Crítica de Bajo un volcán: un culebrón noventero de catástrofes desubicado en la línea del tiempo

Crítica de Bajo un volcán, un mix de cine catastrofista, romance y aventura dirigido por Martín Cuervo con Maggie Civantos, William Levy y Adriana Torrebejano. Estreno el 20 de junio.
Si lees el título de la película sin ver el cartel, Bajo un volcán evoca el cine catastrofista de toda la vida: esas películas articuladas alrededor de un desastre como pueden ser Twister, Volcano o Armageddon y que tuvieron sus años dorados en la década de los 90 cuando sufrimos epidemias, colapsos mundiales y hasta invasiones extraterrestres.
La película que se estrena esta semana tiene ese mismo espíritu: aventuras y romance para agitar un cóctel bien conocido y con retrogusto muy estadounidense. Aquí se sustituye la propaganda yanqui por el espíritu de entrega de las fuerzas de seguridad cuya misión es, del mismo modo, "salvar el día". Ni que decir tiene que nuestros protagonistas tienen grandes aspiraciones y responsabilidades.
Pero aunque los códigos son los heredados del cine estadounidense, el target principal de la película no es ese, sino el mercado hispanohablante (hasta me atrevería a decir que no es el público español la principal diana sino la del público del otro lado del charco).
En esa dirección rema el fichaje del actor cubano William Levy a quien vimos en Resident Evil: El capítulo final como héroe principal y de la actriz mexicana Fabiola Guarjardo, que formó parte del reparto de Bardo, falta crónica de unas cuantas verdades, como antagonista. Es el toque culebronesco de una película que no se resiste a un solo tópico.
Un ambiente caldeado
Mario Torres, capitán y piloto militar, llega a la isla de Tenerife junto a su compañera de equipo cuando para dar respuesta a una alerta. El volcán de Garachico, que en el pasado causó una tragedia, está expulsando gases y amenaza con volver a entrar en erupción muy pronto, lo que ha llevado a las autoridades a estar contra las cuerdas.
Tienen que sopesar qué paso dar a continuación: elevar la emergencia y evacuar el pueblo o bien fiarse de los datos más optimistas y dar por sentado que el volcán volverá a dormirse.
Para tomar una decisión se ponen en manos de Daniela, una vulcanóloga desplazada a la zona, bastante cabezota, que se empeña en tomar muestras al pie del volcán sin respetar las medidas de seguridad.
Tan pronto como se conocen, entre Mario y Dani saltan chispas, pero es que para mayor enredo, la responsable de tomar las medidas no es otra que una expareja del piloto, líder del comité científico del organismo encargado de la situación. La amenaza natural está bien clara y el reto sentimental, también.
Martín Cuervo, cuyo proyecto anterior fue el remake de la película francesa ¿Quién es quién? se aventura a dirigir una película muy ambiciosa en cuanto a medios y a la que no le ha faltado financiación para retratar con justicia la belleza de Garachico y hasta fingir una erupción volcánica. Vaya por delante que a nivel técnico, poco se le puede reprochar a la película: cumple.
Las carencias están en el guión repleto de personajes estereotipados y lugares comunes. Bajo un volcán no se salta una sola coma del manual de instrucciones, salvo por la inclusión de un personaje femenino sin vinculación sentimental con el protagonista interpretado por Adriana Torrebejano, que es el único capaz de refrescar un poco las tórridas e intensas relaciones, propias de un culebrón.
Lo mismo respecto a las líneas de diálogo y la dirección de actores, que no hay espacio para la sutileza ni para la insinuación: la película es tan autoconsciente de sí misma que roza lo risible y la química entre los actores es... la que es.

Es indiscutible el atractivo de Maggie Civantos y William Levy pero su romance no es nada creíble y sus conversaciones carecen de naturalidad. No hay una excesiva complicidad entre ellos que lleve a empatizar con su flechazo a primera vista. Son el guapo y la guapa de turno, condenados a odiarse y amarse un poco "porque sí". Y la peli explota sus privilegiados físicos sin ningún pudor.
¿Estamos ante una propuesta entretenida? En verdad, ya la hemos visto antes mil veces y es muy fácil adelantarse a los giros de guión y predecir el final, así que se le ven las costuras de más y de sobra. El consuelo que le queda al espectador es deleitarse con los entornos naturales, bellamente fotografiados y para de contar.
Es un experimento un tanto extraño, un ejercicio de nostalgia que trata de homenajear esa etapa de la que hablábamos al comienzo, con todos sus tropos y señas de identidad, pero que se percibe como desubicada en nuestros días.
Valoración
Nota 35
Con el cine de catástrofes estadounidense en el retrovisor pero el público hispano en la diana, se ha compuesto una película que a duras penas llega a ser entretenida teniendo en cuenta lo poco que esconde sus intenciones y lo manidos que están los clichés que maneja.
Lo mejor
La relación de los personajes de William Levy y Adriana Torrebejano, que es la más humana, real y comprensible. El diseño de producción es ambicioso.
Lo peor
Es una película trazada con escuadra y cartabón, predecible a más no poder y no especialmete memorable.

