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Todas las lunas
Análisis

Crítica de Todas las lunas, una fábula fantástica sobre la inmortalidad

Crítica de Todas las lunas, una fábula fantástica sobre la inmortalidad dirigida y escrita por Igor Legarreta y Jon Sagalá que se estrena el 14 de mayo en cines.

Pocas veces tenemos el gusto de hablaros de películas tan bien definidas, ambientadas y materializadas como Todas las lunas, una coproducción hispano-francesa rodada en Vizcaya, prácticamente al completo en exteriores y buscando una ambientación natural y creíble. No es descabellado compararla con La bruja no tanto por el género (en este caso estamos más ante un drama de corte fantástico que ante una película de terror) sino por la forma en la que reinventa el folklore y se sumerge en lo telúrico.

Se trata del segundo largometraje de Igor Legarreta, guionista de Autómata y autor de varios cortometrajes memorables como El trabajo o El gran Zambini y puede que sea su trabajo más redondo hasta la fecha. Cuenta además con una banda sonora de Pascal Gaigne (La trinchera infinita) y con una fotografía sobresaliente de Imanol Nabea que sabe bascular entre la oscuridad y los pasajes luminosos, pero quizás su gran atractivo es el de tirar en todo momento de lenguaje cinematográfico con un diseño de sonido sensacional y los diálogos justos (con el valor añadido de estar rodada en euskera).

Temporalmente, Todas las lunas nos ubica en pleno siglo XIX en un valle del norte durante la última guerra carlista.

Un proyectil destruye un hospicio de niñas y tan solo sobrevive una de ellas que, malherida, es rescatada por una mujer que la cuida y consigue curarla. Ella no sabe lo que es tener una madre y no está acostumbrada a pertenecer a un grupo, así que se siente aliviada al estar en sus manos.

Pero la suerte no está de su lado, y como consecuencia de un inesperado ataque a su escondite, la pobre niña vuelve a quedarse sola y aislada en las montañas durante un largo periodo de tiempo.

Es en ese preciso momento cuando la pequeña descubrirá su nueva y extraña condición que le impedirá ver la luz del día y volver a tener una vida corriente... además de acostumbrarse a la soledad, intentará superar sus limitaciones para encajar entre las gentes del lugar. El punto de inflexión lo marcará el momento en el que conozca a Cándido, un hombre humilde que la acogerá en su casa como si de su propia hija se tratase y que la acompañará en la lucha contra su propia naturaleza y en el sueño de recuperar su vida arrebatada.

Siempre es demasiado tiempo

Hablar de Todas las lunas sin incurrir en spoilers es complicado, pero es de ley que, como espectadores, comprendáis por dónde van los tiros en la sala de cine sin que os revienten el argumento. Baste señalar, sencillamente, que es una película que sabe introducir su premisa fantástica sin renunciar a la verosimilitud y adoptando un tono de fábula que bien podría entroncar con el folklore de la zona.

El gran descubrimiento de la película es la joven actriz debutante Haizea Carneros que lleva sobre sus hombros casi sola todo el metraje y consigue insuflarle a su personaje una verdad pasmosa teniendo en cuenta su inexperiencia. Con una elocuente mirada y una entrega absoluta, nos presenta a una niña arrasada por la guerra y por la soledad que decide buscar la forma de reiniciar la cuenta de sus días.

La acompañan un ramillete de secundarios liderados por Itziar Ituño (La casa de papel), Josean Bengoetxea (El inocente) y el joven Lier Quesada, en su segundo trabajo en cine. Todos ellos, por cierto, muy bien dirigidos y contenidos para darles consistencia s sus personajes.

En resumidas cuentas, Todas las lunas es una fábula evocadora, que sabe cuándo y cómo recurrir a unos efectos especiales integrados a la perfección y cuándo deleitarse en parajes naturales que hablan por sí solos. Dentro de su aparente sencillez, desarrolla una historia emocionante en la que la protagonista es un vehículo ideal para generar empatía con los espectadores.

Es una película hermosa de contemplar y profunda a pesar de abrazar un leit motiv del género: algo tan sencillo y a la vez tan doloroso como que puede que sin la muerte, no merezca la pena vivir. Es a fin de cuentas un camino iniciático para acceder a la madurez que empieza en el momento en el que somos conscientes de nuestra finitud y la aceptamos.

Valoración

Todas las lunas es una fábula fantástica que parece beber de la mitología navarra para introducir ciertos temas relacionados con el paso del tiempo y el vértigo de la inmortalidad. Bien ejecutada y con poderosas imágenes, es una de esas películas que se siguen rumiando días después del visionado.

Hobby

77

Bueno

Lo mejor

La historia, sencilla pero muy precisa; el trabajo de localizaciones y fotografía y el sensacional debut de Haizea Carneros, joven actriz de 12 años.

Lo peor

Su estructura lineal con saltos temporales hacia el futuro resulta a veces un poco frustrante.

Y además