a juzgar por las críticas que han recibido sus proyectos posteriores, está claro que la tónica se ha mantenido en sus proyectos más recientes, o que incluso han logrado ser menos conmovedores. 

Una serie que debió ser película

Ante las dificultades que ya le ha ocasionado construir una narrativa sólida en sus diferentes largometrajes, Zach Baylin decide apostar con Black Rabbit por una baza todavía más arriesgada, la de una serie de televisión limitada para Netflix, con ocho capítulos de una hora cada uno, que la convierten en el equivalente a cuatro cintas.

El resultado ha sido un producto que se siente demasiado alargado, el de una historia que se podría haber compactado para resultar más intrigante pero que, en su necesidad por cumplir con los estándares de una serie, se ve forzada a estirar sus situaciones perdiendo el ritmo por el camino.

El principal problema no tarda en hacerse patente, y en sus primeros episodios cuesta darle una oportunidad, pese a que vaya ganando algo de intriga a medida que empiezan a resolverse en sus capítulos finales los hechos expuestos. 

Pero este suspense tarda demasiado en aparecer ante la falta de fuerza dramática, por lo que no tienes la tensión de saber “qué pasará, qué no pasará”, si no que más bien estás esperando “a ver qué pasa”. 

Basta con decir que el asesinato clave no tiene lugar hasta que la temporada llega a su parte central - ¡eso es después de cuatro horas!-, y que la serie se vale de recursos habituales de la ficción televisiva para extender situaciones de maneras innecesarias como mostrarte números musicales completos.

Un nuevo thriller con drama familiar

De nuevo, con Black Rabbit estamos ante un esquema narrativo muy clásico -aunque alargado de más-, que funciona pero sin grandes alardes y con apenas innovación respecto a otras historias sobre reencuentros familiares y suspense. 

En ella se nos cuenta la historia de dos hermanos, encarnados por Jude Law y Jason Bateman, que tienen personalidades muy opuestas y también objetivos vitales antagónicos, haciendo que sus vidas no tarden en torcerse cuando vuelven a estar juntos. 

Por un lado, tenemos a Law como el responsable, el que sabe hacer negocios, y por otro a Bateman, como alguien mucho más impulsivo y que se mete en situaciones peligrosas, pero en el fondo ambos se profesan un profundo amor y necesitan complementarse con el otro; es decir, esta historia ya la conocíamos. 

El punto central de la serie, y el que aporta un toque diferenciador, es el restaurante Black Rabbit que regentan y en torno al que surgen los conflictos, haciendo que la acción también pase a desarrollarse casi siempre en espacios cerrados y de noche en las calles neoyorkinas.

Con la predominancia de tonos verdosos para hacer la atmósfera algo más opresiva y una imagen demasiado oscura como poco inspirado recurso para empujar hacia el misterio a todo lo demás.  

El Black Rabbit se convierte así en algo más especial, y que permite el desarrollo de nuevas tramas que tampoco terminan por verse potenciadas, relacionadas con la propia gestión del recinto en las que se ven involucradas todas las personas que trabajan en él. 

Dentro de su tradicional esquema, superado el ecuador la serie introduce un episodio con un nuevo formato para darle algo de frescura mientras nos permite adentrarnos en los hechos desde diferentes puntos de vista, reforzando algo más la intriga que termina por culminar en sus dos capítulos finales.

Al menos, llegando al último de ellos, es capaz de recoger todo lo que ha ido planteando para no dejar cabos sueltos y ofrecer un cierre satisfactorio, en el que los destinos de todos los personajes quedan claros, resolviéndose de una forma que no abruma. 

Black Rabbit, la nueva serie de Jude Law y Jason Bateman, está disponible en Netflix desde el jueves 18 de septiembre de 2025.

Valoración

Nota 48

Black Rabbit es la primera serie creada por Zach Baylin, un guionista que no le tiene bien cogido el ritmo a una producción tan larga y habría hecho mejor compactado sus ideas en un largometraje, aunque de todos modos no suene a novedad.

Lo mejor

Algún cambio en el ritmo y el tono. Cierra todas sus tramas. 

Lo peor

Te podría haber contado lo mismo en dos horas.

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