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La opinión de
José Luis Sanz

Dificultades... ¡¡las justas!!

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Todos los que lleváis un tiempecito en esto de jugar con ordenadores, consolas o lo que sea, sabréis a lo que me estoy refiriendo.

Seguro que alguna vez habéis contado en ese círculo friki de jugadores empedernidos que todos tenemos en casa, con qué juego estáis liados, por qué fase vais (¿eh, a que siempre decís que lleváis avanzado un poquito más allá de por donde realmente vais?) y lo bien o mal que os está pareciendo. Es más, casi siempre que nos encontramos en esa típica discusión, siempre aparece el farolero de turno para soltar una bravuconada sobre lo fácil que es: "es para niños".

Cuando uno tiene algunos años menos, abrir la caja de un juego y ponerse manos a la obra con él es una especie de misión celestial que el dios de los videojuegos nos ha encomendado como parte de una cruzada superior. No sabemos qué cruzada es, ni será, pero de algún modo todos los gamers acabamos temiendo que nuestra Denominación de Origen como expertos-en-el-tema dependa de que nos terminemos todo lo que jugamos en el modo pesadilla, nightmare o como se llame. Es como una obsesión que nos recorre el cuerpo y que, si analizamos detenidamente, es tan divertida como meter la mano en agua hirviendo.

Tal vez sea una leyenda urbana, pero no se sabe por qué razón uno tiene entendido que el buen jugador, el gamer de verdad, se acaba los juegos tres o cuatro veces seguidas sin pestañear los ojos, en plan Chuck Norris. Y, si se tercia, la quinta, la sexta y la séptima vez lo intenta con los ojos cerrados y con el PC, o la consola, apagada.

Está muy bien eso de superarse, de ponerse retos en la vida (que no en la Visa) y de disfrutar en modo sadomaso de nuestro hobby preferido, pero yo al menos, que quede claro, he decidido abdicar de mi oblicación como gamer-fetén de tener que acabarme por narices todos los juegos en el modo más difícil.

¡¡Quita, quita!! Yo no me complico la vida, con lo bien que vivo sacando los juegos de la caja, instalándolos (o no si es en consola), leyendo sus instrucciones y poniendo el modo de dificultad en recluta: los enemigos se autolesionan al verme llegar o, directamente, me preguntan por mis hijos, los powerups saltan solos como setas hasta mi marcador, disfruto del mapa contando los pixels que han utilizado para trazar la cabeza de Hello Kitty y, si se tercia, me levanto a coger algo de la cocina en pleno tiroteo sin que me maten. ¡¡Qué gusto!!

Yo, desde hace un tiempo, no me complico la vida. Voy a lo seguro, a lo facilito, a ver lo bien hecho que está el juego, a divertirme sin perder los nervios y, más importante aún, a terminármelo cuanto antes para volver corriendo a la tertulia friki de mis amigotes para contarles que me lo he terminado en el modo más difícil... ¡¡aunque sea una trola!!

Y a vosotros... ¿no os pasa lo mismo?

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