Suspiria
Análisis

Crítica de Suspiria, remake de Luca Guadagnino de la película de terror

Por Raquel Hernández Luján

Luca Guadagnino reinterpreta Suspiria, en un remake que aporta una nueva visión del giallo de Dario Argento. La película abrió Sitges 2018 y está protagonizada por Tilda Swinton y Dakota Johnson.

A lo mejor eres de esas ingenuas personas que piensa que haber visto la película de Dario Argento va a prepararte para hincar el diente al remake de Suspiria de Luca Guadagnino, pero te advertimos que nada más lejos. El director italiano toma un material original de su compatriota y lo lleva a un lugar totalmente diferente, amplificando algunas ideas y dándoles mayor resonancia y llevando el relato a unas nuevas coordenadas temporales en las que se añaden nuevas capas de reflexión.

Las mejores ofertas en cine de terror

En suma, esta nueva Suspiria está inspirada en la película de terror sobrenatural de 1977, pero es tan distinta a la hora de remover las entrañas al espectador que hay que comenzar alabando el riesgo de este creador, que apenas hace un año nos deleitaba con su adaptación Call Me by Your Name. Menudo cambio de registro y menuda película para llevarlo a cabo.

La película nos presenta a Susie Bannion: una bailarina americana que se desplaza a Alemania para estudiar en la prestigiosa academia de baile de Madame Blanc. Contra todo pronóstico, la joven deja fascinada a la casi inaccesible directora de la Markos Tanz Company, pero la desaparición de una compañera desata una oleada de paranoia en las demás que temen que la propia academia esté detrás de este suceso.

Junto a su nueva compañera Sara y al psicólogo Jozef Klemperer, la novata Susie empieza a indagar qué se esconde detrás de los muros del viejo edificio en el que un grupo de mujeres tutoriza a sus alumnas como si de madres se tratara. ¿Cuál es su verdadero objetivo? ¿Está Susie en peligro?

En el remake de Suspiria hay varios elementos fundamentales que tratan de buscar en nosotros el extrañamiento: las coreografías de danza y algunos recursos ópticos que os remitirán a cine de los años 70: desde zooms hasta, ya muy al final, una utiización de la fotografía que nos ofrece planos teñidos de rojo y verde y nos remite a la primera Suspiria. Pero el guión de David Kajganich (el creador, por cierto, de esa joyita que ha sido la serie The Terror) opta por elaborar mucho más la mitología de este microuniverso de la brujería y Guadagnino no se corta a la hora de aportar su propia impronta autoral llevando su propuesta estética más lejos. 

Un buen ejemplo de esto es el brutal montaje paralelo en el que asistimos a un conjuro perpretrado a golpe de movimientos frenéticos, a la vez que vemos a la víctima del mismo retorciéndose y desfigurándose en una sala de espejos. Guadagnino logra, por otro camino, sumergirnos en una pesadilla. Y además, no se corta a la hora de hacérnoslo pasar realmente mal. ¿Recordáis a aquel monstruo telúrico y sobrenatural de La bruja haciendo a un niño mantequilla a golpe de mortero? Pues ahora vais a tener ocasión de entrar en las catacumbas de un edificio que sirven de guarida a las arpías y a comprender su mayor ansia: no perecer.

Suspiria

El problema de la nueva versión de Suspiria es que en el largo camino para contarnos todo eso, se pierde en tramas secundarias a las que les da demasiado peso: de haber condensado más su discurso sería mucho mas aterradora y eficiente. 

Respecto a las interpretaciones, el trabajo del elenco es intachable, empezando por la siempre enigmática Tilda Swinton, quien, por cierto, a su paso por el Festival de Cine de Sitges hizo un verdadero discurso a favor del cine fantástico que fue especialmente emotivo para quienes amamos este género. Y es que una de las principales virtudes de la película que nos ocupa es la absulota falta de complejos a la hora de abrazar las premisas de su estilo. Otra apreciación necesaria es la de que es una verdadera rareza ver una película en la que apenas hay personajes masculinos y en la que todos los principales son femeninos.

El abanico que abarca es amplísimo, pero no hay en ello, como muy erróneamente se ha expresado en otros medios, una voluntad de "empoderar a la mujer" (qué hartura de expresión) o de navegar por su sexualidad, sino que se debe más bien a que el mundo de la brujería ha sido y es terreno femenino. Las brujas son crueles, ambiciosas, manipuladoras y corruptoras de la pureza por antonomasia y Suspiria no rehúye mostrar todo eso sin anestesia.

Hay que decirlo: es una película para ver una segunda vez. Como espectador es fácil "perderse" un poco sobre todo a la luz de la conclusión final que entreteje la historia principal con otra inesperadamente romántica.

Ha habido quien no ha entenido nada de nada (normal, no es una historia sencilla que te den mascada) y quien la tacha de ser una obra sin sentido y sin pasión, fría y apática, hasta politizada. Esto da cuenta de la enorme cantidad de capas y de planos de interpretación a los que nos da acceso. ¿Quieres interpretarla como una metáfora de las barbaridades del III Reich? Puedes hacerlo. ¿Quieres tomar esta película de terror más bien como una ampliación para completar el cuento macabro de Argento? También puedes hacerlo. ¿Acaso prefieres que te cale como una tenebrosa historia de iniciación? Te permite empaparte de sus siniestras piezas de ese modo, por supuesto. Son tantas sus facetas como las que se muestran en esa sala de espejos en las que vemos una cara retorcida: no es una película fácil ni cómoda para la audiencia. Y, sinceramente, es un gusto que no lo sea.

Valoración

El remake de Luca Guadagnino es una obra completamente diferente a la original de Argento, en la que se encuentran más desarrolladas algunas de las ideas que "desaprovechó" el maestro Dario: la escenificación de un aquelarre y la forma en la que arte y perversión convergen.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

Hay 3 secuencias delirantes que son magníficas en todos los sentidos: planificación, plasticidad, montaje, efectos especiales, dirección artísitica...

Lo peor

A pesar de su rabiosa originalidad, hay decisiones que no terminan de justificarse: ni la duración, ni la aparición de determinados personajes.