Crítica de La huella del mal, un thriller policiaco rodado en Atapuerca

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Crítica de La huella del mal, escrita y dirigida por Manuel Ríos San Martín en base a su propia novela con Blanca Suárez, Daniel Grao, Aria Bedmar y Cosimo Fusco. Estreno el 4 de abril de 2025.

Manuel Ríos San Martín ha transformado su novela La huella del mal en una película que se pliega a todas las convenciones del thriller policiaco, con Blanca Suárez (Respira) y Daniel Grao (Mano de hierro) como principales protagonistas.

Entre las pecularidades de la cinta hay que señalar las localizaciones del rodaje, que incluyen un paraje único para la arqueología y la paleontología mundial como es Atapuerca, que a día de hoy sigue desvelando secretos de nuestro pasado como homínidos.

Aunque la premisa principal es la resolución de un asesinato, la idea que late en su centro es la reflexión sobre nuestra naturaleza: si fue la violencia la que condicionó nuestra evolución o si, por el contrario, fueron valores como el de la empatía y la solidaridad los que consolidaron los cambios que nos distanciarían de nuestros orígenes salvajes.

La huella del mal está repleta de ideas acertadas y desatinos monumentales que hacen que la experiencia de visionado sea muy irregular. Por una parte, hay buenos valores de producción y una voluntad de trascender el género policiaco aportando algo más, pero por otra parte el desarrollo de los personajes y los diálogos son muy poco naturales.

Cuenta con un reparto entregado en el que Blanca Suárez, Aria Bedmar y Cosimo Fusco hacen un buen trabajo, pero hay también muchos personajes desdibujados y distractores cuya evolución a lo largo de la trama no se comprende, amén de la pila de tópicos heredados del cine estadounidense que le restan mucha verosimilitud a una historia que pedía a gritos más sabor local.

La trama de La huella del mal arranca con el descubrimiento del cuerpo de una joven en el Centro de Arqueología Experimental (CAREX) en Burgos. Durante la visita guiada de un colegio, un adolescente descubre el cadáver donde debería haber una réplica de un enterramiento neandertal.

Se trata de Eva Santos y parece haber sido víctima de un asesinato ritual: está desnuda, colocada en posición fetal y rodeada de un polvo rojo similar al encontrado en las excavaciones. Además sus labios están amoratados, indicando un posible envenenamiento.

Todos estos detalles encienden las alarmas de la policía, que seis años atrás se enfrentó a un caso similar. ¿Ha vuelto a actuar "el asesino del yacimiento" o se trata de un imitador? La inspectora Guzmán será la encargada de dirigir la investigación a contrarreloj, azuzada por un juez con prisa por darle carpetazo al caso.

Sin embargo, para su desesperación, tendrá que colaborar con su antiguo compañero y amante, Daniel Velarde, a quien le imponen como asesor externo. Todo esto en medio de su propio terremoto sentimental, puesto que decide retrasar el tratamiento de fertilidad al que se estaba sometiendo.

Un sueño hecho realidad

El marco en el que se desenvuelve la historia es uno de sus principales atractivos porque, además, la propia trama está relacionada con el yacimiento y su explotación. Pero el público tiene que tener muy claro que no va a ver en la película ni una sola línea de guión dedicada a la divulgación científica, es más bien una excusa sobre la que cimentar la trama.

Tanto es así que esa idea central queda enterrada en capas y capas de historias mucho más superficiales y menos interesantes que buscan un alto impacto resultando casi en exabruptos: desde el incesto y el planteamiento de las relaciones sexuales hasta la reproducción de las costumbres primitivas de manera extrema. El morbo gratuito impera sin que se justifique argumentalmente.

Todas estas salidas de tono repercuten de manera directa en el tono cambiante de la película, que cuando quiere poner el foco en el "villano final" tiene que hacerlo con un giro de guión tan tosco como inverosímil. Esto daña a la historia y a la conexión emocional con los personajes, a los que es difícil comprender. Sus actos y sentimientos parecen muy desajustados.

A pesar de todos estos enormes problemas, La huella del mal tiene también sus aciertos, que podrían desembocar en el alumbramiento de una secuela. Tiene claro el concepto que quiere vender aunque no sea especialmente novedoso, le saca partido a la ambientación y los parajes naturales y ha sabido recabar un buen reparto. Veremos si goza del favor del público y se consolida.

Valoración

Nota 50

Cumple como thriller policiaco morboso por la mínima, pero desaprovecha a un buen reparto y unas localizaciones excepcionales al lanzarse a los brazos de lo comercial, descuidando el corazón de la historia.

Lo mejor

El planteamiento de trasfondo de la naturaleza humana y las localizaciones de rodaje, un verdadero lujo.

Lo peor

El desarrollo de los personajes, los forzados diálogos y los lugares comunes.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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