Crítica de Clark: Bill Skarsgård nos hace rehenes de la miniserie de Netflix y nos hace sufrir el Síndrome de Estocolmo

Clark

Crítica de la miniserie de seis episodios Clark, protagonizada por Bill Skarsgård en el papel del legendario Clark Olofsson, debido al cual se acuñó el "Síndrome de Estocolmo". En Netflix desde el 5 de mayo de 2022.

Seis episodios de una hora de media de duración componen la miniserie Clark, llamada a ser uno de los nuevos éxitos de Netflix gracias a su estilo ágil y macarra y a una de las mejores interpretaciones de Bill Skarsgård (El diablo a todas horas) de su carrera.

Aclaraciones previas antes de seguir: es una serie para adultos en la que se muestran sin tapujos toda clase de delitos y alteraciones del orden público como robos, estafas, contrabando, fugas hilarantes de centros de menores y cárceles, manejo de armas, consumo de drogas y toneladas de sexo.

La razón es que el retrato de Clark Oderth Olofsson no puede hacerse sin dar cuenta de los grandes amores de su vida: su libertad, el dinero y las mujeres... todas ellas.

Calificado como el primer gánster célebre sueco, pasó buena parte de su infancia y juventud en correccionales y estuvo presente en el famoso atraco de Norrmalmstorg, hechos que se describen para comprender el Síndrome de Estocolmo, ese transtorno psicológico que hace que las víctimas empaticen con sus secuestradores y se muestren incluso colaboradoras con ellos.

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Tráiler de Clark, la serie de Netflix sobre la historia del síndrome de Estocolmo

Clark nos lleva a conocer la vida de este hombre desde sus orígenes, pero queda bien patente que las fronteras entre la realidad y la ficción van a estar muy borrosas porque una advertencia constata que la miniserie sueca se vale de mentiras y verdades.

Discernirlas es imposible porque hay momentos de delirio, recuerdos manipulados de los que obtenemos varias versiones y mucha exageración porque estamos ante un personaje encantado de haberse conocido, un mentiroso compulsivo tan atractivo y fanfarrón como indigno de confianza.

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Sin ir más lejos, lo vemos ya saliendo del útero materno definiendo ese momento como su primera fuga. De modo que ya desde el comienzo queda definido el tono desenfadado, gamberro y que dinamita la corrección política haciéndola saltar por los aires.

En este sentido hay que resaltar y subrayar el enorme talento de Bill Skarsgård para afrontar este proyecto: es muy infrecuente que un personaje de una catadura moral tan baja se haga con el favor del público a los cinco minutos de que arranque la ficción y es que sus creadores han ido a dar en la diana: nos hacen rehenes de su encanto para hacernos empatizar con él. A pesar de todo.

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Respecto a los recursos narrativos, aquí Clark también sobresale por ser todo un crisol de formatos, técnicas de grabación, introducción de imágenes fake remezcladas con imágenes reales y sobreimpresiones de todo tipo.

Así, tenemos imágenes cuadradas y en blanco y negro, otras saturadísimas de color en comunión con la felicidad del protagonista, juegos de texturas de imagen, formatos y una versatilidad tremenda para expresar distintas ideas de una manera física.

Hay hasta secuencias de animación y vemos cosas que no sucedieron y que se rehacen sobre la marcha, jugando con las expectativas de los espectadores. Aquí es donde se ve el talento del director y guionista Jonas Åkerlund, que tiene experiencia en la creación de vídeos musicales gracias a su prolífica carrera, que arrancó a finales de los 80 y le saca brillo a sus habilidades en la sala de montaje.

Vamos, que Clark es un festival de esos en los que hay fuegos artificiales cada cinco minutos. Puede dar la falsa sensación de que estamos ante un espectáculo frívolo que banaliza el crimen y minimiza las consecuencias reales que hay detrás: muertos, heridos, corazones rotos, pérdidas económicas e impuestos malgastados.

Pero lo cierto es que se muestra todo ello, incluyendo también el cambio de idiosincrasia de la sociedad a medida que nos movemos en la línea temporal. Desde las primeras pifias en los 50, la politización de todo en los 60, la apertura de los 70 y el revisionismo de los 80...

Clark es a la vez un personaje en construcción y deconstrucción. Juntamos partes de él para intentar ver la imagen completa, pero cuanto más se esfuerza (como experto manipulador que es) en hacernos creer que está en la cresta de la ola y a medida que lo fagocita su propio ego también atisbamos mejor que es un niño roto, algo de lo que él mismo se cachondea en todo momento. 

Está harto de que le pregunten por su infancia, pero en verdad es ahí donde se esconden sus traumas... aunque no está dispuesto a que eso sea lo que le defina, ni mucho menos. Y la serie termina de la única forma posible: con una ruptura de la cuarta pared en la que este irredento embaucador está lejos de arrepentirse de nada.

Nuestro consejo para disfrutar de Clark como se merece es abrazar su bendita locura sin perder de vista que a fin de cuentas es un juego de espejos en el que veremos algunos destellos de realidad pero que en su caos formal reside buena parte de su encanto.

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VALORACIÓN:

Netflix lanza esta producción sueca que es una de las series más sólidas de los últimos meses: divertida, emocionante, gamberrísima y un disfrute para quienes busquen algo distinto y estén cansados de ver productos que son fotocopias.
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LO MEJOR:

Bill Skarsgård en estado de gracia: el papel le sienta de fábula y queda clarísimo que se lo ha pasado pipa. La mala leche del guión y el montaje.
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LO PEOR:

Hay una declaración previa de intenciones: se basa en verdades y mentiras así que es imposible saber qué es cierto y qué es idealización o delirio.
Hobby

85

Muy bueno

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