Malasaña 32
Análisis

Crítica de la película de terror Malasaña 32, inspirada en hechos reales

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de la película de terror Malasaña 32, inspirada en hechos reales y dirigida por Albert Pintó (Matar a Dios). Nos traslada al barrio madrileño en los años 70. Estreno el 17 de enero de 2020.

Sin nada de envidiar a cualquiera de las entregas de Insidious, Albert Pintó (Matar a Dios) compone una película de terror bastante solvente, al menos, hasta su tramo final. Siguiendo la estela de Paco Plaza, la película Malasaña 32, que bebe claramente de Verónica en su intento por realizar el retrato de una época y a la vez mezclar cierto humor negro con el género, busca alianzas con nuestra historia reciente y de paso trata de denunciar los monstruos que crea la represión. No le sale del todo la jugada al llegar al clímax, pero es admirable el intento de unificar tantas corrientes en una única propuesta narrativa.

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La película arranca presentándonos a los anteriores vecinos del portal ubicado en la calle Manuela Malasaña número 32 en una secuencia introductoria que ya marca desde el principio el ritmo y la tensión constante a la que se verá sometido el espectador, permanentemente puesto a prueba con audios estridentes y sustos de los que te hacen saltar en la butaca.

Después conoceremos a los nuevos incautos dispuestos a entrar a vivir en una casa encantada en la que hasta al comercial de turno le cuesta meter la llave en la cerradura dominando el temblor que le produce meterse allí.

Ellos son Manolo y Candela y se mudan con el abuelo Fermín y sus tres hijos con la idea de dejar atrás las habladurías del pueblo y abrirse paso en nuevos trabajos haciendo borrón y cuenta nueva. A fresh new start, algo que no puede ser más clásico en el cine de terror anglosajón y que aquí tiene más relación con la estrechez de miras del tardofranquismo y la voluntad de tener una nueva oportunidad ya en plena Transición.

Sin embargo, algo parece amenazarlos desde el principio: una funesta presencia que les hace la vida imposible presentándose de diversas formas y amenazando incluso sus vidas. Las experiencias paranormales no tardan en sucederse hasta dejar a los integrantes de la familia desamparados. Es evidente que necesitan ayuda pero no tienen a quien acudir hasta que conocen, casualmente, a una mujer que quizás sea la clave para comprender lo que sucede en su hogar.

Hay toda una serie de aciertos que hay que reconocerle a Malasaña 32, empezando por el diseño de producción: aunque la puesta en escena está bastante forzada y cae en muchos clichés y lugares comunes (luces que se apagan, estancias polvorientas y objetos que se mueven solos, por nombrar algunos de ellos), está conseguido el aspecto decrépito y espeluznante que se busca.

La dirección de actores es otro factor que juega en favor de la película, incluyendo a los actores más jóvenes, los televisivos Begoña Vargas (Alta mar), Sergio Castellanos (La peste) e incluso el pequeño debutante Iván Renedo.

Si sois aficionados a los monólogos de Goyo Jiménez de Aiguantulivinamerica, os sonarán sus chanzas sobre los tópicos de las películas de terror americano, que aquí se reproducen uno tras otro: los personajes no hablan entre ellos, se internan solos en estancias oscuras y se empeñan en tener el comportamiento menos racional posible en los momentos clave en los que quedan expuestos.

El humor, que aparece de cuando en cuando, así como las referencias cronológicas (canciones de Julio Iglesias, Raphael y hasta la canción del programa infantil "Un globo, dos globos, tres globos") le dan a la película un plus. La misma elección de Javier Botet o la aparición de Concha Velasco a lo Elise Rainier van en esta línea, aunque no deja de ser algo desconcertante que una película que pretende ser seria tire en algunos momentos por este camino. 

Malasaña 32

No hay grandes búsquedas formales en Malasaña 32 que consigan impregnar la historia de una profundidad mayor, pero la realización es correcta y el acabado satisfactorio, una vez que te habitúas a los constantes sustos. Menos eficiente es la historia en sí, a la que no se le saca todo el partido que podría: las explicaciones finales no consiguen hilvanar del todo el guión, que deja bastante flecos colgando.

En suma, no es una película bien rematada ni que consiga siquiera que ese "inspirado en hechos reales" te deje con un estremecimiento en la nuca... Eso sí, seguro que paseando por Madrid, le echáis más de un vistazo de reojo a los balcones de Malasaña que forman parte de esa España Negra que está en nuestro inconsciente colectivo... ¡Pero no busquéis el número 32 porque la calle acaba en el 30! Se ha rodado en la esquina de San Bernardino con la calle Dos Amigos.

Valoración

A la sombra de Verónica, Malasaña 32 es una nueva cinta de terror ambientada en esta ocasión en los años 70 y en el barrio madrileño de Malasaña. Aunque tiende en demasía al susto fácil funciona razonablemente bien hasta su tramo final en el que descarilla con estrépito.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

El reparto, el diseño de producción y de sonido y algunos momentos escalofriantes, sobre todo al principio de la cinta.

Lo peor

Abusa demasiado de los estallidos de audio y de los jumpscares. El final roza lo ridículo y la lógica interna de la película hace aguas.

Y además