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La opinión de
Jesús Delgado

Vampiros, hoy: "Soy moderno, soy eterno y lo estoy pasando bien"

Vampiros hoy

Vampiros. No muertos, nosferatus... la imagen del vampiro ha cambiado con los años. Con motivo del lanzamiento la serie de Castlevania, ponemos a nuestro friki particular, Jesús Delgado, a hablar del cambio de imagen del estereotipo de monstruo a víctima de la moda.

Sí, sí. Por si no nos habíamos enterado, Castlevania, la serie de Netlix basada en el videojuego homónimo de Konami, ya está de camino y se estrenará en nuestro país el 7 de julio en la plataforma VOD, completamente traducida (esperamos). Esto, claro, habrá levantado el hype de más de un seguidor de la serie Castlevania y de los vampiros en general. 

Ahora bien, ¿la imagen que Castlevania nos vende sobre los vampiros es la que predomina a día de hoy o existe una percepción distinta, quizá romantizada de los no muertos bebedores de sangre? Haciendo un ejercicio de humildad, diría que me gustaría saber la opinión de mis compas, Clara Castaño y Miguel Morales, que están más puestos en la materia y también son forofos de ella. 

Y es que, lo primero, antes de seguir, he de avisaros que no os puedo presentar una opinión imparcial sobre los vampiros. Para mi el único vampiro bueno es el empalado y puesto a secar al fresco a las doce del mediodía. Además, mis partidas del juego de rol de Vampiro: La Mascarada, misteriosamente acaban convirtiéndose en un sindiós propio de películas como Rocknrolla y de Snatch: Cerdos y Diamantes. No preguntéis por qué, solo os diré que mis jugadores son de los que les gusta provocar al Master a ver hasta dónde puede llegar.

¿Os mola Castlevania? No os perdáis el avance de algunas de sus escenas

¿Por dónde íbamos? Ah, sí, a que creo que los vampiros están un poco idealizados y suavizados. Si echamos la vista atrás, en el folklore del Viejo Mundo, tenemos vampiros por doquier y nunca retratados de manera muy positiva; ladrones de niños, almas en pena, necrófagos, etc... Y sin una pizca de glamour. De hecho, el Drácula de Bram Stoker era poco menos que un panfleto nacionalista que equiparaba al extranjero al monstruo asesino e invasor. 

El cine en el siglo XX, o al menos durante buena parte de él, ya fue el que formuló la idea general del vampiro, con su apariencia clásica, fobias y debilidades, siendo el Nosferatu de Murnau y el Drácula de Béa Lugosi las dos principales fuentes de inspiración para la imagen que todos tenemos en la cabeza. 

Sin embargo, algo pasó en los años 80, que cambió el paradigma. No sé si fue la película de El Ansia (con David Bowie y Susan Sarandon) o el libro de Entrevista con el Vampiro (y su posterior adaptación cinematográfica) lo que cambiaron la forma de ver al vampiro. Ya no era un monstruo, sino un ser atormentado y con mucha angustia existencial, en lucha constante con su bestia interior y que bla,bla,bla... algo que alimentó bastante, por cierto, el Drácula de Coppola no mucho tiempo después.  Y de ahí al cuero hasta en los calzoncillos, como ejemplificaron la trilogía de Blade y la serie cinematográfica de Underworld.

Esto nos lleva a la situación actual, en el que la literatura fantástica, basada en juegos de rol o sencillamente con pretensiones de género romántico, han acabado por convertir a los vampiros en seres tiernos, sensibles e incomprendidos, en lugar de los depredadores parasitarias, demonios no muertos, que originalmente.

Vamos, que en lugar de lidiar con ellos a base de estaca y un objeto afilado, la tónica general es verlos brillar a la luz de sol, con purpurina, y quedarse mesmerizados ante su belleza. Sí, todos estamos pensando en Crepúsculo. Pero no neguemos que truñacos cómicos como True Blood (¿Ay, que tendrá la Suki para que todos se vuelvan locos con ella?) o Crónicas Vampíricas han acabado por hacer también "Happily Friendly" a una criatura de la noche, sedienta de almas y vitae. Y creo que me dejo Buffy en el tintero, y un par de series más, pero no hagamos más sangre del asunto.

A lo que quiero llegar con esto es que parece que el vampiro inmortal, todopoderoso y temible ha pasado de moda. Ese que tanto les gusta mostrar en Castlevania, en Ravenloft o, incluso a Marvel con su versión postmoderna medieval con coleta, está trasnochado. Ha dado paso a un vampiro eternamente adolescente, molón, melancólico, superempático y tan vegetariano, que de ser por él solo chuparía acelgas y nabos. Esta involución hacia lo aceptable ha llegado hasta el punto que ya el vampiro, a día de hoy, me recuerda a aquella parodia de Andrés Pajares, con la salvedad que el arquetipo a día de hoy se ha tomado en serio y al pie de la letra la canción del Drácula Ye-Ye. Motivo, por cierto, del titular de este texto. 

Con toda esta catilinaria no quiero poner a parir a quien le gusten los dramas de Edward y Bella; ni quien se flipe con su personaje de rol True Brujah con Celeridad y Temporis, que va armado katanas de plata  y chupa de cuero; ni tampoco al que considera una buena idea vivir solo de noche, porque como todos sabemos es un hábito muy romántico y salubre. Cada loco con su tema. Yo sigo emperrado en llamar a mis churumbeles Optimus Prime y/o Harley Quinn Delgado, después de todo.  A lo que quiero ir es que no sé yo si más allá de los fans del juego y del vampiro clásico, la serie de Castlevania acabará calando más allá e invertirá las tornas, retomando el arquetipo siniestro y antagonista del vampiro.

Es cierto que hemos tenido algunos presupuestos intermedios como el Cassidy del cómic Predicador o los vampiros ávidos de sangre de John Carpenter o, incluso, algún bicho realmente desagradable y grotesco como los de 30 Días de Noche. Aunque, bueno, son los menos y de la impresión de que la tendencia mayoritaria es la popular y simpática, sobre todo de cara al público adolescente e impresionable. Ya que estas versiones modernas basan su discurso que la sangre sale bien sin necesidad de agua fría y que lo de alimentarse de los vivos es una dieta moralmente nada cuestionable. 

Por mi parte, yo me quedo con Carpe Jugulum, del gran Terry Pratchett, novela en la que el autor de Mundodisco viviseccionó el fenómeno, exponiendo muy brillantemente la figura del vampiro, sus pros y sus contras, acerca de la oposición del estereotipo clásico  y la imagen moderna, socialmente aceptable y actual del no muerto. 

Y dicho esto, me voy a pegar unos tiros a la consola. Con permiso. 

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