Análisis

Análisis de Ridge Racer Unbounded

Por Rafael Aznar
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Ridge Racer, la longeva saga de velocidad, se reinventa con Unbounded, una entrega que adereza las carreras clásicas con una espectacular combinación de destrucción y choques. Agarraos bien, que aquí llega nuestro análisis.

Los volantes y las ruedas estaban ya demasiado desgastados para una saga tan añeja como Ridge Racer. Por eso, la escudería propietaria, sita en Japón, la ha cedido a los ingenieros del estudio finlandés Bugbear (sí, del mismo país que Kimi Raikkonen, el piloto del equipo Lotus de Fórmula 1), que le han dado una vuelta de tuerca, añadiendo a la velocidad de sus carreras un nuevo ingrediente: la destrucción de los entornos y de los propios coches, en la línea de su franquicia FlatOut. El tono sigue siendo muy arcade, pero, con la parada en boxes para ajustar los reglajes de la saga, se ha ganado en espectacularidad. El giro brusco ha sido más que reseñable.

Convirtiendo la ciudad en una escombrera

Ahora, tan importante es conducir y derrapar como “zamparse”, voluntariamente, coches rivales, muros, árboles, columnas y cualquier elemento del mobiliario urbano que ose interponerse entre las ruedas del vehículo y la línea de meta. Para cruzar en el primer puesto ese ansiado lugar, no basta sólo con trazar bien las curvas. De hecho, se hace imprescindible deslizar el coche de lado, aunque se pierdan algunas décimas de segundo, ya que los derrapes recargan el medidor de potencia, que se puede gastar en forma de turbo para ganar velocidad, desguazar a los rivales o encontrar atajos ocultos.

 

 

También la destrucción del entorno contribuye a colmar la barra de turbo. Eso sí, hay que actuar con tiento, porque algunos elementos de los circuitos, como las paredes de ciertos edificios o los quitamiedos de la carretera, son trampas puestas a mala fe para que hagamos el pardillo y nos descoyuntemos contra ellos. En este vídeo, podéis ver un gameplay con las bases de la jugabilidad.

 

En relación con el componente destructivo, uno de los puntos fuertes de Ridge Racer Unbounded son los llamados “objetivos de la ciudad”. Se trata de elementos que sólo se hacen visibles si el indicador de potencia está al máximo. Basta con activar el turbo para hacer explotar un camión, atravesar un edificio, acceder a un puente secreto… Encontrar esos atajos concede un plus de puntuación al completar el evento en cuestión. Así, para ganar experiencia y desbloquear nuevas pruebas, a menudo ganar no resulta suficiente, si el laurel no va acompañado de demoliciones, triquiñuelas y demás pillerías automovilísticas. Precisamente, según se sube de rango, se obtienen nuevos vehículos. Éstos se dividen en cuatro categorías, pero no pertenecen a ningún fabricante real, así que olvidaos de pilotar Ferraris, Lamborghinis y demás coches de postín. Para compensarlo, hay una categoría especial que incluye coches patrulla y camiones.

En la variedad de pilotajes está el gusto

El modo Campaña consta de 64 eventos, divididos entre nueve distritos de la ciudad ficticia de Shatter Bay, con enclaves como el centro financiero, el puerto o una zona industrial. El objetivo es conquistarla. La duración ronda las doce horas y los eventos resultan bastante variados. En primer lugar, tenemos Carreras, que pueden ser de dos tipos: Carrera Shindo, en la que el turbo sólo sirve para ganar un plus de velocidad, y Carrera de Dominación, donde el turbo también sirve para sembrar la destrucción por el asfalto y encontrar atajos. En segundo lugar, están las Contrarrelojes, que tienen un toque de pimienta: no sólo hay que competir contra el tiempo, sino que hay que hacer frente a “loopings”, rampas o calles que se estrechan. Por otra parte, en Ataque de Derrapes, hay que acumular puntos a base de hacer avanzar el coche en posición casi horizontal. Finalmente, en Ataque de Eliminación, el objetivo es chocar contra otros vehículos para mandarlos a la chatarrería.

 

 

También hay competiciones online, que entroncan con la posibilidad de compartir las creaciones del completísimo editor de circuitos que incluye el juego. Las combinaciones para crear pistas propias son infinitas, con numerosos parámetros, como la hora del día o el volumen de tráfico. El primer paso es diseñar el trazado, combinando rectas, curvas, puentes, pasos subterráneos y otras piezas que se desbloquean al ganar experiencia. El segundo y definitivo paso es “aliñar” el circuito con una ensalada de saltos, muros, tuberías, elementos explosivos (como barriles de gasolina y camiones), “loopings” o lo que se nos ocurra. El editor da mucha comba, pero no quita que el número de modos de juego sea escaso.

Una reinvención entre dos aguas

Las carreras de Ridge Racer Unbounded son espectaculares, con algún que otro tiempo bala que salta cuando escacharramos a un rival o rompemos alguna estructura que oculte un atajo. Sin embargo, el aspecto gráfico tira a mediocre: la destrucción del entorno está lograda, pero los modelados de los coches y la estética de los circuitos son bastante flojos. En cuanto al acompañamiento musical, no pasa de regular, con músicas anodinas de fondo y efectos de motor cumplidores.

 

La reinvención de la saga se queda, así pues, a medio camino. El componente de destrucción, ya visto en otras sagas de conducción, como Burnout o Need for Speed, es una buena idea, pero se podría haber aprovechado mejor, con más variedad de entornos y más elementos susceptibles de convertirse en escombros.

Valoración

La conducción arcade de esta saga con tanta solera se reinventa para ofrecer una mezcla de velocidad y destrucción. El resultado es correcto, pero queda la sensación de que la apuesta podría haber sido más profunda y espectacular.

Hobby

76

Bueno

Lo mejor

Los derrapes y la destrucción dan emoción a las carreras. El editor de circuitos es completísimo.

Lo peor

Los modos de juego son muy escasos y los coches no pertenecen a fabricantes reales.

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