Crítica de Ocho apellidos marroquís: la tercera entrega de la saga

Crítica de Ocho apellidos marroquís, dirigida por Álvaro Fernández Armero con guión de Daniel Castro y Julián López, María Ramos, Michelle Jenner y Elena Irureta como protagonistas. Estreno el 1 de diciembre.

Dicen que no hay dos sin tres y ya llama a la puerta Ocho apellidos marroquís. En verdad, habría sido un desperdicio no tratar de recuperar el enorme éxito que supusieron primero Ocho apellidos vascos y luego Ocho apellidos catalanes allá por 2014 y 2015, tanto en los cines como posteriormente en sus emisiones televisivas.

En su momento se llenaron muchos titulares con una potencial tercera entrega, pero la renuencia del elenco a regresar había relegado el proyecto hasta que se retomó la idea... con nuevo guionista y director. Así, Daniel Castro firma un guión en el que no participa Borja Cobeaga, y Álvaro Fernández Armero coge el testigo de Emilio Martínez Lázaro

El reparto es también completamente nuevo y no hay ninguna relación entre los personajes que se presentan y los de las dos primeras entregas. De modo tal que no es necesario haberlas visto para ir al cine a ver Ocho apellidos marroquís.

Ahora bien, aquellas dos tenían muy bien delimitados los tópicos regionales de los que querían sacar tajada: pocas identidades tan fáciles de estereotipar como la andaluza en contraste con la vasca y la catalana. En esta ocasión se confrontan más bien ideologías: la parte más clasista y adinerada de la sociedad cántabra y la más humilde de Marruecos. El resultado es menos divertido de lo esperable.

¿De qué va Ocho apellidos marroquís?

Guillermo (Julián López) quiere recuperar a su expareja, Begoña (Michelle Jenner), a toda costa. A tal efecto se presenta en el funeral de su padre (Antonio Resines) empeñado en consolarla y, con suerte, volver a deslumbrarla con su encanto. Sin embargo, ella planea irse a vivir a Chicago y dejar atrás su querida Cantabria para comenzar una nueva vida.

Eso implica desentenderse de la conservera que su padre puso en pie años atrás y por tanto no dar cumplimiento a una de las últimas voluntades que dejó antes de morir: que ella asumiera el mando. Pero no la única: su madre (Elena Irureta) recibe un vídeo en el que especifica que quiere que madre e hija vayan a Marruecos a recuperar el Sardinete, su primer pesquero.

Guillermo se entera de rebote y hace lo imposible para acompañarlas en un viaje en el que van a descubrir el gran secreto de José María: una hija secreta que va a cambiar la forma de ver la vida de esta familia.

¡Qué difícil es hacer reír!

A esta saga le ha sentado mal todo: los cambios en el guión y el propio momento en el que vivimos. Como el propio Armero nos comentaba en la entrevista que pudimos hacerle el margen para la comedia se ha estrechado mucho. Los cambios en el paradigma del humor han hecho que si te pasas hieras sensibilidades y, si no llegas, caigas en un buenismo insulso.

El gran problema de Ocho apellidos marroquís es que no calibra nada bien esas estrecheces: hay sketches que resultan zafios a más no poder para luego hacer que los personajes den un giro de 180 grados que tampoco es justificable a tenor de la ideología que arrastran de cuna.

Es decir, que el desarrollo de los personajes resulta inverosímil, por más que estén en buenas manos, con un reparto de lo más solvente, e incluso se opte por evitar algunos lugares comunes como vértices malignos en triángulos amorosos.

Por lo demás es una comedia romántica al uso como tantas otras vistas antes que, eso sí, le saca su jugo a Marruecos, sus usos y costumbres (a menudo muy exagerados cuando no llevados al extremo o tergiversados por completo) y los habituales prejuicios que de su población se tiene en nuestras fronteras, máxime cuando se estima el patrimonio con el que cuentan.

En el plano técnico, Ocho apellidos marroquís va muy justita, sobre todo en las secuencias iniciales en las del raccord de luz es un puzle imposible de montar con coherencia estética, si bien es un mal menor dado que no es lo más importante de la película.

En el horizonte, se deja entrever interés por una posible Ocho apellidos argentinos o bien Ocho apellidos murcianos... El reparto está interesado en regresar y, de tener éxito, la continuidad está más que asegurada.

Valoración

Nota 37

Menos divertida que sus predecesoras, Ocho apellidos marroquís nos lleva a nuevos escenarios con un reparto renovado aunque con el mismo espíritu de comedia romántica con ganas de derribar estereotipos sociales.

Lo mejor

La luz que desprende María Ramos y la vis cómica de Julián López y Elena Irureta. Cómo está escrito el personaje de Jenner, lejos de tópicos.

Lo peor

Salvando algún momento puntual, al guión de Ocho apellidos marroquís le falla mucho el humor: demasiado bruta primero, demasiado buenista después.

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Título original

Ocho apellidos marroquís

Lenguage original

Español

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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