Crítica de Paddington: Aventura en la selva, un extraño viaje a Perú que cambia el rumbo de la saga

Crítica de Paddington: Aventura en la selva, la tercera entrega de la saga, en la que Dougal Wilson toma el relevo de Paul King como cineasta.
Paddington: Aventura en la selva poco tiene que ver con las dos anteriores entregas de la saga cinematográfica iniciada ya hace más de una década por Paul King. Esta es la continuación directa de la segunda película, sí, pero se distancia hasta tal punto de ella a tantos niveles que hace bien al ignorar el 3 en su título a cambio de indicarte que ahora nos vamos a Perú.
Basada en la obra literaria de Michael Bond, la primera entrega de Paddington (2014) y su secuela, estrenada tres años después, nos narraban la historia de un osezno recién llegado a Londres desde Perú que intentaba encontrar su sitio en la ciudad y crear una nueva familia.
Torpe, ajeno a las costumbres inglesas tras llevar una infancia entera en la selva, pero con un gran corazón, los dos primeros largometrajes de Paddington se divertían al mostrarnos lo caótica pero entrañable que podía ser la incursión de ese osito en las vidas de la familia Brown a través de la representación cotidiana de sus vidas.
Paddington deja de ser Paddington al llegar a Perú
Paddington era entonces el absoluto protagonista de sus propias cintas. En cambio, Aventura en la selva decide virar 180º, alejándose de las remotas tierras británicas en las que aterrizó el osezno y su adaptación a la rutina del día a día y a sus gentes para contarnos otra película.
No es de extrañar, casi todo en esta nueva entrega de la saga es nuevo, haciendo que se desvincule todavía más del resto: desde su director y sus guionistas hasta el escenario principal y la duración del metraje, ahora extendiendo los 95 minutos de las anteriores hasta los 106.
Incluso la propia actriz que encabezaba el reparto de las dos cintas previas, Sally Hawkins, decidió abandonar el barco a tiempo para pasar a ser sustituida mágicamente por Emily Mortimer.

Aunque estos cambios hasta resultan favorables teniendo en cuenta el nuevo enfoque general que se ha querido llevar a cabo, porque se hace menos necesaria esa continuidad que sí demandaba Paddington 2 (2017).
Lo poco que vemos de Londres recupera algunas de las gracias estéticas implantadas bajo la dirección de Paul King, mientras que con la llegada de la familia Brown a Perú se pierden los guiños sin que se añadan recursos nuevos.
Los paisajes son bellos, conocemos más en profundidad la residencia de la tía Lucy, el lugar de nacimiento del osito, y a nivel técnico nos seguimos encontrando con una perfecta recreación de la anatomía de sus personajes animales que aguantarán el paso de los años tan bien como la original.
Pero falta ese algo más que sacaba de lo más absolutamente convencional a Paddington para convertirla en una película familiar que además era llamativa; faltan ideas más allá de la diversión, de beber del cine de acción y de la comedia física más entretenida.
Visitando un Perú excesivamente exótico

La nunca bautizada como Paddington 3 es un largometraje de aventuras de manual, de búsqueda, de exploración y de desentrañar misterios por irreales parajes de ensueño que se olvida de casi todo lo que establecían sus entregas previas para ofrecernos un viaje -literal- muy disfrutable, ágil y gracioso hacia un Perú que no existe.
Es el Perú romantizado del cine de expediciones ambientado a principios del siglo XX, el Perú del Amazonas, del Machu Picchu, El Dorado, la civilización inca… Un Perú exótico que no se detiene en sus gentes o sus pueblos si no que busca la extravagancia, tan sólo fiel al espectáculo que quiere ser.
Y que sorprende al presentarte a Olivia Colman o Antonio Banderas como guías en el viaje de Paddington y su familia por el corazón de la selva amazónica, pero que se las logra ingeniar a nivel narrativo para no utilizar talento local como rostros protagonistas.
Paddington regresa a su hogar, si bien no está mejor adaptado a él de lo que llegó a estar nunca a Londres, aunque esa falta de destreza que antes servía para caracterizar al personaje se ha convertido en un mero vehículo de la comedia, perdiendo relevancia en favor de la nueva misión que le encomiendan al pequeño: dar con el paradero de su desaparecida tía Lucy.

Eso sí, es fácil echar todas las críticas por la borda desde el momento en que ves a una sonriente Colman disfrazada de monja con segundas intenciones mientras blande una guitarra y te canta la canción introductoria de la película, que sirve como punto de separación entre lo que fue la saga y lo que vendrá después.
En una vis cómica muy bien explotada, tanto en ella como en Banderas, ahora transformado en el último descendiente de una longeva estirpe -toda ella encarnada por él- que le pondrá las cosas complicadas al osezno, con las luces y sombras propias de un buen villano que no se vuelve el móvil principal de la trama sino un obstáculo más.
Paddington: Aventura en la selva cierra con varias escenas poscréditos -hay que aguantar hasta el final- que añaden chistes sin anticipar lo que pasará en su, por desgracia, ya confirmada cuarta entrega. La cinta se estrena en cines españoles el próximo viernes 21 de febrero.
Valoración
Nota 74
Paddington: Aventura en la selva no tiene nada que ver con las dos primeras películas de Paul King. Sigue siendo una cinta familiar muy entretenida pero muy diferente, a la que le falta algo de magia.
Lo mejor
Olivia Colman como monja.
Lo peor
Se echa de menos Londres y llegamos a un Perú demasiado irreal.
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Paddington 2 (2017)
Título original
Paddington 2
Género
Aventura, Animación, Comedia, Familia
Lenguage original
Inglés



